Noé: La aburrida odisea de un hippie trastornado

Pegar el salto a hacer un blockbuster no tiene que ser fácil. Tú quieres hacer un relato bíblico, meter tus movidas de director para que la película no parezca hecha por cualquiera, y a la vez tienes que ser épico, gastarte muchísimo dinero y poner a gigantes de piedra de El señor de los anillos para que te ayuden con la construcción del arca. No me quiero poner en el lugar de Aronofski cuando intentaba componer en su cabeza el punto de encuentro entre la película que querría haber hecho y la que otros querían que hiciera, pero si algo demuestra el resultado es que las proporciones bíblicas, de haberlas, se pueden encontrar sobre todo en la paja mental de los implicados en el artefacto.

No se le puede reprochar al director haberse pasado el relato bíblico por el arco del triunfo, pues la historia del arca de Noé se resuelve en la biblia con un par de páginas sin demasiada tensión– sobre todo si tenemos en cuenta que hablamos del exterminio de la humanidad- así que es del todo comprensible que hayan querido darle una nota de color al asunto. El problema es, precisamente, que todas esas ideas para alegrarnos la película hayan tenido cabida a la vez. ¿Y si como Dios está muy calladito dejamos a Noé que interprete él mismo su mensaje y no tenga muy claro lo que tiene que hacer? ¿Y si metemos un par de conflictos dentro de la familia? ¿Y si los humanos se enteran de que hay arca e intentan acceder a ella en masa como señoras a las rebajas de El Corte Inglés? ¿Y si Noé and family eran vegetarianos y el resto de los hombres comen carne y eso los convierte en seres despreciables? ¿Y si metemos por ahí a Matusalén como una especie de oráculo al que recurrir cuando no sabemos qué hacer? Durante la lluvia de ideas el entusiasmo era tan grande que nadie se acordó de que había que seleccionar las mejores, y luego pasa lo que pasa.

El principal problema de Noé, aunque tiene otros muchos, es que nunca llegas a adaptarte a la película a la que te estás enfrentando. Pasamos fases de conflicto perroflauta, película de misterio, drama familiar, dilema moral, ciencia ficción o cine bélico para acabar en una mascletá de partos, espías y palomas en la que todo pasa al mismo tiempo y en el que al pobre de Noé se le acumula en una siesta todo el trabajo que no ha tenido en meses de navegar a la deriva. Por suerte, los acontecimientos pasan consecutivamente, sin solaparse, para que el bueno de Russell Crowe pueda ir de una estancia del arca a otra sin que ningún acontecimiento se escape a sus ojos. Una resolución que por fin sobrepasa la línea de lo ridículo que habíamos transitado como equilibristas todo el tiempo y que nos lleva a un insípido y redentor epílogo que nadie demandaba.

Pero tampoco dramaticemos, no todo es malo en Noé. Algunos tramos y algunos de los conflictos que aparecen están muy logrados, y Russell Crowe, además de haberse atiborrado a magdalenas antes del rodaje, lleva al límite a su personaje mientras pierde la cabeza sin que en ningún momento su actuación nos lleve a la vergüenza ajena. El resto del elenco, todos muy limpios y aseados en contraste con los sucios humanos, tampoco desentonan, y el bueno de Aronofsky compone un puñado de imágenes potentes sin volverse especialmente loco en ningún momento. En resumen, que si sois muy fans de Aronofsky, de Noé o de las películas con mucha lluvia y no entráis con las expectativas por las nubes quizá hasta disfrutéis de esta divina masacre.

Lo que dije de Noé

Qué mejor que empezar el mes de Semana Santa con un relato bíblico. Russell Crowe se pone el traje de Charlton Heston para contarnos el diluvio universal según Aronofsky. Todavía no he decidido si me apetece mucho verla o no, pero como parece que se han gastado una pasta y los actores son suficientemente molones (Jennifer Connelly, Emma Watson, Anthony Hopkins…) creo que merece la pena darle una oportunidad.

 Si no se la dais tampoco va a pasar nada.

Espero que Aronofsky no se ponga demasiado esotérico y se limite dentro de lo posible a contarnos el cuento del Génesis. Aunque reconozco que mis esperanzas son banas, porque aunque los señores de Paramount le habrán parado los pies, al querido Darren le gusta más la mística que comer con las manos y nos tendremos que tragar por lo menos un par de ratos de Crowe teniendo alucinaciones y ese tipo de cosas.

Si nos salimos de los gigantes de piedra, que son una cosa muy ridícula, y de que los animales en 3D están hechos un poco de aquella manera (sobre todo si se juntan muchos), se puede decir que Aronofsky se ha moderado. Ahora, las alucinaciones las tenéis, y son una especie de tráiler a una secuencia alucinógena sobre el Génesis mezclado con la teoría de la evolución que todavía tengo que decidir si es lo mejor o lo peor de la película.

En resumen, que teniendo en cuenta lo bien que dirige este señor, cuanto menos se parezca la cosa a La fuente de la vida y más a un blockbuster de toda la vida pero hecho por un director muy bueno, más contento saldré.

Al final hasta eché de menos más bizarradas, porque ya que la historia no me estaba enganchando nada de nada, si al menos me hubiera puesto imágenes para que se me fuera la olla, por lo menos habría salido apasionado o alzando una antorcha. La pena es que la película no da para levantar pasiones y lo que hizo fundamentalmente fue aburrirme.

¿Qué gafas me llevo?

 noe-gráfico-prejuicioso

Entonces: ¿voy a verla?

Es sin duda la mejor película sobre el diluvio Universal de 2014, pero lo malo es que no creo que encabece ninguna otra lista. Prescindible salvo para los que levitan al escuchar el nombre de Aronofsky.

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