The War on Drugs y el espectro de los ochenta

Un espectro recorre la cultura pop actual arrasándolo todo a su paso, sin que nadie parezca saber cómo ponerle freno: el espectro de los ochenta. Y es a ese fantasma al que Adam Granduciel y su banda The War on Drugs, guitarra y sintetizadores en mano, han exorcizado para dar lugar a un disco brillante, Lost in the Dream (2014), cuyo rock oceánico y reverberante toma prestado lo mejor de Bruce Springsteen, Dire Straits y Bob Dylan sin perder ni un ápice de modernidad en ninguna de las diez canciones que lo componen.

Granduciel y el ahora casi famoso Kurt Vile formaron The War on Drugs en Philadelphia en 2005. Ambos compartían su obsesión por Bob Dylan, y Granduciel había ya colaborado con el grupo de Vile, The Violators. Con David Hartley al bajo y Kyle Lloyd a la batería, publicaron su primer álbum, Wagonwheel Blues, en 2008 en el sello Secretly Canadian. Aunque Vile abandonaría la banda poco después para iniciar una carrera en solitario, en 2010 y 2011 aparecieron el EP Future Weather y el disco Slave Ambient, cuya buena acogida situó a The War on Drugs en el mapa de la nueva música norteamericana.

En esas tres primeras entregas, se van perfilando las señas de identidad que Granduciel quiere imprimirle al grupo: cercanía al rock clásico norteamericano; capas de sintetizadores y reverbs estilo Slowdive o Spiritualized con toques de shoegazing, y letras elaboradas e introspectivas que recuerdan a cantautores de décadas pasadas. Son estos tres grandes pilares los que apuntalan su tercer disco, Lost in the Dream, en el que Granduciel afina sus influencias y vierte sobre sus canciones el dolor y la inseguridad que le atenazan por una dolorosa ruptura sentimental y los cambios que ha experimentado su vida tras el éxito de Slave Ambient.

El líder de The War on Drugs, Adam Granduciel (Foto: Web oficial http://www.thewarondrugs.net/wp-content/uploads/2014/02/140102-the-war-on-drugs.jpg)

En 1984, Bruce Springsteen publica Born in the USA, uno de cuyos temas más emblemáticos, Dancing in the dark, planea sobre las diez canciones de Lost in the Dream como una de las referencias más claras. Son los años del rock de salón llenaestadios de Mark Knopfler y los Dire Straits –que sigue inspirando veneración y rechazo a partes iguales e irreconciliables–, de U2 y sus excelentes The Unforgettable Fire (1985) y The Joshua Three (1987). Es justo ahí donde Granduciel encuentra sus influencias musicales, las envuelve en un océano de sintetizadores y las acompaña con unas letras que remiten al sueño springsteeniano de la dignidad que trata de sobrevivir en un mundo no siempre fácil o amable.

Si el espectro de los ochenta que tanto nos acecha estos días tiene varias caras, entonces Granduciel parece haber elegido una, por lo menos, inusual. Lost in the Dream tiene el sonido del rock americano más clásico, la voz de un Dylan moderno, la apariencia de una banda del siglo XXI y una épica que parecía olvidada en la música actual. Si algo ha conseguido Granduciel como autor con este álbum, es alcanzar la seguridad de que ni siquiera sus ídolos habrían podido hacerlo mejor. Lost in the dream es un disco destinado a perdurar.

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Foto de portada: El líder de The War on Drugs, Adam Granduciel (Foto: Web oficial)

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