Joe DiMaggio: la leyenda del jardinero fiel

Mario Becedas | Falso 9

Allí donde los sueños se hacían realidad, el jardinero fiel también abanicaba la gloria de su bate con el ‘5’ en la espalda. Dueño absoluto del diamante, Joseph Paul DiMaggio, Joe, bateó al infinito con potente derecha y rompió todos los conteos del béisbol universal. Desde su debut con los Yankees de Nueva York hasta que colgó la gorra en la misma banqueta, DiMaggio sembró de home runs el cielo norteamericano convirtiéndose en leyenda fuera del cromo.

Había nacido DiMaggio en 1914, año ahora centenario, en las redes de una familia de pescadores sicilianos emigrada a la dorada California. Octavo de nueve hijos, Joe se negó a seguir los pasos paternos y enseguida empuñó el bate que hacía la utopía diaria de los italianos llegados a la tierra de las oportunidades. Antes el clan se había trasladado a North Beach, cerca de San Francisco, donde el joven Joe iba a seguir practicando la náusea ante el olor pescatero de la barba paterna, correspondiendo el progenitor Giuseppe a la acusación de vago e inútil para el hijo.

Pero el penúltimo DiMaggio se salió con la suya y acabó cubriendo con pericia y futuro el outfield de los San Francisco Seals. Era 1932 y sólo dos años después iba a llegar el ojeador neoyorquino con 25.000 dólares para el traspaso de la incipiente promesa.

Ya en la capital del mundo, aplastó Di Maggio todos los registros y se transmutó en el héroe de una sociedad de exasperado consumo. Desde su primer bateo ‘yankee’ el 3 de mayo de 1936, la historia de la escuadra iba a cambiar, porque los cuatro años de vacío en las vitrinas se iban a resarcir con cuatro entorchados consecutivos. Joe ganaría hasta nueve Series Mundiales en las mismas filas y se tornaría por su velocidad en el clipper amado por todos. En 1941, ya con aroma bélico en los puertos, el mejor jardinero diestro pulverizaba la historia del béisbol alcanzando los 56 juegos consecutivos.

Héroe radiofónico de la década —aún no brillaba el televisor— DiMaggio se coló a través de las ondas en todos los hogares. El pueblo norteamericano se rindió a sus pies cuando abrazó la causa y sirvió en la Segunda Guerra Mundial. Su servicio a la patria no le hizo entrar en combate pero sí fomentar el deporte entre las tropas de Hawai. A su regreso, una vez licenciado, en el 45, la vida seguía igual en el diamante. Las lesiones no pudieron derribar al mito y el 47 se saldó con sólo un error del outfielder por excelencia. Gran estudioso del manejo del pitcher, el contoneo del bateador y el avance de la cuenta, DiMaggio se anticipó en cada bola al juego que se iba a desarrollar.

Joe DiMaggio y Marilyn Monroe (Foto: ky_olsen http://www.flickr.com/photos/ky_olsen/5399124212/sizes/o/in/photostream/)

Joe DiMaggio y Marilyn Monroe (Foto: ky_olsen)

Con un balance de 118 carreras por temporada y 361 cuadrangulares en las manos, DiMaggio dijo adiós en 1951 habiendo sido ponchado — retirado por tres ‘strikes’— tan sólo 369 veces en su carrera, una marca estratosférica.

Anhelando el retiro espiritual y tras el fracaso de su primer matrimonio, la estrella misántropa cortejó a una pujante Marilyn Monroe hasta llevarla al altar. La boda del siglo catapultó a DiMaggio a una fama que nunca le sedujo. La tentación de Marilyn vivía demasiado arriba a sus 26 años, y la feroz pareja no duró ni un año, si bien Joe guardó amor para el resto de su vida a la mujer con la que quiso tener seis hijos. Tras el divorcio, el héroe ‘yankee’ se refugió en su propia sombra y, además de costear el funeral, mandó flores los lunes, los miércoles y los viernes durante dos décadas a la tumba de su amada exesposa después del truculento finamiento de ésta en 1962.

Como escribiese la elegante puñeta de Gay Talese, nuevo periodista del siglo, DiMaggio tuvo siempre “cuerpo de joven, pálido y con poco vello; la cara oscura y surcada de arrugas, curtida por el sol de diversas estaciones”. Una semblanza que el plumilla arrancó haciéndose pasar por caddie ante un mito alicaído que se refugiaba con los amigotes en los bares de San Francisco, donde veía de refilón a las mujeres al pasar. Allí, cuenta Talese en El silencio del héroe, “nadie era más paciente [que DiMaggio] con los viejos borrachos que le agarran del brazo y le preguntan: “¿Quién va a ganar el campeonato este año, Joe?”.

Corroído por los cigarrillos que lo acompañaron durante toda su vida y su carrera, el gran Joe DiMaggio fallecía el 8 de marzo de 1999 por cáncer de pulmón a los 84 años de edad. Ahora, justo quince años después de su muerte, quede para el cielo una salva de recuerdo en forma de home run para el jardinero fiel.

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Foto de portada: Joe DiMaggio besa su bate en 1941 (Foto: Wikimedia)

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