Menor riesgo y mayor autonomía, las bazas del unionismo escocés

A menos de seis meses de que los escoceses decidan su futuro en las urnas todo el mundo parece tener clara una sola cosa: abandonar el Reino Unido después de 300 años de historia compartida implica un grado de incertidumbre considerable. Qué pasará con la libra, la Unión Europea, las pensiones, las políticas migratorias o el petróleo en caso de que gane el “sí” el próximo 18 de septiembre siguen siendo preguntas a las que nadie ofrece una respuesta irrefutable.

Por el momento casi todo son hipótesis y supuestos que habría que empezar a negociar a posteriori. Por eso, frente a la promesa de una futura Escocia “más democrática, próspera e igualitaria” (pero incierta) de los independentistas, se presenta la seguridad de los unionistas, sazonada en los últimos meses con jugosas propuestas de mayor autonomía.

“Necesitamos reconocer los numerosos aspectos positivos de esta unión que muchas veces no valoramos. Todos indudablemente nos beneficiamos de ser parte de algo mucho mayor, de compartir no sólo recursos, sino una misma visión del mundo y al mismo tiempo de tener un parlamento en el que podemos tomar nuestras propias decisiones”, aseguraba Liam McArthur, diputado del Partido Liberal Demócrata y firme defensor de la unión británica, durante una entrevista a M* al finalizar una ponencia en Edimburgo sobre las implicaciones de la independencia.

Mientras el nacionalismo apela a la valentía de renunciar a la unión para alcanzar la codiciada soberanía y gestión absoluta sobre los recursos, los unionistas consideran que la mejor opción para Escocia es no arriesgarse y permanecer siendo una nación “fuerte y orgullosa” que se beneficia al mismo tiempo de la “seguridad y las oportunidades” de formar parte de una asociación política y económica mucho mayor.  Sobre esa idea se sustenta la campaña Better Togetter (Mejor Juntos), integrada por representantes del Partido Laborista, del Partido Conservador y del Partido Liberal Demócrata.

Aunque unidas por una causa común, cada una de estas tres formaciones tiene su propio plan para una Escocia post referéndum. Los laboristas, la principal alternativa política al Partido Nacionalista Escocés por el momento, han sido los últimos en dar a conocer su propuesta la pasada semana a través de un informe en el que se suman como era de esperar a aquellas voces que abogan por una mayor autonomía para Escocia dentro del Reino Unido.

En el documento, cuyo sumario puede ser consultado aquí (en PDF), una propuesta destaca por encima de todas las demás, el Parlamento escocés tendría autoridad para aumentar los impuestos a quienes más ganan, es decir quienes obtienen más de 41 mil libras al año. El plan también incluye la devolución de algunas competencias como las referentes a los subsidios a la vivienda, asistencia a personas mayores de 65 años, el programa de pago a entidades públicas y privadas para fomentar el empleo y mayor control sobre la red de ferrocarriles. De acuerdo con el informe, el paquete de medidas permitiría a Edimburgo recaudar alrededor de un 40 por ciento de su presupuesto en base a recursos propios.

El Partido Liberal Demócrata, por su parte, ya presentó un informe en octubre de 2012 que se tituló Federalismo: el mejor futuro para Escocia’. En el estudio propusieron una devolución completa de las competencias sobre el impuesto de la renta, junto con la asignación de una parte de los ingresos por el impuesto de sociedades. En un segundo informe en marzo de este año, el partido defendió que el Parlamento escocés cubriera más de la mitad de su gasto a través de sus propias recaudaciones fiscales.

Más poderes para el parlamento escocés si gana el “no”

Esta propuesta de transferir mayores competencias en materia fiscal al parlamento escocés es sin duda una de las opciones con mayor apoyo entre el electorado. “Las encuestas durante los últimos años han mostrado que existe un amplio apoyo a una creciente autonomía, por eso es necesario promover esta opción, como ya se ha venido haciendo”, indica McArthur, cuyo partido ha sido uno de los principales promotores de esta posición intermedia.

El diputado escocés confía en que tras la victoria del “no” en el referéndum el debate podrá evolucionar hacia “cómo empoderar las comunidades locales y cómo ofrecer más poderes” y explica que estas propuestas de mayor soberanía llegan en plena fase de descentralización del poder en Reino Unido, algo que sin embargo parece “no ser suficiente”, en referencia a una reforma que aumentará el porcentaje de recaudación directa de Escocia del 7 por ciento al 14 por ciento cuya entrada en vigor está prevista para 2016.

El Partido Conservador es por el momento el único que no ha presentado una propuesta en firme. El primer ministro británico David Cameron mencionó recientemente la posibilidad de descentralizar competencias. Sin embargo, levantó cierto revuelo entre las filas independentistas al pronunciar un –para algunos desconcertante- “puede” en su discurso.

“Así que aquí está el resumen: votar sí, esto es la separación total. Votar no, esto puede significar mayor devolución (de poderes), más poder para el pueblo de Escocia y su Parlamento, pero con la póliza de seguros que supone ser parte de nuestro Reino Unido.”, dijo el primer ministro británico.

Resultados de encuestas sobre la intención de voto en el referéndum desde febrero de 2013 (Fuente: What Scotland Thinks)

Resultados de encuestas sobre la intención de voto en el referéndum desde febrero de 2013 (Fuente: What Scotland Thinks)

Además de caras conocidas como el entrenador y exfutbolista Alex Ferguson o el cantante David Bowie, la campaña unionista cuenta con el apoyo de voces poderosas dentro del mundo de los negocios. Los primeros en pronunciarse fueron Lloyd Banking Group y Barclays, quienes en sus últimos informes anuales coincidieron en señalar que la independencia de Escocia sería un riesgo potencial para sus negocios. El presidente del Royal Bank Scotland, Philip Hampton, fue más lejos y anunció que el banco podría trasladar su sede a Londres si finalmente Escocia se independiza.

Por su parte, el director ejecutivo de BP, Bob Dudley aseguró a principios de febrero que las aspiraciones independentistas no han hecho más que crear una “gran incertidumbre” en el sector y que su compañía tendrá que hacer frente a altos costes por las dudas sobre el futuro de la moneda. El último en sumarse a la lista de quienes se oponen a la separación ha sido el consejero delegado de la multinacional petrolera Shell, Ben Van Beurden, quien dijo el pasado 6 de marzo en Londres que el referéndum es una “gran riesgo” para la industria y se mostró a favor de “la continuidad y la estabilidad” del Reino Unido.

En cualquier caso las encuestas parecen mantenerse estables. Según los últimos datos del mes de marzo de la organización apartidista What Scotland thinks (Lo que piensa Escocia), un 45 por ciento del electorado apoya el “no” en la votación, un 40 por ciento el “si” y un 15 por ciento se considera indeciso. La campaña oficial, que arranca el próximo 30 de mayo, elevará previsiblemente el tono de partidarios y detractores, revelará más apoyos en uno y otro bando y, sobre todo, permitirá a ambas organizaciones dirigirse a los indecisos, quienes más que nunca tienen en sus manos el resultado de la elección.

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Asela Viar redactó este artículo desde Edimburgo.

Foto de portada: Plaza de Grassmarket en Edimburgo (Foto: John Deckard)

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