Ocho apellidos vascos: Bienvenidos a Euskadi

Habemus exitazo del cine español y, campañas de publicidad aparte, lo entiendo. Si Bienvenidos al norte (2008) fue un petardazo en Francia, aquí no hay nada que envidiar a los galos en cuanto a shocks culturales y diferencias entre nuestras regiones. Que lo celebremos y nos riamos de ello es terapéutico e indicativo de una madurez social mayor que la de una clase política empeñada en enfrentarnos por los mismos motivos.

Todo esto es la teoría, pero lo que tenemos delante es una película concreta y toca meterse en ella. La primera decisión que se toma es elegir el representante español a través del que veremos Euskadi, y lo encuentran en la otra punta, asegurando el mayor choque posible. Un sevillano chovinista y orgulloso de cumplir con todos los tópicos asociados a la ciudad (cofradía, carnet del Betis y sí, Sevilla tiene un color especial como tono del móvil) será nuestros ojos para adentrarnos en el País Vasco, asegurando la comedia a través de la acumulación infinita de prejuicios del protagonista.

Gracias a ese pacto, en el que el espectador se sabe más culto que el personaje de Dani Rovira (nosotros nunca haríamos/diríamos esas cosas), la película alcanza sus mejores momentos en la primera mitad, cuando el protagonista llega a esa tierra desconocida y temida. Entonces entran en juego los malentendidos y los guionistas se encuentran cómodos para hacer comedia con el carácter del norte y sus costumbres, como la voracidad en la mesa, la poca calidez en el trato personal, esos particulares deportes que al resto nos parecen tan alucinantes y, sobre todo, con asuntos políticos que yo no recuerdo haber visto tratados con tanta tranquilidad en una pantalla más allá del programa de televisión Vaya SemanitaEl humor sobre la lucha independentista (impecable el momento de la manifestación) o incluso sobre ETA, nos enseña destellos de una película atrevida y sin complejos que además funciona como un tiro.

Lo conseguido hasta ese momento, cuando trama y humor se entrelazaban no a la perfección pero sí con naturalidad, se ve interrumpido cuando el guion se tiende una trampa a sí mismo. La historia de amor, y de forma secundaria la familiar, se apoderan del resto y esclaviza a la segunda parte de la película. A partir de ese momento, el humor solo tendrá cabida cuando sirva a los propósitos de la historia y no volverá a desmadrarse nunca más. Los códigos de la comedia romántica más típica nos dirigen por la carretera de villacliché hacia un final anunciado (literalmente) mientras que nosotros vamos perdiendo poco a poco el interés en lo que pasa. Ni siquiera una secuencia que pide a gritos despiporre como es la de la boda, satisface nuestros deseos y pasa de largo sin pena ni gloria.

De ahí que al final, pese a las puntuales pero considerables victorias, el total nos deje el sabor de oportunidad perdida. Con todos los ingredientes sobre la mesa y unos actores a la altura (todos), la mezcla se queda corta de sal y nos vamos de la sala con la sensación de que podría haber sido mucho más. Aun así, si disfrutas de la comedia española y no te importa que en ocasiones se caiga en tópicos de brocha gorda, pasarás un buen rato.

Lo que dije de Ocho apellidos vascos

Es bastante probable que sea una cosa muy mala, llena de tópicos sobre andaluces y vascos y que vaya a salir echando espuma por la boca.

La cosa no es para tanto. Hasta el más exigente y elitista se sorprenderá sonriendo en algún momento. No estoy diciendo que no sea tópica y que no caiga en el gañanismo, pero no hasta los límites que podían entrar en mis esquemas.

Pero el señor Borja Cobeaga está detrás del guion y eso me hace confiar (aunque sea mucho confiar), que no será así. Además los actores me caen todos muy bien y mi amor por Clara Lago es conocido universalmente, así que no tengo que dar más razones.

El guion, como dije arriba, es lo mejor y lo peor de la película. Todo lo que promete en su primera mitad se cae en la segunda por el deseo de cerrar la historia y abrir demasiados frentes sentimentales que tienen que ser cerrados.

Con el buen momento que vive la comedia española, sería muy importante que un romance con nuestras diferencias regionales como telón de fondo saliera bien. Además del humor, que tendrá que funcionar sin parecer sacado del peor programa de chistes de Antena 3.

Si sale mejor o peor como película es aquí secundario. El exitazo de público garantiza que nos sigamos atreviendo con propuestas como esta, con suerte más radicales.

Gran parte de la responsabilidad recae sobre la incógnita de Dani Rovira, pues sabemos que Clara Lago se desenvuelve en este tipo de historias y  los mayores, Carmen Machi y Karra Elejalde, son dos bichos sobre los que no tenemos ninguna duda. Tengo mucho miedo, porque quiero que me guste y no tengo serias dudas de que vaya a ser así.

Los actores están muy bien todos. Sorprende la solvencia del novato Dani Rovira, que no desentona ni cuando tiene que echarse la película a la espalda. Mención especial para Karra Elejalde, que sabe aprovecharse del personaje más goloso de la cinta y protagoniza muchos de sus mejores momentos.

¿Qué gafas me llevo?

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Entonces: ¿voy a verla?

Una opción recomendable para desconectar y pasar un rato agradable. De todas formas, lo mejor que puedes hacer es mirar el tráiler, que esta vez sí que es un buen juez. Si te hace gracia, tira para la sala; si te da dentera, huye lo más lejos que puedas.

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