Adiós al ‘Mago de Oz’

David L. Palomo | Falso 9

Suelen recurrir los teóricos del esfuerzo al trabajo como único patrón para el éxito. ¿Talento? También. Pero, sobre todo, inciden en la capacidad de sacrificio del ser humano, en su tesón. Y no les falta razón. A lo largo de la Historia, muchos son los que se han quedado por el camino a pesar de tener condiciones innatas para su deporte. Incluso los que han llegado al más alto nivel y han caído como aquellas torres que besaban el cielo de Nueva York.

Sin embargo, a ambos patrones, sacrificio y talento, se les tiene que unir el factor suerte. Sin que los planetas se alineen en el momento oportuno y el día señalado, poco se puede hacer. Lo sabe bien Casillas, quizá el más experimentando en cuestiones puramente divinas. Los afectados por el azar del guardameta son muchos. Desde aquel César que salió lesionado en la final de la Champions hasta Neymar, arrebatado de toda su gloria por el palo divino del Santo del Real Madrid en la Copa del Rey.

El caso contrario tiene nombres y apellidos: Harry Kewell, el mejor jugador de la historia de Australia, que se retiró a sus 35 años después de maldecir al destino. Las lesiones extirparon su carrera, la hicieron menuda, la truncaron hasta dejarla sin aire. No le acompañó la suerte ni en sus mejores noches. Privó al fútbol de disfrutar de los centros de una pierna izquierda prodigiosa, magnánima, sublime.

Sobre todo aquel día en que el Liverpool se jugaba la Copa de Europa contra el Milan. El día, su día. Tras pasar por la enfermería repetidas veces a lo largo del año, Rafa Benítez lo puso en el once ante los italianos. Dio igual, no acabó el partido. Kewell se tuvo que retirar aquejado por unas molestias. Sin fortuna en lo que podría haber sido uno de los momentos de su vida.

En su país lo apodaron el ‘Mago de Oz’ en sus primeras tardes de gloria, antes de que fichara por el Leeds o llegara a Liverpool. Él fue la promesa eterna de Australia y con ese cartel se acabó retirando como el mejor de todos los tiempos, el único en ganar una Champions. A nivel de clubes, nunca llegó a ser un ídolo. No pudo serlo. La suerte imposibilitó cualquier intento. También en aquella final de la FA Cup que disputó con los ‘reds’ y en la que se volvió a ir lesionado. Kewell completó su parte de bajas a pocos minutos de poder tocar el trofeo.

El destino sólo le dejó ser el héroe de su país en la liguilla del Mundial de Alemania 2006 contra Croacia. Aquel día marcó el gol que les dio el pase a octavos. El ‘Rey Harry’, como le apodó el primer ministro de Australia, apareció en el momento justo. Un partido que podría haber cambiado la dinámica, pero que, sin embargo, no hizo más que agrandarla. Kewell no pudo ser feliz en su totalidad y se perdió el partido ante Italia. Su selección quedó eliminada aquel día con un penalti que nunca debió pitar el árbitro. De nuevo, volvió a caer.

Su retirada significa mucho para un país con escasa tradición futbolística. En sus años fue un desafortunado, pero consiguió ganarse el cariño de sus compatriotas. Ahora, consumada su jubilación al más alto nivel, podrá disfrutar de algo en lo que sí ha tenido suerte: sus cuatro hijos. Al final, no todo podía ser malo.

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Foto de portada: Harry Kewell en un partido con Australia frente a Paraguay en 2010 (Foto: Wikimedia)

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