Entrevista completa a Enrique Flores

Retratos – Enrique Flores: “Lo importante no es que un dibujo esté bien o mal, sino el valor de la constancia”

(Mientras preparamos el set de vídeo de la entrevista, Enrique saca su cuaderno de notas y comienza a dibujar. Despliega unos rotuladores, pincel y después saca una caja de acuarelas)

¿Pintas con rotuladores que cargas tú?

A veces, sí, pero a veces utilizo una caja de acuarelas normal.

Vamos, con lo que tienes a tu alcance…

Sí, o con lápiz, rotulador… Intentando no tener que dejar de dibujar porque no tenga material.

Que no te limite, digamos

Sí, y si tengo un boli bic, pues un boli bic.

¿Para ti, dibujar al paso es algo que haces desde siempre o que en algún momento te decides a hacer?

Lo hago desde siempre. Siempre he tenido facilidad para el dibujo, para el dibujo rápido. Me sale solo, no necesito pensarlo mucho. Es más, cuando tengo que dibujar en casa y pensarme mucho las cosas y tal, no es que me cuesta, es tu trabajo y lo haces. Pero motiva menos, porque esto es un reto extra, hay que dibujar en unas condiciones que son difíciles. De pie, o en sitios donde no puedes dar una buena aguada. Tú sabes que cuando vas a dar una aguada en acuarela el papel tiene que estar inclinado para que la gota vaya cayendo y todo eso… Cuando no tienes esas facilidades todo es más difícil, todo es un reto. Pero bueno… A mí me gusta.

Y es algo que hacías en viajes, en cualquier sitio…

Sí, es algo que hacía siempre. En realidad, yo llevo un diario, en el que voy escribiendo y dibujando. Y en los viajes también.

¿Y no haces bocetos, no? ¿O en algunos casos sí?

No, utilizo lápiz pero como línea definitiva, no utilizo un lápiz para luego pasar tinta. Sí lo hago eso cuando estoy trabajando en casa en otro tipo de proyectos más pausados. Pero así dibujos en la calle… Me parecería una pérdida de tiempo. Y al final me parece más interesante que salga un dibujo a que quede bien. Es mejor un dibujo mal hecho, y hecho, que uno que por no tener tiempo al final no haces.

Te quería preguntar específicamente por los dibujos del 15-M. Tú te encuentras el 15-M como nos pasa a todos, de casualidad. Bajas a Sol y te encuentras todo. Explícame un poco cómo es ese proceso.

La misma noche del 15, yo voy a la mani, y después seguí con mi vida. Había quedado, con unos amigos, me fui, y al volver a Sol, que entonces vivía allí, me encontré con la acampada. Y otro amigo que estaba por ahí, y ya nos quedamos ahí hablando, me recogí tarde esa noche. Y a partir de ahí ya fue la sucesión de días y el mes loco de la acampada de Sol. Yo en aquél momento llevaba un cuaderno como siempre, y también hice dibujos de lo que estaba pasando en Sol. Me hubiera parecido una tontería no hacerlo.

Tú ya dibujabas antes, en los viajes y mantenías el diario, pero esa sensación de ser testigo de algo como ocurrió con tus dibujos del 15-M, ¿la tenías antes de ir a Sol?

No, de siempre. Es verdad que con los dibujos de la acampada de Sol era una actualidad política muy presente. Pero cuando hago dibujos –tú sabes que voy a dibujar los partidos del Estudiantes-, cuando voy a dibujar los partidos del Estudiantes también estoy dibujando el presente. No es un presente político, pero bueno, es algo que está pasando. O conciertos, o este tipo de cosas.

En mi diario yo me organizo por días, y voy dibujando con quién estoy… Por ejemplo, hoy estoy con vosotros, pues os hago un dibujo. Esta tarde quedo con otros amigos, también. Claro, intento que no sea una obligación. Si me apetece hago un dibujo, si no, no. Para esto no hay jefes.

Para ti no se ha convertido una presión esto, sigue siendo afición.

Sí. Sigo siendo ilustrador profesional, pero claro… Los músicos tocan la guitarra para ellos mismos también. No todo es dar conciertos y grabar discos. Esto es un poco lo mismo. Yo recomiendo mucho a la gente que no deje de dibujar, aunque no sea por encargo. Al final esto te mantiene la mano caliente, el ojo despierto. Es importante estar pensando siempre en dibujo.

¿Hay algún momento en el que piensas que te gustaría hacer esto siempre, en lugar de hacer encargos para El País o para editoriales?

No, es que los encargos que hago para otros clientes son buenísimos también. Yo no cambiaría esto por aquello. Son complementarios. Esto no me gusta más que aquello, esto me divierte, me lo paso muy bien, estoy a gusto. Pero hacer un dibujo para un cuento infantil también es un regalo.

(En este momento, Enrique, que ha estado utilizando el vaso de agua de la cafetería para mojar el pincel con el que utiliza la acuarela, se lleva el vaso a la boca. Le paro y pregunto si quiere otro vaso. Me dice: “No, da igual, si solo he mojado un poquito. Estoy ya vacunado contra beber acuarela”)

Volviendo al 15-M, en ese momento que tiene una gran cantidad de asambleas, comisiones, grupos… ¿Cómo decides dibujar esto o lo otro? Porque estaban pasando muchas cosas a la vez, e incluso la gente más metida no sabía decir todo lo que estaba pasando en el 15-M.

Cierto. Bueno, yo dibujaba un poco lo que me iba saliendo al paso. No buscaba qué dibujar. Nunca voy a los sitios pensando que voy a dibujarlos. Si me ocurre algo y me apetece dibujarlo, lo dibujo, simplemente. Es un instinto, llámalo así.

Hubo un momento en la acampada de Sol que había siete asambleas diferentes en siete plazas. Yo estaba en una, no decía “voy a hacer un dibujo rápido en esta que luego me tengo que ir a la otra”. Entonces hubiera sido un trabajo. Entiendo que si viene un periodista francés a cubrir lo que está pasando aquí se tiene que comportar así. Pero a mí me interesaba más la asamblea, lo que se estaba diciendo allí, que hacer dibujos de ella. Yo me quedo oyendo en la asamblea.

¿Cuáles eran tus impresiones en el 15-M, fuera de los dibujos? ¿Qué te atraía para quedarte allí?

Un aprendizaje. Había un montón de gente diciendo cosas muy interesantes, que no había escuchado en las reuniones políticas habituales hasta entonces. Hablando de muchas cosas con mucho sentido común. Yo no ví mucha demagogia. Es verdad que se perdía mucho tiempo, que la gente cogía el micrófono y no lo soltaba, que mucha gente decía muchas cosas que no eran muy interesantes. Pero bueno, eso era parte del aprendizaje y era parte de estar en una plaza pública. Ahí podía hablar cualquiera. Ésa era parte de la gracia, pero para mí era un sitio de aprendizaje bestial. Un mes intensivo.

Había mucha gente que se sorprendía de que surgiera todo eso y se ponía, sobre todo por parte de los medios, a buscar motivaciones, quién organiza, a qué motivos obedece. ¿Qué pensabas tú de ello?

Yo jamás me hice esa pregunta. Esa pregunta de “¿esto quién lo paga?” para mí era irrelevante. A día de hoy creo que no lo pagó nadie. Hay mucha teoría conspiranoica sobre esto, quién estaba detrás del 15M. Hace tiempo salió (Beatriz) Talegón diciendo que fue una estrategia para quitarle votos al PSOE. Yo eso no lo ví por ningún sitio.

Y yo no iba ahí a trabajar, iba a ver que se cocía, a aprender, a intentar entender qué estaba pasando allí. Por lo cual, todo esto…

Personalmente, recuerdo que cuando fui tenía la sensación de ser testigo de algo importante, pero no saber qué era, aunque siendo consciente de que era algo que en el futuro se iba a contar.

Bueno, hubo muchos momentos en la acampada. Hablar de la acampada como bloque creo que es un error. Nos viene bien porque tendemos a simplificar, pero dentro de la acampada hubo altibajos. Hubo un momento muy emocionante, muy al principio, cuando cada noche que pasaba había más gente en Sol. Y crecía de manera exponencial: hubo un momento que yo me dije “Bueno, las tiendas de campaña y los sacos van a llegar hasta la Plaza Mayor, o hasta Ópera. ¿Era posible?” Fue un momento mágico.

Pasados esos días, la cosa remitió, se estabilizó, se mantuvo la ilusión durante unos días y luego comenzó a degradarse. Hubo muchos días en los que la gente pensaba “bueno, esto hay que desmontarlo cuanto antes”

Y además que del debate pasó a ser “nos vamos o nos quedamos”

Cuando desmontamos. Sí, eso fue un poco caótico y pérdida de tiempo. Desde mi punto de vista duró demasiado la acampada. Pero a lo mejor me equivoco, como me equivoco tantas veces. O a lo mejor debería haber durado siete meses, o seguir hasta ahora.

Yo creo que hubo mucho interés en que aquello se desmontase. Si te acuerdas, el Ayuntamiento dio orden de que no se recogiera la basura. El servicio de limpieza tenía que ocuparse de recoger toda la basura que generaba la acampada y llevarla a plazas cercanas donde los camiones de la basura sí pasaban. Claro, todo eso contribuyó a que la imagen de la acampada fuese peor, el Ayuntamiento intentó que transmitiese inseguridad, insalubridad, etcétera. Fue un enemigo más con el que hubo que luchar, y con el que no contábamos al principio. Nadie sabía cómo iba a terminar aquello o qué tipo de problemas iba a haber. Hubo que improvisar mucho, tomar decisiones sobre la marcha, y no había una cabeza visible, no había quien tomara decisiones. En lugar de eso había asambleas de ocho horas, todo aquello fue un aprendizaje.

La misma forma de discutir, aunque fuera un rollo, marcó una forma de actuar, ¿no?

Había que hacerlo. Es que si no tenemos cultura política, no sabemos asamblearnos y poner en común cosas. Y a eso hay que aprender.

¿Qué es lo que piensas que es lo más interesante que ha quedado de aquello?

Bueno, parece que una cultura política. Yo, aunque soy muy pesimista, creo que el fútbol y los toros han perdido terreno en los últimos años y ahora se habla de política en los bares que es una cosa que antes del 15-M no existía. Entonces, es verdad que mucha gente está muy preocupada por llegar a fin de mes y por su puesto de trabajo pero no se habla de política exclusivamente por eso.

Si piensas, lo que pedía la acampada era una mejor democracia, no volver al ladrillazo ni que se acabe el paro. Hablar de política sin ceñirse a la agenda de la crisis es lo que se aprendió entonces, y se sigue practicando ahora a diario. Creo que ése es el principal logro.

Por ejemplo, antes del 15-M existía V de Vivienda y no llegó a tener ese éxito teniendo gente muy parecida, mucha de la cual apareció en el 15-M, pero no tuvo esa transversalidad.

Era una reivindicación muy puntual, igual que era muy puntual el no a la Ley Sinde. Se pedía una cosa. El 15-M, ¿qué pedía? ¿Qué se pedía en la acampada, mejor democracia?

Y de lo que ha quedado, ¿piensas que hay una forma un poco distinta de encarar las cosas, de llegar a acuerdos, incluso de interesarse por cosas distintas?

Tanto yo creo que no, pero lo que sí queda es la conciencia de que se pueden hacer cosas, de que se pueden lograr cosas. Y que para eso hay que movilizarse, hay que pensar las cosas, hay que reunirse, hay que hablar, llegar a puntos de acuerdo, y consensos, etcétera. La sensación de que se pueden hacer cosas, eso es importante. Esto otro que dices tú, no lo veo.

Sobre tus dibujos, en algún momento se convirtieron en memoria gráfica del 15-M, ¿en qué momento pasa?

Pues pasa solo. Hay un momento en el que yo tengo diez dibujos, y esos diez dibujos no son nada. Pero cuanto tengo 300 dibujos, ya esos 300 dibujos, sin entrar a valorar su valor artístico o estéticos, ya 300 dibujos son algo, es un cuerpo de información importante. Entonces, si eso pasó con 100 ó 300 dibujos, ahora tengo –no los he contado nunca- unos 2.000 seguro. Tendré 30 ó 40 libretas. Entonces se convierten en un documento. Un documento un poco raro, porque es la visión subjetiva, parcial, de una persona que tampoco estuvo allí, estuvo en algunas cosas. Yo me perdí muchísimas. Simplemente he ido haciendo dibujos, tomando notas de lo que he visto.

Tiene una parte buena, esto de mis cuadernos, es que es material sin editar. De aquí, cualquier periodista sacaría, elaboraría estas notas, contrastaría información. Yo no lo hago, me dicen que ha habido ocho detenidos, a lo mejor han sido doce o han sido cuatro, pero a mí me han dicho ocho. Esas notas en bruto creo que son importantes, pero hay que tomarlas como lo que son, notas en bruto. Tienen el valor del momento. Yo después no voy a casa y con estas notas hago un artículo, que es lo que haría un periodista. Entonces, es un cuerpo de información sobre algo que ha pasado, sin editar. Que quien quiera puede venir luego a editarlo. Todos están gratuitos y libres de descarga en el blog. Tienes que ir uno por uno, pero si entras a la etiqueta ‘15M’ y ahí están todos. Si los vas bajando, leyendo y tal, te puedes hacer una idea de lo que pasó. Y si alguien necesita en el futuro escribir algo sobre qué pasó en las asmbleas, qué pasó en el 25s y tal, se podrá apoyar en vídeos, en fotos y podrá apoyarse también en los dibujos.

Es una cosa muy común, esto de decir “que queden cosas del 15M”. Ahí está el proyecto 15Mcc, hay mucha gente preocupada por que haya un legado de eso.

Es que tenemos que contarnos, es muy importante que nosotros contemos lo que está pasando. Porque si lo cuentan ‘los malos’ lo van a contar mal, entonces lo tenemos que contar nosotros. Yo no me fío de ninguna narración de lo que está pasando en Madrid, en las calles, políticamente ahora, que no venga contada de dentro, de dentro del movimiento. No me vale que vaya un periodista, fotógrafo de fuera a contarme qué está pasando delante de mis ojos. Me fío como fuente de referencia de la gente que tengo cerca: de los streamers que tengo cerca, de los fotógrafos…

Y los medios se han quedado muy fuera de todo esto.

Para mí no son referencia. Yo no puedo ponerme el telediario para enterarme de lo que ha pasado en un “Rodea al Congreso”. Porque sé que lo que me van a decir no es lo que está pasando. O en Gamonal. A quién acudo para enterarme de lo que pasa en Gamonal: a la gente que está allí.

¿Dirías que, de alguna forma, se ha creado una cultura de ‘hacerlo tú mismo’ en todos los casos? Infórmate tú mismo, hazlo tú mismo, incluso en aspectos como la agricultura. ¿Se ha creado esta cultura porque se ha llegado a la asunción de que, de alguna forma, no me puedo fiar? ¿Y hasta qué punto es bueno o malo esto?

No sé si es bueno o malo, pero está pasando. No hay vuelta atrás. Afortunadamente Internet nos permite tener blogs personales, y yo cuando veo que hay un helicóptero sobre la plaza de Lavapiés, me quiero enterar y quiero saber qué es lo que está pasando, mi abuelo ponía la radio, pero yo entro en Twitter. Encuentro a gente de la que sé que me puedo fiar, y en seguida me entero de lo que está pasando y de por qué hay un helicóptero. Y eso me lo cuenta gente a la que pongo cara, de la que me fío. Eso no sé si es bueno o malo, pero es lo que hay. Buscamos información creíble, a través de unos medios que son completamente distintos de los que usábamos hace 30 años.

Y te informas más por confianza que por autoridad.

La autoridad te la da la confianza. No hace falta a lo mejor conocer a la gente personalmente. Pero si tú mañana te abres una cuenta en Twitter y quieres saber qué está pasando en Barcelona, te enteras, sigues la lista de alguien de confianza que te dice “sigue a éste, a éste y a éste” y ya está. Y con lo que te dicen estas cinco personas comienzas a entender lo que está pasando. Ahora, quien no se quiere enterar de lo que sucede es porque no quiere. Es verdad que hablamos de Internet como si fuese una cosa universal, pero después la tasa de penetración en España baja mucho. Pero bueno, eso es generacional, y va cambiando: dentro de 30 años la gente verá menos el telediario y verá más lo que ocurre por Internet. Y ahí hay un hueco: los que vamos a contar lo que pasa en Internet vamos a ser nosotros, con nuestras propias televisiones, nuestras propias radios, y nuestros propios medios escritos.

Lo que pasa es que, de momento, es algo que depende de la voluntad y de la posibilidad de poder libremente informar. Que en el fondo es algo que depende de que uno tenga el tiempo y la capacidad…

Bueno, porque es un trabajo no pagado. Tú lo llamas informar. Contar, diría yo. A mí un relato en primera persona de cómo vivió alguien una manifestación me vale, si entiendo que me lo está contando honestamente. Esto es información, pero también es un documental. No es información contrastada, no es periodismo del estilo clásico. Es un periodismo sin contrastar, parcial, desde uno de los lados de la trinchera, pero sin filtros, libre. O no lo llames periodismo, llámalo narración. Yo de esas narraciones me fío, y van ganando terreno. Hay gente que ahora mismo es referente, que si te quieres enterar de lo que está pasando en un sitio tienes que ir a ver qué te cuentan estas personas.

Cambiando de tema, ¿piensas que hay cosas a nivel estético que haya traído el 15-M, el tema de las mareas, los colores, etc.?

No sabría que decirte. Por un lado hay un movimiento ciudadano sin cabeza, un poco irresponsable, muy libre y muy improvisador, y después está la apropiación que mucha gente se quiere hacer de eso. Hay mucha cosa en las mareas que está muy dirigida desde arriba, o las marchas de la dignidad que van a llegar a Madrid pasado mañana (22 de marzo), pues ahí vienen sindicatos metidos. Yo no sé si los colores por mareas es una cosa que sale de la gente o es algo que se piensa en un despacho. No te sé decir qué es lo que ha irradiado el 15-M –considerando el 15-M como masa horizontal indiferenciada de gente- y qué no.

Te lo preguntaba por si conocías más gente, dibujantes, ilustradores, artistas, que hubiera reaccionado al 15-M de esa forma. Yo recuerdo la famosa viñeta de El Roto, que de alguna forma conquistó a mucha gente.

¿A cuál te refieres?

A ésta de “Los jóvenes hablaron, los políticos desaparecieron”, por ejemplo.

El Roto es un referente y siempre acierta. Otros ilustradores que hayan intentado documentar lo que está pasando, sí pero de manera un poco anecdótica. Muy puntual, sin seguimiento. Yo creo que lo importante de mi trabajo no es que un dibujo esté bien o mal, que eso es lo de menos, sino que son muchos y de muchas cosas diferentes, y muy continuados. El valor es la cantidad, la constancia.

Y no son viñetas elaboradas como las de El Roto. El Roto se sienta, piensa de qué va a hablar y lo condensa en una viñeta. Lo mío son instantáneas dibujadas de lo que tengo delante de mis ojos. Yo no pienso “voy a dibujar esto”, lo que tengo delante de mis narices es lo que dibujo.

Y has dibujado tanto comisiones, asambleas, manifestaciones, desahucios… Has tocado todos los aspectos que te interesaban.

Sí, pero sin proponérmelo. Lo que me he ido encontrando. Yo no digo “me falta un juicio”, por ejemplo. Nunca he dibujado un juicio. Si en algún momento voy a uno, lo dibujaré, si me apetece. He estado en muchas acciones que no he dibujado. Intento que no sea una carga ni una obligación para mí. Yo no soy una máquina y grabo todo lo que ocurre.

No haces streaming, por así decirlo.

E incluso la gente que hace streaming no lo graba todo. Hay acciones que no las graban.

¿Y cómo reacciona la gente, cuando te ve dibujando?

Pues lo normal es que muy bien. No hay miradas agresivas, no noto ningún rechazo. Yo creo que a la gente le gusta, recuerda que de niño ha dibujado, es una cosa que despierta un poco de ternura, entienden que esto no va a ningún sitio, no puede ser una prueba en un juicio, por ejemplo, a diferencia de un vídeo o una foto. Entonces, pues eres un poco anecdótico. Eres un personaje un poco raro, un poco friki. Todo el mundo entiende que haya fotógrafos en una mani, pero un tío dibujando, qué hace aquí.

La gente se sorprende.

Sí, te miran así como extrañados. Es un poco raro. Pero es una sensación de extrañeza que no se corresponde con agresividad. Veo que la gente mira, pero se sonríe. No eres dañino, no eres un potencial enemigo. Puedes trabajar tranquilamente. No veo ningún problema en trabajar en la calle para dibujar.

También pasa que cuando estás en un momento difícil en una mani, tipo carga o así, el fotógrafo va a la primera fila, donde está el turrón. Pero yo ahí no pinto nada, porque dibujo rápido, pero no tan rápido. Entonces yo estoy siempre un poco más atrás, que es donde puedo dibujar sin que me den muchísimos empujones. Entonces, tampoco estás estorbando, no sé…

También identificas a la gente, para explicar quién dijo cada cosa.

A veces, cada vez lo hago menos. Antes lo hacía porque yo tengo muy mala memoria y era la manera de recordar los nombres de las personas. Gente que estaba en mi propia asamblea, para recordar lo que pasaba lo apuntaba en el dibujo, simplemente. Cuando ya conozco a una persona, no le pongo el nombre.

El objetivo de mis cuadernos es acordarme de qué he vivido. Lo de poner nombres era para recordar el nombre

¿Hay gente que se ha reconocido, qué te dicen en esos casos?

Sí, “mira el otro día me dibujaste”. Les hace gracia. A veces hay gente que se da cuenta cuando estoy haciendo el dibujo, otra gente no. Es un poco anecdótico también. Imagino que a los fotógrafos también les dicen “Mira, el otro día me sacaste en una foto”.

Cuando uno empieza en el colegio, le enseñan a dibujar, uno toma el dibujo como una forma de expresarse y en algún momento se deja de dibujar, o no se toma como una expresión seria. ¿Es una cuestión de gustos o que no se valora lo artístico en la educación y en la formación?

Es un poco educación. Vivimos tristemente en un mundo en el que lo inútil no se valora. La poesía no se valora, la música no se valora, el dibujo no se valora. Entonces, hay que hacer cosas útiles, que te den dinero. No se incentiva que los chavales jueguen… El dibujo es una cosa con la que naces, a los chavales no se les enseña a dibujar. Un niño de tres años con una cera dibuja. Al revés de la música, la música es un lenguaje que hay que aprender, como a escribir o a leer. En el dibujo no. Entonces, hay un momento en el que se corrige eso. Hay unos ejercicios clásicos en la escuela de “colorea sin salirte de la línea”. La mano es un instrumento de precisión complejísimo, con un montón de músculos, y hay que educarlos. Se enseña eso para que puedas escribir bien, te están enseñando a escribir, que en el fondo también es dibujar, porque las letras es dibujo. Entonces, te van castrando el manchurrón, la expresividad, y todo te lleva a hacer este movimiento, cortito, en vez de hacer movimientos más largos. Todo eso es como, bueno, en qué consiste la educación, en fabricar monstruitos. A través de podar la capacidad expresiva que tienen los niños y que expresan a través del dibujo, se les va podando la cabeza. Pero no sé si lo contrario sea mejor. Yo sé que así se fabrican robotitos y El Corte Inglés funciona. De la otra manera, a lo mejor molaría más y viviríamos en una sociedad anarquista y perfecta.

Yo lo pensaba también porque hay una etapa de la vida de cualquiera en la que tus padres lo primero que hacen es mandarte a dibujar, por lo que sea.

Porque estás callado. Es que dibujar es una buena ocupación, porque estás callado, a tu bola. Mientras tienes la mano ocupada dibujando no haces cosas malas.

Y de golpe, ya no dibujas nada o solo dibujas para hacer lo que mande la educación reglada.

Una pena porque, ya te digo, los niños saben dibujar. Y se desaprende. Pero vamos, todo esto te lo digo del dibujo que es de lo que estamos hablando ahora. Pero bailar, silbar, cantar… A todo eso te dicen que no le dediques tiempo, eso es perder el tiempo y se engloba como ocio. Todo eso es ocio.

La educación musical es algo que está en esa misma situación, aparcada.

La poesía. Qué inútil es la poesía, que no vende libros.

Antes hemos hablado de El Roto. ¿Qué dibujantes e ilustradores te gustan, tienes como referentes?

Muchos muy clásicos, gente mayor que yo a la que tengo respeto. Por ejemplo Alfredo, Juan Ballesta, Ronald Searle, Tomi Ungerer. Son gente que me emocionan mucho cuando veo su trabajo.

Cuando realizas ilustraciones para “La Cuarta Página” de El País, ¿cómo es el proceso? ¿Recibes el artículo y buscas una ilustración?

Sí, me dan el texto y yo lo ilustro. A veces con mucho tiempo para poder ilustrarlo, y otras veces con un tiempo muy corto. Es un trabajo precioso, estoy muy contento de poder hacerlo. Me mantiene despierto y tengo que estar todo el rato buscando imágenes nuevas.

A veces no es tan fácil. Por ejemplo, la reforma tributaria. Dibujo un cerdito, un cerdito hucha, o una tabla de resultados, un euro… Yo intento no caer en esos lugares comunes y buscar otra cosa. Ayer hice una ilustración sobre la reforma tributaria con un exprimidor, que me pareció un hallazgo para hablar de impuestos. Cuando encuentras eso, para mí es una alegría.

Requiere bastante creatividad, supongo.

Muchísima, porque de otra forma lo haría un robot. O vas a un banco de imágenes y ya está. Yo que sé: la separación de las dos Alemanias. Y un mapa con las dos mitades y una barrera con un paso a nivel en medio. Ufff. O las conversaciones de paz palestino-israelíes, dos brazos dándose la mano cada uno con una bandera. Para eso no hay que pensar mucho, eso se nos ocurre cualquiera. Así es el pop un poco, estas canciones de “voy a la playa con la toalla”. Introducir palabras en un ordenador, le das al botón y sale la canción hecha.

Con la ilustración de prensa es lo mismo, si quieres ser un poco original, si quieres hacer algo de calidad, tienes que comerte el coco un poco. Cuesta más, pero cuando lo consigues es muy gratificante.

¿Cómo está la ilustración de prensa en España?

Muy bien, hay un nivel altísimo… Mucho mejor que en muchos países. De hecho, España es puntera en este aspecto.

Es curioso, porque en el mundo del cómic parece que no están muy apoyados, por ejemplo.

Bueno, en España se hace un cómic de buen nivel, pero hay un problema, que es que no se puede vivir de él. Tú sabes que para ser excelente en un trabajo necesitas dedicarle el 110 por ciento de tu tiempo. Si no te lo pagan, tienes que trabajar de camarero y hacer cómics en tus ratos libres, nunca vas a llegar a ser excelso. Porque te va a faltar tiempo para dibujar cada vez mejor. Es muy difícil ser amateur. En España como no se venden cómics, no se venden libros, no se vende nada… Es muy difícil dedicarse a eso y poder ganar, qué te diría, 1.000 euros al mes. Es imposible.

También ilustras libros infantiles, ¿cómo te organizas para que una cosa no mezcle con la otra, los asuntos 15-M con el trabajo, etcétera?

No se mezclan. Realmente no entiendo “Asuntos 15-M”, por ejemplo. Yo tengo un diario en el que dibujo todo, si el otro día me voy de paseo por una ciudad dibujo un edificio, si voy por el campo dibujo el campo, si voy a un bar con unos amigos, los dibujo. Etcétera. Esto son mis diarios, que es un sitio donde experimento técnicas, apunto cosas…

Donde expresas lo que te está pasando

Sí, todo muy cotidiano. Pero luego termino el dibujo, voy a casa, y me pongo a ilustrar un libro que estoy haciendo, no necesito ni cambiar de tecla. Ahora tengo un libro de Julio Verne, voy y lo hago. No le veo problema. Es como si  eres un músico de estudio, hoy te toca acompañar a Shakira, y otro día tienes un grupo de jazz con unos amigos.

Ilustras libros, ¿de qué tipo?

Infantiles y juveniles, sobre todo. Pero también tengo cosas de adultos, libros de viajes… Para mí la muerte sería hacer siempre lo mismo. Para mí y para cualquiera. SI el músico del que te hablo, necesita ese grupo de jazz pero también acompañar a Camilo Sexto. O vosotros como periodistas, imagínate si haces prensa deportiva siempre, pero tú también a veces quieres hacer algo sobre los CIES, te lo pide tu propia integridad profesional, o la inquietud que te ha llevado a elegir ese oficio. La gente se mete a periodista y no se mete a registrador de la propiedad porque quiere entender el mundo y explicarlo. Si te dedicas siempre a hacer crónicas de partidos de Segunda División, pues mal vamos. Imagino que eso crea frustración en los periodistas.

Sí, por eso estamos como estamos y hacemos lo que estamos haciendo, como Mayhem.

Sí, pues yo como ilustrador igual. Si siempre estuviese coloreando dibujos animados, tendrái que salir y dibujarme otra cosa, tendría que ponerme retos.

Hablábamos antes de periodistas deportivos, también vas a partidos del Estudiantes y los dibujas.

Sí, y es un trabajo precioso. Porque sabes que el baloncesto es muy explosivo, no te da tiempo a hacer un dibujo de una escena porque ya ha pasado y estamos en otra. Entonces tienes que estar muy despierto, muy concentrado. Está muy bien, llevo haciéndolo cuatro temporadas.

Porque además allí hacer un dibujo de un mate o de una acción concreta es imposible.

Tienes que trabajar con la retentiva. Si lo que quieres es dibujar eso, yo no hago dibujos de mates. Hay otro tipo de situaciones durante el partido que las voy buscando y sí. Los fotógrafos que tengo conmigo fotografían el partido: yo muchas veces hago dibujos de la gente. Bueno, intento tener una visión muy periférica, no qudarme con la foto de lo que está pasando, sino ver qué ocurre alrededor.

Los fotógrafos tienen esa presión de atrapar el instante. Si no lo has cogido, error.

Es que los fotógrafos venden esa foto del mate, los periódicos quieren la foto del mate, o del codazo, o de la patada del penalti.

Te lo decía por lo contrario, tú no tienes esa presión, entiendo.

Exacto. Por eso puedo mirar a los lados, perder el tiempo. Dibujar es una cosa que yo hago rápido pero es un trabajo muy lento. Está bien saber que vas a tardar un tiempo en hacer un dibujo. Te permite pensar mientras lo haces. Ojo, que esto no es para desacreditar a los fotógrafos, que son compañeros que yo respeto y admiro, son trabajos complementarios. Ellos hacen una cosa, y yo hago otra.

El dibujo tiene ese aspecto de la calma en una sociedad en la que parece que todo hay que hacerlo rápido.

Yo te decía antes que un niño sabe dibujar, pero también hay que aprender a dibujar músculos, y todo eso requiere un aprendizaje, que es muy lento. Tan lento como aprender a tocar el piano. Luz, perspectiva, etcétera. Cuando un chaval dice que quiere ser dibujante, si quieres ser realista tienes por delante un trabajo ímprobo. Como el que quiere ser pianista. Y eso yo creo que es un valor, saber que las cosas van poco a poco, lentamente, y saber que vas a ir aprendiendo. Y a la hora de ejecutar tu oficio, tu trabajo, también lleva un tiempo. Es muy ‘antiPlayStation’, muy como la diferencia entre ir en AVE o ir a pie. Y luego hay otra cosa, que a mí me gusta, que es que requiere muy baja tecnología. Que con un folio y un lápiz, ya está. No necesitas una cámara de 4.000 euros, ni un enchufe, ni nada. Y que de ahí, tanto te sirve como pasar el tiempo como sacar un trabajo que después vendes. Picasso con un papel y un lápiz hace una obra de arte, y eso se puede hacer.

Entrevista realizada en Madrid, el 18 de marzo de 2014

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