Cutie and the Boxer: un jarrón propio

Decía Virginia Woolf que una mujer para crear necesita un cuarto propio. En cierta manera Cutie and the Boxer, ópera prima de Zachary Heinzerling, simboliza para su protagonista Noriko esa habitación privada en la que poder desplegar su potencialidad artística.

Resignada durante años a ser simplemente la esposa y asistente del pintor Ushio Shinohara, el documental narra el proceso de independencia artística que Noriko emprende para liberarse de su complejo de inferioridad. Heinzerling opta por filmar la vida cotidiana del matrimonio de una manera poco invasiva. Esa rutina espontánea y el espacio donde tiene lugar (la casa compartida y el caótico taller de Ushio) son los dos pilares que componen el pequeño mundo que comparte esta pareja japonesa en Nueva York.

Con momentos tan sencillos como la preparación de una comida o la visita al taller de un mecenas, las dos personalidades van definiéndose. Chocan y se reconcilian de manera permanente pero sin aspavientos. También su arte les define y es una forma de conocerles: Ushio pinta sus cuadros golpeándolos con guantes de boxeo, llenando el lienzo de impactos de colores, una demostración de su carácter fuerte y directo. Las ilustraciones de Noriko, en cambio, cuentan en voz baja las aventuras de Cutie, un personaje casi autobiográfico y de una apariencia tan frágil como la suya -menuda y con dos trenzas-. Así, frente a los ruidosos golpes de Ushio, nos encontramos los dibujos en blanco y en negro de Noriko. Frente al ego veterano del pintor, las dudas primerizas de la debutante.

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Visualmente, la combinación de imagen real con animaciones inspiradas en las creaciones de Noriko nos acerca de manera irreversible a su mundo interior. Ushio permanece algo desdibujado en esa lejanía que exige su carácter distante. El material de archivo completa ciertas lagunas acerca de su pasado y también nos aclara los obstáculos que han ido frenando la posible carrera de Noriko: el compromiso tan temprano entre ellos dos, los problemas con el alcohol de Ushio, su ausencia en la educación de su hijo…

Sin prisas y con gran sensibilidad, una historia tan particular como esta se va expandiendo hacia reflexiones universales en torno a los sacrificios que algunos llaman amor y las dinámicas de superioridad e inferioridad que pueden darse en una pareja. Se entrevé también el backstage de los museos y su dimensión mercantil aunque acaba prevaleciendo lo imparable del espíritu artístico.

Como bien dice Noriko en uno de los momentos de la película, Ushio y ella son dos flores en un mismo jarrón, luchando por los nutrientes pero creando una bella estampa cuando florecen al mismo tiempo. Cutie and the Boxer es, ante todo, la historia de una flor reclamando su propio jarrón.

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