El coste olvidado de los ‘asaltos’ a la valla

Resulta interesante descubrir qué rápido nos acostumbramos a utilizar el lenguaje para atribuir características nuevas a las cosas. De un tiempo a esta parte, la acción que efectúa una persona para saltar la valla que limita la frontera española con Marruecos en los enclaves de Ceuta y Melilla ha dejado de ser ‘saltar’, ‘atravesar’ o ‘cruzar’ para convertirse en ‘asaltar’. Un simple fonema inicial de más para cambiar mucho el significado de las cosas y el diagnóstico de la situación.

Asaltar (Diccionario de la Lengua Española, RAE)
1. tr. Acometer impetuosamente una plaza o fortaleza para entrar en ella escalando las defensas.
2. tr. Acometer repentinamente y por sorpresa. La asaltaron los periodistas. Asaltaron dos veces el banco.
3. tr. Acometer, sobrevenir, ocurrir de pronto algo, como una enfermedad, la muerte, un pensamiento, etc.

Por obra y gracia de la lingüística, en los últimos meses hemos dejado de comparar a los migrantes con personas que saltan una valla –como las hemos saltado todos de niños para recuperar el balón que se colaba fuera del territorio escolar en el recreo-, para remitirnos a un término que tiene mucho de bélico (“acometer una fortaleza”), además de sorpresivo y sobrevenido. Y lo hemos hecho sin dudar, si pararnos a pensar qué es lo que estábamos haciendo con ello. Un traslado de lugar: el inmigrante deja de ser una persona para convertirse en un asaltante, alguien que entra en un lugar como el soldado que entra en una fortaleza enemiga “escalando las defensas”.

La concepción de la “Europa Fortaleza”, un término que manejan muchas organizaciones que trabajan con la migración, como SOS Racismo en España o la red europea Migreurop, se refiere a esa concepción del espacio europeo como un territorio en el que los Derechos Humanos están garantizados… Siempre que uno se encuentre dentro de sus fronteras. Fuera, en el trato con las personas que quieren acceder a la Unión, las condiciones son otras.

La España Fortaleza

Este concepto medievalizante de las fronteras propias también se aplica cada vez más a España, en la que estamos viendo a través de sus medios de comunicación cómo se ofrece una imagen cada vez más cercana al miedo a una supuesta invasión en lugar de tratar de comprender los orígenes del problema y plantear análisis de más largo plazo. Y para muestra, un botón de El País:

Portada de El País del 17 de febrero de 2014

Portada de El País del 17 de febrero de 2014

30.000 subsaharianos preparan ‘el salto’ a Europa. Por esta vez no son asaltantes, al menos. Pero la fuerza del número transmite un mensaje de unidad y coordinación, como si de una fuerza militar se tratara. En lugar de preguntarse sobre los motivos que llevan a 30.000 personas –dando por buena la cifra, que ya es mucho suponer- a querer jugarse la vida cruzando una frontera, las presentamos como un grupo organizado que pretende llegar a Europa a partir de los enclaves españoles en territorio africano. Y mencionándolos con una cifra tan redonda, los asimilamos a una unidad de acción.

Portada de La Razón del 5 de marzo de 2014

Portada de La Razón del 5 de marzo de 2014

En la retórica bélica, el siguiente dato es la comparación de fuerzas. Y La Razón daba ese paso en su portada del pasado 5 de marzo, hablando ya a las claras de ‘asalto’ y redondeando la cifra hasta los 80.000 inmigrantes, gentileza del ministro de Interior Jorge Fernández Díaz, que había ofrecido el dato un día antes. Siguiendo la misma retórica, un combate desigual entre dos fuerzas descompensadas. Si no fuera porque ni es un combate ni debería ser mostrado así a la ciudadanía.

Hace unos días, encontraba por Internet un meme que comparaba la retórica de estas portadas con un fotograma bélico de El Señor de los Anillos. Aunque no he podido encontrarlo, la comparación es muy certera. Aunque no es la primera vez que ocurre: El País ya elaboró una portada similar con el mismo número -30.000 inmigrantes- en 2005, que rescata aquí Juanlu Sánchez, subdirector de Eldiario.es.

El revés del relato bélico de la inmigración

Mientras en algunos medios el énfasis está en la guerra de cifras y la contención de fronteras, en otros lugares también se está investigando sobre los porqués. A la ya bastante amplia información sobre lo que ocurre con los inmigrantes que llegan a España y sufren un proceso de expulsión por estancia ilegal en nuestro país, que se puede ver en muchos medios y en el reportaje en tres partes “Sesenta días” sobre los CIES, elaborado por mi compañero Jorge Moreno, se unen otras iniciativas que buscan hablar sobre el proceso anterior al paso entre fronteras.

Entre estas iniciativas está The Migrants Files, una base de datos sobre emigración hacia Europa elaborada con datos de unas 500 organizaciones agrupadas en redes como United for Intercultural Action, contra el racismo y por el apoyo a los refugiados (una organización apoyada por el Consejo de Europa y la Comisión Europea; e incluso por la Comunidad de Madrid) o Fortress Europe, y con datos también de un proyecto de la Universidad de Helsinki apoyado por el centro de estudios de la Comisión Europea. Con todos esos datos, y a través de un proceso de inteligencia colectiva en el que se han cruzado los datos con información oficial de la UE y los países, se ha obtenido un mapa de la mortalidad emigratoria en los viajes hacia Europa, que podemos integrar en la web y que es verdaderamente instructivo.

http://jplusplus.cartodb.com/viz/60956ce4-9f98-11e3-b9ed-0e49973114de/embed_map?title=false&description=false&search=false&shareable=true&cartodb_logo=true&layer_selector=false&legends=false&scrollwheel=false&fullscreen=false&sublayer_options=1&sql=

Esta investigación, llevada a cabo por periodistas y medios de diversos países europeos, ha sido publicada en España por El Confidencial, que daba hace unos días uno de los datos más demoledores: en 13 años, desde el 2000, 23.000 inmigrantes han perdido la vida en el intento de alcanzar Europa.

En estos informes, siguiendo también investigaciones del organismo europeo para la vigilancia de las fronteras Frontex –que también ha sido muy criticado, por otra parte- se identifican hasta ocho rutas para llegar a Europa. Al menos dos pasan por España: la ruta africana occidental (hacia las Islas Canarias) y la del Mediterráneo occidental (por el Estrecho de Gibraltar). Pero no son ni mucho menos las más concurridas. El caso del Mediterráneo Central, con la llegada de inmigrantes a Italia por Sicilia y Lampedusa, es sin duda el que más mortalidad está arrojando en los últimos años. Sin ser una excusa para nada, permite poner en cierta medida las cosas.

Ejemplos como éste –y otros muchos más- cuentan que hay otra forma de explicar el drama de la inmigración ilegal hasta España. Y no solo para la prensa, también para los gobiernos. El nuestro actualmente ha hecho mucho hincapié con las medidas disuasorias: las vallas, el equipamiento de la Guardia Civil, las pelotas de goma… Sin embargo, poco estamos hablando de los acuerdos bilaterales con países de origen en materia de inmigración, algo en lo que el gobierno Zapatero –con todos sus incontables errores- sí elaboró una amplia actividad diplomática, que se puede revisar recuperando los sucesivos Planes África, 2006-2008 y 2009-2012. Y reclamando –ahí es donde sí que parece estar realizando algún tipo de acción el presidente Rajoy– una colaboración europea, entre otras cosas porque, como se puede ver en el mapa interactivo, esta es una circunstancia que no es para nada exclusiva de España.

***

Foto de portada: La valla de Melilla en 2008 (Foto: Wikimedia)

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2 Respuestas a “El coste olvidado de los ‘asaltos’ a la valla

  1. Muy buena la observación general de cómo la opinión pública (que no ha de ser la opinión del público, pero que a su vez la conforma) asimila la inmigración a los asaltos militares. Y muy fina también la observación de que el número 30.000 trasciende el dato numérico para convertirse en el signo de una unidad militar controlada. “En espera del asalto”, dice el periódico: como si sólo faltara la orden del mariscal para “asaltar la valla”.

    Por lo demás, estas víctimas “residuales” del estado del bienestar cumplen su función simbólica, desde luego: primero nos recuerdan lo bien que vivimos aquí, con tanto gozo que los desarrapados del mundo se matan -literalmente- para alcanzar el Paraíso en la tierra. Segundo, refuerzan la noción de Estado. Nada más saludable para un estado que mantener, marcar o depender de sus fronteras. Y eso de que el “Estado” sea algo bueno sólo ha empezado a decirse después de la Segunda Guerra Mundial (bueno, o de la segunda Gran Guerra, que la primera de Mundial tuvo poco, y en verdad ambas fueron sobre todo europeas o mediterráneas: pero al mundo es Europa, ¿no?), porque antes, por lo general, no se veía al Estado como nada capaz de hacer feliz a nadie.

    En fin, me ha encantado el artículo. No hace ver cosas que, por lo común, no se ven. Va mucho más allá del debate habitual.

    Un saludo!

  2. “pero al mundo es Europa” = “pero EL mundo es Europa”

    “No hace ver cosas que” = “NOS hace ver cosas qué”

    :P

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