Alaska y Coronas. Sí y no.

El pasado miércoles se ¿estrenó? con poquito ruido el ¿nuevo? programa de La2, ‘Alaska y Coronas‘, remake de un programa que se vio la luz en septiembre llamado ‘Torres y Reyes‘. Todo parece muy confuso, pero no lo es tanto. El programa ha cambiado de presentadores, los anteriores, Mara Torres y Joaquín Reyes, no duraron un asalto, y como los nombres de los antiguos formaban el nombre del programa, ha habido un pequeño caos con el naming. C’est pas grave. En su momento no hablé de ‘Torres y Reyes’ porque vi muy poco para tener una opinión formada, así que ahora es buen momento para intentar explicar en qué consiste este formato y si merece la pena dedicar la noche del miércoles a ver un programa de La 2.

‘Torres y Reyes’ nació con la idea de ser un programa para la generación que ha vivido la llegada de la red y ha sufrido la adaptación de la cultura popular tangible (los libros, el cine en 35 milímetros, la televisión analógica, los CDs, el arte plástico)a la extensísima y voluble cultura popular intangible (Internet). Desde el diseño del plató, como de cafetería hipster de ciudad de centro, hasta el grafismo, de animación por y para treintañeros gafapastas, pasando por el tono de post-humor made in Miguel Noguera o Vengamonjas hasta el contenido siempre relacionado con el mundo de la cultura española en la actualidad. Un programa muy bonito sobre el papel, pero que en la práctica necesita(ba) muchos programas de rodaje para que el experimento resulte satisfactorio. El principal escollo de de la versión primigenia del formato es que, con todo el sentido del mundo y con el interés de que al espectador le quedara muy claro qué tipo de programa iba a ver, los encargados de poner cara y voz a todo este embrollo eran el humorista Joaquín Reyes y la periodista Mara Torres. Una mezcla extraña que, aunque prometía ser lo más exótico del programa, terminó siendo más o menos su ruina. La química inexistente entre los dos presentadores y la presencia extremadamente rígida de Mara Torres, provocaba que los saltos entre la información “seria” (Mara Torres) y las intervenciones cómicas delirantes (Joaquín Reyes) lejos de sorprender al espectador, lastraran al programa con un ritmo confuso y pesado que derivaba en estupor y finalmente indiferencia.

El programa se estrenó discretito (y nunca remontó) y pocos meses después Mara Torres anunciaba que se marchaba para centrarse en los informativos y el destino del programa quedaba un poco en el aire. Apenas unos días más tarde se anunciaba con bombo y platillo que el programa continuaba y que el relevo lo tomaban ni más ni menos que Alaska, cantante de la movida y representante mainstream de la cultura underground, y Javier Coronas, humorista y presentador de ‘Ilustres Ignorantes’ en Canal Plus. Una pareja igual de extraña pero que prometía algo más de química que la anterior. Y la verdad es que en eso han acertado.

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Lo mejor de ‘Alaska y Coronas’ es, sin duda, Alaska. Ya era hora de que Alaska volviera a la TV con un programa en el no sea vampirizada por ese círculo de modernos y maricas que parece que en los últimos años han intentado hacerle sombra. Por fin una Alaska más cercana a la cultura (al cine, a la música, a la literatura) y más lejos del pómulo y el animal print. Que sí, que en ‘Alaska y Mario’ está muy divertida, y que aunque la gente de la que se rodea parece no enterarse de mucho, sabemos que ella es plenamente consciente de que todo que hace lo hace por su amor obsesivo por el arte pop . En ‘Alaska y Coronas’, Alaska puede por fin ponerse un poquito más seria y aplicar todos esos vastísimos conocimientos que tiene sobre el mundo de la cultura y el Arte. El problema de este primer programa es que Alaska ha desembarcado en ‘Alaska y Coronas’ con todo su entourage de mariconeo absurdo y, aunque el programa empezó bastante bien, y más o menos iba librándose del ritmo mastodóntico a marcha de locomotora, el mamarrachismo de orgullo madrileño acabó tiñendo al programa de un tono muy extraño, con momento loca máximo en la entrevista a Topacio Fresh con los maromos sin camiseta, en plan revista de los 70. Nada que objetar si fuera un caso extraordinario, pero es que tras esta entrevista Alaska cerró el programa cantando con Asier Etxeandía la, por otro lado, preciosa canción Por qué a mí me cuesta tanto (que Etxeandía ya cantó en el último programa de ‘Alaska y Mario’ de la anterior temporada) junto a tres bailarinas estrambóticas. Mal.

Al margen de esto, que yo creo que es sólo por los nervios de la fiesta de inauguración, el programa ha heredado, como decía algo más arriba, el ritmo bipolar del programa anterior. Sobre todo porque parte del contenido es muy interesante en guión y soporífero en pantalla. Ese debate loco con Forges y, ¿en serio, Javier Mariscal? sobre por qué los españoles somos tan críticos con la cultura española me parece acertado, pero ahí en la mitad del programa y sin previo aviso es como un capítulo de Anna Karenina en la página 100 de Los juegos del hambre. No. Y, la verdad, se nota que Coronas tiene muchas tablas como presentador y que encaja mejor con Alaska de lo que Joaquín Reyes hacía con Mara Torres, pero no es ni la mitad de divertido que el de muchachada. O al menos no encuentra tan bien el tono.

Creo que para hacer una crítica justa de ‘Alaska y Coronas‘ habría que esperar un par de meses para ver cómo van cuadrando todas las piezas que ahora parecen apelotonarse con poco sentido y que, lejos de presentarse ante el espectador como algo novedoso y original, da la sensación de programa-Frankenstein poco pensado y sobre todo poco empático con el espectador. Esperaremos. Aunque sea por Alaska.

***

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3 Respuestas a “Alaska y Coronas. Sí y no.

  1. Toda la razón, lo mejor del programa es Alaska, lo demás se hace pesado e incluso sinsentido (como esas dos petardas de Pepino Marino y la Crawford haciendo el tonto detrás de una mesa de mezclas). Vamos, que yo le daba el programa entero a Alaska y la dejaba hablar, presentar y debatir durante dos horas. Todos saldríamos ganando.

  2. Menudo gañán el Coronas, no entiendo por qué tiene que interrumpir cada dos por tres debates o entrevistas interesantes para colar un gag de vergüenza ajena con su humor facilón de brocha gorda. ¡Que le echen!

  3. Qué queréis que os diga, a mí me parece que esta pareja funciona bastante peor que la anterior. Entre Mara Torres y Joaquín Reyes había algún tipo de conexión, aunque fuera generacional y pese a la rigidez de Mara. Pero Alaska me parece aún más rígida si cabe, me da la sensación que es un poco Terelu Campos en las tertulias y Coronas no le pega ni con cola. De la tira cómica que sustituye a Enjuto Mojamuto mejor ni hablamos. Pero bueno, le daremos un par de semanas más…

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