Aprendiz de gigoló y aprendiz de Woody Allen

Aprendiz de gigoló es una sorpresa, aunque confieso que aun no tengo claro si una buena o una mala. Antes de entrar a la sala, como buen crítico prejuicioso, esperaba ver una película determinada, una comedia de enredo con buenos actores explotando sus cualidades entre buenos diálogos. Sin embargo, el paso de los minutos descubrió que John Turturro tenía un proyecto diferente en la cabeza, uno más personal, más sensible, más íntimo y también más pretencioso. Si prefería haber visto la película real o la que llevaba pensada de casa es algo con lo que todavía ando debatiéndome.

Juega John Turturro a hacer demasiadas cosas a la vez, y casi todas ellas se parecen demasiado a lo que su invitado de honor, Woody Allen, llega más de cuarenta años haciendo en sus películas. El jazz y las imágenes de Nueva York adornan los títulos de crédito, los diálogos ingeniosos a la vez que cultivados aparecen a cada rato y temas como el amor, la burguesía, la nostalgia y la religión recuerdan mucho a las historias del genio de Nueva York. El problema es que, pese a que algunas de estas cosas funcionan, la suma de todas en apenas noventa minutos da como resultado un brebaje demasiado confuso. Una historia de amor con crítica social, las tramas más subidas de tono derivadas del trabajo del protagonista como gigoló y las historias de Woody Allen van alternándose sin mezclarse demasiado, con el único nexo en común de un John Turturro cuyo personaje sosainas no es capaz de tirar del carro mientras se ve devorado por los secundarios.

Este protagonista de pocas palabras y buenas intenciones podría funcionar dentro de un guion más redondo, pero la escasa profundidad de los personajes (empezando por él mismo) y la diversidad de tonos de las tramas dejan la sensación de que nuestro gigoló se pasea de escena en escena como en un programa de sketches. Que de una escena a otra tengamos que reír, llorar, enternecernos, o compadecer a una pobre viuda pone las cosas mucho más difíciles al espectador para conectar con la película. Lástima, porque el potencial y algunos momentos puntualmente brillantes de las diferentes historias nos demuestran que una reescritura podría habernos dejado una muy buena película con la misma materia prima.

Pero no todo está perdido, porque las carencias de unidad se compensan con unas escenas muy bien construidas y unos actores que saben sacar jugo de sus personajes. La relación de Turturro y Vanessa Paradis nos regala momentos realmente emotivos, Sharon Stone y Sofia Vergara saben poner sus imponentes físicos al servicio de la comedia y Woody Allen consigue las mayores carcajadas gracias a un personaje que podría haber escrito él mismo. Además, el director se atreve a entrar en algunas consideraciones morales sobre el tema que trata e incluso se atreve a denunciar a cara descubierta el machismo que impera en los sectores más conservadores de la comunidad judía.

Todo lo anterior, sumado a una dirección cuidada y una banda sonora seleccionada con mucho gusto hacen que en parte perdonemos a Aprendiz de gigoló pese a sus problemas. Porque se ve que es un proyecto personal, llevado a cabo con cuidado y con mucho corazón por parte de John Turturro. Lástima que no abusara de su amigo Woody para pedirle consejo habiéndolo tenido tan cerca.   

Lo que dije de Aprendiz de Gigoló

John Turturro (que además dirige) y Woody Allen haciendo equipo para interpretar a la pareja protagonista es suficiente motivo para que quiera ver cualquier cosa. Vale que el tema es un poco bobo, y que seguramente parezca hasta trasnochado, pero yo me fio de que esos dos señores me levanten cualquier película. Además, colaboran señoras tan feas y poco graciosas como Sharon Stone o Sofia Vergara, con lo que por lo menos las buenas interpretaciones están aseguradas.

Como se puede intuir de lo anterior, lo mejor de la película son sin duda los actores. Woody Allen da lo que se esperaba de él y los demás, pese a un guion que no ayuda a darles recorrido, sacan de sus personajes suficiente jugo como para que nos resulten divertidos.

Si el guion es medianamente bueno y los chistes están a la altura, los actores harán el resto para que esta comedia sin pretensiones sirva para pasar un buen rato. Ni la película ni yo aspiramos a más, así que nuestro matrimonio de hora y media tiene muchas papeletas para ser satisfactorio.

No penséis en la comedia sobre un gigoló que podéis tener en la cabeza. Este aprendiz de gigoló es una mezcla de varios géneros, historias y temas lo demasiado rara como para que podamos clasificarla de comedieta. Lo mejor del guion son unos buenos diálogos de los que los actores saben sacar provecho, pero estoy seguro de que el conjunto de la historia quedaba mejor en la cabeza de John Turturro que el resultado final en pantalla.

¿Qué gafas me llevo?

aprendiz-de-gigoló-crítico-prejuicioso

Entonces: ¿voy a verla?

Si tienes mono de Woody Allen en pantalla, te puede servir como metadona. Pero si prefieres quedarte en casa, te aseguro que no te pierdes gran cosa.

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