Entrevista completa a José María Benito

Reportaje: Sesenta días  

Primera entregaDía 1. Los caminos al CIE   Segunda entregaDía 2. La espera    Tercera entrega: Día 60. Las tres puertas del CIE

José María Benito (SUP) durante la entrevista. (Foto: Miguel Ángel Moreno)

José María Benito (SUP) durante la entrevista. (Foto: Miguel Ángel Moreno)

José María Benito es inspector de policía y portavoz del Sindicato Unificado de Policía.

¿Cuál es la labor que la policía desarrolla en el Centro de Internamiento de Extranjeros?

El control de todo el CIE, desde la seguridad hasta la dirección del centro. El director del CIE es un inspector del Cuerpo Nacional de Policía, cosa que nosotros hemos criticado. No entendemos por qué tiene que hacerse cargo del CIE un policía. Quizá habría otras organizaciones u otras personas más adecuadas o incluso mejor preparadas para llevar a cabo esa labor. Pero en el CIE, todo el control interno y externo de personas, de mercancías y, como digo, la dirección con toda la infraestructura, entradas y salidas de gente y mercancías la hacemos nosotros. Incluso cosas como lavar las sábanas o cambiar las toallas son responsabilidad de la policía.

¿Y más allá de la policía, qué personal trabaja dentro de los centros?

Personal laboral, administrativos y, en algunos sitios, personal sanitario. Este último no es permanente, lo que conlleva algunas dificultades para atender a algunos internos que necesitan asistencia.

¿Cree que los policías que trabajan en los centros estás suficientemente formados para realizar ese trabajo?

No. Pero no creo que sea un problema de formación, porque entonces la solución sería formar a la gente. El problema es que la policía no debería estar en los CIE y hay que partir de esa base. Los CIE son centros de detención de personas que no han cometido ningún delito, sino una sanción administrativa con la que la ley permite tenerlos hasta sesenta días internados. Encargar de eso a la policía, cuando ni es su misión ni está preparada para ello, es un error de bulto.

¿Quién debería entonces de gestionar los centros?

Creo que debería darse paso a las ONG. Los internos son personas que no han cometido ningún delito, por lo que debería ser una labor de asistentes sociales, ONG, personal de ayuda humanitaria y abogados que les ayuden a gestionar su situación de posible expulsión. Y, por encima de todos ellos, no debería estar un policía, sino un funcionario del estado cualificado para la tarea.

Pero en los centros también hay gente a la que se le ha conmutado una pena en España a cambio de la expulsión, con lo que también es lógico que tenga que haber personal encargado de la seguridad.

En primer lugar no es exacto que se les conmuten las penas, sino que lo que permite la ley es que no sean juzgados, con lo que no están condenados. Y la ley establece que tienen que haber cometido delitos poco importantes, por los que se enfrenten a una pena máxima con un determinado límite. No estamos hablando de delincuentes peligrosos, sino de alguien que ha cometido un robo, que ha participado en una pelea u otras infracciones menores.

En cualquier caso, por ejemplo, en la cárcel sí hay delincuentes peligrosos y no hay policía, sino funcionarios de prisiones, de lo que se deduce que hay personal más cualificado que la policía para realizar este tipo de trabajo.

Una de las críticas más repetidas en torno a los CIE es que no están sujetos a ningún reglamento específico sobre cómo deben funcionar. ¿En base a qué criterios se dirige un centro que no está sujeto a ninguna directriz?

En base al sentido común y a la buena voluntad de la gente que está ahí trabajando. No hay otra solución. Sí que es verdad que ya está en proyecto, prácticamente preparado, un reglamento de los CIE. Eso sí, aún no sabemos en qué consiste ni lo que va a regular.

¿Da lugar esta falta de reglamento a cierta arbitrariedad en las decisiones?

Pienso que sí. Si no están reguladas ni la estancia de los internos en el centro ni las funciones del personal que está trabajando ahí, lógicamente habrá problemas de todo tipo. Y de hecho los hay.

Muchos de los policías destinados en los CIE son agentes jóvenes que acaban de sacarse la oposición. Eso hace pensar que no es un destino no muy apetecible. ¿Por qué razón?

Efectivamente, no es un destino apetecible y por eso suelen ser los policías e inspectores recién salidos de la oposición los que acaban allí. Nadie quiere estar en los CIE por varias razones. Primero, porque entienden que no es una función policial, como hemos comentado desde el principio. Los policías e inspectores han estado preparándose durante años para realizar trabajos de protección de la seguridad ciudadana, de investigación, etc. Pero no para estar en un CIE que es lo más parecido, salvando las distancias, a un centro de detención o una cárcel. Por eso, cuando llega gente nueva, la Dirección General de Policía les destina allí para relevar a los agentes que se encuentran en los CIE prácticamente obligados. Y la dinámica se repite año a año cada vez que sale una nueva promoción.

¿Existe entonces frustración por parte de los que están trabajando ahí porque consideran que el trabajo que están realizando no es el que deberían?

No quieren estar en los centros de internamiento. No hay nadie que quiera.

¿Hay alguna limitación en el tiempo que pueden estar trabajando en un CIE?

No. Lo que pasa es que, como están obligados, lo normal es que se vayan al año de empezar, cuando entre la nueva promoción.

¿Y cuáles son sus condiciones de trabajo en el CIE?

Desde luego no son las más adecuadas. Estamos hablando de un lugar donde los policías tienen que realizar todo, desde atender a un interno que necesita cualquier tipo de ayuda, controlar las visitas de ese centro,  hasta hacer los recuentos de los internos. En resumen, lo más parecido a un centro penitenciario. Con el agravante de que tienen que hacer además de asistentes sociales, casi de médicos, ayudando a la gente indispuesta o trasladarles a los hospitales si la gravedad lo requiere. Es  cierto que por las mañanas puede haber un médico o un ATS, pero cuando se quedan solos con los internos, los policías hacen prácticamente de todo.

Ha comentado ya un par de veces las similitudes de los CIE con las prisiones, pese a que la Ley de Extranjería recoge que los centros no tienen que tener un carácter penitenciario. ¿Qué diferencias y que similitudes existen con una prisión convencional?

Yo no encuentro muchas diferencias. Es verdad que no es un centro penitenciario, pero si alguien lo conoce por dentro es lo más parecido a uno. Son personas privadas de libertad, así que hay poco más que decir. ¿Pueden recibir visitas? Sí, pero exactamente igual que en un centro penitenciario. ¿Pueden procurarse mejoras a sus expensas? Lo mismo que en la cárcel. La única diferencia significativa que encuentro es el máximo de sesenta días que un interno puede estar dentro (40, más 20 prorrogables). El resto de diferencias tienen que ver con los internos de cada centro: unos están condenados y los otros no; unos son delincuentes y los otros han cometido una infracción administrativa. Pero en el día a día de los centros, es prácticamente lo mismo.

¿Cuál es el perfil de los internos?

El perfil es muy variado. Obviamente son todos extranjeros que están irregularmente en España. La mayoría son bastante jóvenes y habitualmente son gente que no está integrada en nuestro país. Gente marginal, que no ha encontrado trabajo y que al final son los más débiles de esta cadena. Han venido buscando una vida mejor y se han visto sorprendidos por una ley que desde luego deja mucho que desear.

¿Y hay diferencias entre los módulos de hombres y mujeres?

Las condiciones son prácticamente las mismas. Están separados como en cualquier otro centro similar.

¿Y el trabajo de la policía en uno y otro módulo?

También es parecido. Quitando algunos aspectos en el apartado sanitario y asistencial en los que las mujeres necesitan otro tipo de atención, el resto es prácticamente igual.

¿Cómo valora el SUP que con el nuevo reglamento se pueda externalizar la seguridad de los centros?

Eso entra dentro de la Ley de Seguridad Privada que está ahora mismo siendo defendida por el ministro de Interior en el parlamento. También contemplaría que vigilantes privados pudieran encargarse de la seguridad de las prisiones, no sólo de los CIE.  Sin embargo, sólo solucionaría parte de nuestro problema, porque la seguridad es sólo una parte de lo que hace la policía en los centros.

El problema seguiría existiendo entonces.

Sí. Nosotros seguimos siendo los directores del CIE, con lo que ahora, en lugar de desarrollar la labor de seguridad nosotros mismos, tendríamos que controlar a los vigilantes de seguridad. Pero el problema de fondo es que los CIE son un error. Es cierto que tiene que existir algo, pero creo que el gobierno no se ha planteado su utilidad. Porque, además de ser inútiles, son muy caros, así que aunque solo fuera desde el punto de vista económico, habría que plantearse su existencia.

Porque, además, por lo que he podido documentarme, solo un 48 % de los inmigrantes que pasan por los CIE son finalmente expulsados.

Hay otro dato aún más preocupante. Sólo el 6% de los extranjeros detenidos son finalmente expulsados. Porque cuando la policía detiene a una persona por estancia irregular en nuestro país no siempre ingresa en un CIE. Los centros tienen una capacidad limitada y las detenciones superan con mucho su capacidad. Así que, en vez de ingresarlos, se les deja en libertad. Se abre el expediente de expulsión, se le deja en libertad y, cuando a los cuarenta días vas a comunicarle la resolución de ese expediente, obviamente no le encuentras. Como tampoco tienen un arraigo profundo en el sitio en el que están, se cambian rápidamente de domicilio o de ciudad y es muy difícil encontrarlos.

En el caso de los que sí ingresan en los CIE, efectivamente alrededor de la mitad son expulsados. ¿Por qué? Porque muchos saben que con hacer una pequeña bronca en el avión, no hace falta que sea grave, ya no les dejan montar. Y como ya han cumplido la estancia máxima en el CIE, se quedan en libertad. Así que, en resumen, con un 6% de detenidos finalmente expulsados y un 48 % de los que ingresan en los CIE, estamos hablando de centros carísimos  y sobre todo inútiles en su función, que es controlar la inmigración ilegal.

¿Hay alguna figura ajena al Cuerpo Nacional de Policía que fiscalice el trabajo de los agentes e inspectores dentro de los centros?

Salvo el Ministerio del Interior, que puede hacer controles e inspecciones cuando lo considere conveniente, no hay nadie ajeno. Quizá las ONG, los asistentes sociales o los ayuntamientos de las ciudades donde están situados los centros deberían preocuparse un poco más y hacer esa labor. No sólo de control, sino también ayudar y aportar personal y realizar un trabajo diferente al que hace la policía en esos centros. Pero, por ahora, no es así.

En repetidas ocasiones, se han denunciado malos tratos físicos, vejaciones e incluso violaciones de los Derechos Humanos dentro de los CIE, como ocurrió en Valencia con el centro de Zapadores o en Madrid con el caso de Adnam el Hadj, que denunció el relator de la ONU para este tipo de asuntos. ¿Son ciertas esas acusaciones?

Hay algunas que son ciertas y otras que no. Es una situación compleja. Existen muchas denuncias y se han abierto procesos judiciales que han resuelto que no había ninguna responsabilidad. Como norma general, y ahí están los datos, a la gente no se le tortura ni se le maltrata en los CIE, sino que se les trata bastante bien. Hay casos aislados, pero cuando ha pasado ha sido por una suma de circunstancias: la falta de preparación de los agentes,  en algunos casos el comportamiento inadecuado en algunos centros, incluso agresiones.  Si se produce un enfrentamiento entre un policía y un interno, este tipo de casos puede tener lugar y de hecho han tenido lugar.

¿Y cómo lo valora el SUP?

Desde luego de forma negativa. No podemos permitir que un interno tenga que ser atendido o tenga que denunciar que ha sido maltratado por un agente. Esto, insisto, se puede evitar con transparencia, dejando entrar y participar a las ONG y a los asistentes sociales, que son los que tienen que estar en los CIE.

¿Cuenta la policía con el apoyo de intérpretes o traductores para facilitar la comunicación con los internos que no conocen el idioma?

Tenemos intérpretes que, sin duda, nos ayudan mucho en nuestra labor. Si no tuviéramos intérpretes, los centros serían una torre de Babel donde nadie se entendería y los problemas que tenemos se verían muy agravados.

¿Ha habido agentes que hayan sido expedientados por su trabajo?

Sí. No te puedo concretar porque no conozco toda la casuística, pero puedo confirmar que ha habido expedientes y que ha habido sanciones. Si un policía hace lo que no debe hacer, hay que expedientarle. Luego hay casos en los que se determina que ha habido responsabilidad y otros en los que no, como en cualquier proceso similar.

¿Responden estos actos a la actuación individual de los agentes o pueden deberse a alguna orden que pueda llevar a ellos?

Responden individualmente al agente que los comete. Nadie obliga ni ordena ese tipo de comportamientos. En todo caso, sería al revés, pues en nuestro código ético y en nuestro ordenamiento se dice que el trato debe ser exquisito.

Ya ha dicho que la existencia de los CIE no tiene sentido,  ¿cuál podría ser la alternativa?

No lo sé, pero desde luego nosotros abogamos por la desaparición. Lo que sí debe haber, y lo hemos visto recientemente en un caso diferente como el de Lampedusa, es una política europea común respecto a la inmigración. No es lógico que la Unión Europea regule hasta las aves que vuelan por el cielo y nos digan los plátanos que tenemos que producir y, sin embargo, no haya una política común respecto a un tema tan importante como los flujos migratorios. Mientras no la tengamos, lo que estaremos haciendo es poner parches al problema.

Por otro lado, aunque no se hiciera nada más, desde un punto de vista estrictamente económico, deberían desaparecer. Pero también desde un punto de vista operativo, porque no se soluciona nada, como ya hemos constatado hace un rato con las cifras. Se está expulsando a muy poca gente en comparación con la que, con la ley en la mano, se debería expulsar, lo que daría para otro debate.

Ya que ha hablado de la Unión Europea, ¿conoce si hay centros parecidos a los CIE u otro tipo de medidas similares en los países de nuestro alrededor?

Como ya he dicho, cada país actúa independientemente y, además, cada uno tiene un tipo diferente de problema. Sé que los compañeros italianos, como todos los países mediterráneos, comparten el mismo problema, por su cercanía con el norte de África. Si vas más al norte de Europa, el problema, si lo hay, es diferente. Los mediterráneos sí que tienen centros similares a los CIE, y en muchos casos con condiciones más duras, no tanto por el centro en sí como por su legislación, mucho menos permisiva que las nuestra. El caso de Italia o el de Francia, donde hemos visto recientemente como el ministro de Interior abogaba por echar a los rumanos del país, son ejemplos de lo que digo.

Pasando a un tema adyacente a los CIE, ustedes han denunciado las redadas a inmigrantes en la época de Alfredo Pérez Rubalcaba en el Ministerio del Interior. ¿Siguen produciéndose?

Se han reducido drásticamente, hasta el punto que yo me atrevería a decir que no existen. Pero si habláis con una ONG os van a decir lo contrario, como nos lo han dicho a nosotros. Pero hay que tener claro que no es lo mismo una redada policial, que por ejemplo la policía se ponga en la puerta del metro de Lavapiés para intentar detener extranjeros que están en España de forma irregular, que la detención de extranjeros que son delincuentes. Hemos tenido problemas con vecinos que nos increpaban por estar deteniendo a una persona porque era de color negro, pero lo que ellos no sabían es que esa persona era traficante de droga.

Por eso, el ciudadano tiene que diferenciar lo que es una redada, que la Delegación del Gobierno las ha prohibido en Madrid y los responsables de la policía han dicho que no se vuelvan a hacer, del trabajo policial.

¿Por qué se posicionó el SUP de una forma tan tajante contra este tipo de prácticas?

Es que de nuevo no se trata de una labor policial. Esto se hacía por una razón puramente estadística. Cada seis meses, el ministro del Interior, tanto el de entonces como el de ahora, comparece en el parlamento y explica los detenidos y la situación de la delincuencia en nuestro país. Y el problema es que en cada comparecencia quería presentar más detenidos que en la anterior. Y los inmigrantes irregulares, aunque no hayan cometido ningún delito, cuentan como detenidos para la estadística. Y ponernos en la boca del metro a identificar inmigrantes cuando dos calles más arriba pueden estar atracando o entrando en el piso de alguien, no es la mejor manera de desarrollar nuestra labor. Y más aún si tenemos en cuenta los números de expulsiones que hemos comentado antes.

¿Cómo funcionaban estas redadas? ¿Había un sistema de cupos?

Efectivamente comenzó con los cupos. Se nos daban instrucciones, algún comisario incluso cometió la imprudencia de hacerlo por escrito, para detener a personas de determinado país. Decían, por ejemplo, interesa la detención de argelinos, porque ellos calculaban que con el tiempo que podían pasar los detenidos en el CIE se podía preparar un vuelo a Argelia. Y, como en ese momento solo tenían a tres argelinos en el CIE, actuaban de esa manera para ver si llenaban el vuelo. Tan simple y tan retorcido como eso.

Cuando nosotros lo denunciamos, cambiaron las normas y empezamos a identificar tanto a extranjeros como españoles para que no pareciera un tema de racismo o xenofobia. Así se identificaba a todo el mundo y se intentaba justificar que ya no había cupos.

Todo esto, indudablemente, ha creado a la policía cierta mala imagen sobre todo en los barrios, con los vecinos. ¿Cómo se ha lidiado con esto?

Es complicado, porque la policía está haciendo su trabajo, lo que le obligan a hacer. Que ojo, no es ilegal, pero no parece el trabajo más adecuado para la policía. Y entonces enfrentarte con los vecinos, con las asociaciones, que te tachen de racista, evidentemente no es la mejor situación y a la mayoría de policías no les ha sentado nada bien.

Entrevista realizada el 15 de octubre de 2013 en Madrid.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s