El pionero de Montcada

Mario Becedas | Falso 9

El polvo de la carretera suele cubrir con injusto olvido las grandes vidas que se dieron cita en el épico estribo del pedal. Cuando el ciclismo era una aventura inexpugnable y la gravilla un precedente del asfalto, muchos hombres cambiaron manualmente la goma de su destino. Fue el caso de Miguel Poblet, primer gigantón español del sprint y primer corazón del pelotón, que esta semana (18 de marzo) hubiese celebrado 86 años y del que en unos días se cumplirá el primer aniversario de su fallecimiento.

El ‘Bebé de Montcada’, que allí nació, recibió tal sobrenombre por la obsesión de su padre. Un progenitor rodeado de cadenas y tubulares que le hizo escalar hasta el paroxismo de las rampas. Su hijo había de ser el mejor grimpeur, y para ello hasta le falseó la fecha de nacimiento y poder así competir con los mayores.

Pero la gran musculatura de Poblet lo bajó de la montaña para ponerlo en el llano. Se convirtió así en un monstruo de las Clásicas, territorio perdido para el ciclismo español. El catalán atrapó el sortilegio de la Milán-San Remo y asfaltó el camino para que Óscar Freire siguiera cuatro décadas después el reflejo de su famosa calva sobre la cabra.

Poblet no tuvo problema en adaptarse a la cadencia de los 50 y eligió el Ignis italiano para su batallaje en la carretera. Tuvo el honor de ser el primer españolito en vestirse de amarillo tras ganar la etapa inicial del Tour de 1955. Honor que remataría, ya de otro color, haciéndose con la última cuando todo acababa en un velódromo de París.

Poblet atacando en el Tourmalet, en el Tour de 1955 (Foto: Archivo de Miguel Poblet en la web de Pedro Delgado http://www.pedrodelgado.com/perico/marcha/2006/fotos_Poblet/album_fotos_Poblet_10.html)

Poblet atacando en el Tourmalet, en el Tour de 1955 (Foto: Archivo de Miguel Poblet en la web de Pedro Delgado)

Esto provocó que enseguida se olvidase de las generales y acometiese la cinegética carnívora de la etapa, elección que le consagró en su querido Giro y que le situó en el podio de honor de los únicos tres corredores hasta la fecha en hacerse con alguna etapa de las tres grandes en el mismo año. Honor que él inauguró en 1956 y que sólo alcanzaron —no es casualidad— los italianos Adriano Baffi en 1958 y Alessandro Petacchi en 2003, como recordaba no hace mucho el párrafo de Juan Mora.

Para la memoria de los aficionados de leyenda permanecerá la París-Roubaix en la que el morro de su rueda quedó a centímetros de besar el triunfo de la meta. Un precedente que José Antonio Flecha nunca ha olvidado en sus cabalgadas por el infierno adoquinado de Europa. Poblet sembraba en el pavés una escuela de la que iba a ser precursor en España y que se hizo casi medio siglo de rogar.

La inmensa pedalada de Federico Martín Bahamontes en las curvas del Hexágono sombreó las sufridas riñonadas de muchos, entre ellas las del hombre que, como cuenta el sabio de dientes y piñones Carlos Arribas, se vino de Italia cargado de neveras porque los jornaleros de la bici empezaban a recaudar una vez bajados del sillín. Desde entonces Poblet se dedicó a aconsejar a los nuevos príncipes de la goma, la mayor victoria del pionero de Montcada.

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Foto de portada: Miguel Poblet esprinta para el tercer puesto de la Paris-Roubiaix de 960 (Foto: Archivo de fotos de Miguel Poblet en web Pedro Delgado)

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