De cuando Inglaterra y Argentina se enfrentaron para siempre

Julián Carpintero | Falso 9

Gardel contra The Beatles. Perón ante Churchill. Ricardo Darín frente a Colin Firth. Existen pocos países cuyo antagonismo sea tan palpable como Argentina e Inglaterra, dos pueblos que profesan maneras tangencialmente diferentes de entender la vida pero que, sin embargo, confluyen hasta tocarse cuando un balón de fútbol rueda entre ambas. Hasta tal punto que combustionan. En este sentido, es la suya una rivalidad histórica que trasciende al mero espectáculo deportivo y en la que todo es lícito con tal de no tener que genuflexionarse ante el enemigo. Aunque, como en todas las grandes batallas, todo tiene un origen.

“Nuestro carácter nos hace meternos en problemas, pero es nuestro orgullo el que nos mantiene en ellos”. Esa frase, cuya autoría pertenece al fabulista griego Esopo, podría ser perfectamente aplicada a los ingleses en lo que al fútbol se refiere. Si no, no se entendería que los ‘Three Lions’ no participaran en un Mundial hasta su cuarta edición, el que se celebró en Brasil en 1950, en el que no fueron capaces de superar la fase de grupos por culpa del gol que durante muchos años fue el más importante en la historia de España: el de Zarra a Bert Williams.

Antes de aquella cura de realidad -que se acrecentaría con la humillación a la que fueron sometidos por los ‘Magiares Mágicos’ en su santuario de Wembley tres años después- los inventores del fútbol miraban por encima del hombro, altivos, al resto del planeta, cerrando los ojos para autoconvencerse de que todo lo que no pudieran ver no existiría.

Un caso parecido, aunque con matices, fue lo que llevó a Argentina a naufragar una y otra vez en las Copas del Mundo de mediados del siglo pasado. Crecidos por las exhibiciones del San Lorenzo de Almagro y Boca Juniors en sus giras por Europa y por el clamor mundial provocado por ‘La Máquina’ de River Plate, en el Río de la Plata pensaron que aunque hubieran sido los ingleses los que habían llevado el fútbol al continente sudamericano, eran los Peucelle, Cesarini, Ferreyra o Monti los que lo habían elevado a la categoría de arte.

Bien es cierto que la Selección argentina ya había sido finalista en el Mundial de 1930, pero después de aquello tardaría décadas en volver a repetir una actuación de la que poder sentirse orgullosos. Tan convencidos estaban de que su estilo de juego, técnico y pausado, era el mejor que a las Copas del Mundo enviaban selecciones prácticamente amateurs con el objetivo de evangelizar a los demás países del mundo. Algunos años se sentían generosos y hasta llevaban a Pedernera

Cuando prendió la mecha

Así, en esta sucesión de acontecimientos y con dos personalidades tan similares y tan marcadas, era cuestión de tiempo que prendiera la mecha entre Argentina e Inglaterra. A los segundos nos les hizo ninguna gracia perder ante los primeros en mayo de 1953, en el Monumental y ante 85.000 espectadores, en la gran tarde de Ernesto Grillo, que con un doblete fijó el 2-1 definitivo en lo que era la primera victoria argentina sobre Inglaterra. No obstante, la irreparable grieta entre ambos se produciría durante el Mundial de 1966 que se celebró en suelo inglés.

Ambas selecciones se encontraron en cuartos y se citaron en Wembley por un puesto en las semifinales. Los ‘pross’ tenían en sus filas a un perro de presa que respondía al nombre de Nobby Stiles, un aguerrido centrocampista del Manchester United que muchas veces sobrepasaba los límites de la legalidad y que en aquel torneo contó con la connivencia de los árbitros.

Expulsión del capitán argentino Rattín en el Argentina-Inglaterra del Mundial 1966 (Foto: El Gráfico-Wikimedia http://es.wikipedia.org/wiki/Antonio_Ubaldo_Ratt%C3%ADn#mediaviewer/Archivo:Argentina_1966_rattin.jpg)

Expulsión del capitán argentino Rattín en el Argentina-Inglaterra del Mundial 1966 (Foto: Wikimedia)

Así, durante la segunda parte, el colegiado alemán Rudolf Kreitlein expulsó al capitán argentino Rattín tras una falta, lo que originó un tremendo revuelo: los jugadores de la albiceleste rodearon al trencilla pidiendo un traductor que les explicara el porqué de la tarjeta roja, el partido estuvo parado diez minutos y cuando Rattín accedió a abandonar el terreno de juego se quedó sentado, entre los abucheos de la grada, en la alfombra roja por donde la Reina Isabel accedía al estadio. Hurst anotó el tanto que permitió a los de Alf Ramsey ganar el partido y, a la postre, el Mundial, una afrenta que en Argentina se consideró inadmisible y que a día de hoy todavía escuece. Aquello propició que la FIFA se decidiera a instaurar el uso de las tarjetas amarillas, que por aquel entonces no existían.

El siguiente incidente tendría lugar dos años después, aunque personificado en dos clubes, el Manchester United y Estudiantes de La Plata, que se verían las caras en la disputa de una Copa Intercontinental que se decidía a ida y vuelta. Era el Estudiantes de Zubeldía un equipo áspero y que no dudaba en pasar por encima de quien fuera con tal de lograr la victoria. El partido de ida, jugado en La Plata, terminó 1-0 a favor de los locales en lo que pareció una auténtica pelea callejera que terminó con el propio Stiles expulsado.

En la vuelta, en Old Trafford, Juan Ramón, la Bruja‘, Verón -no confundir con uno de sus hijos, Juan Sebastián, la ‘Brujita’ Verón, que jugó tanto en La Plata como en el United, Chelsea o Inter, durante esta última década- marcó a los siete minutos para ponerle el título más cuesta arriba a los Busby Babes de nueva generación, que sólo pudieron empatar en el 89, un minuto después de que Medina, por el ‘pincha’ y Best, por los ‘red devils‘ vieran la roja. Estudiantes se llevó el trofeo pero, al día siguiente, el Daily Mirror tituló con un drástico “Animals!” dedicado a Bilardo y sus secuaces.

La herida estaba abierta y nunca más podría cerrarse. Después vendrían el polémico Mundial del 78 con Videla y su Junta Militar como siniestros protagonistas, el conflicto por las Malvinas en 1982, la mano de D10S de Maradona ante Shilton y la narración de Víctor Hugo Morales en 1986, el anzuelo de Simeone que Beckham mordió en Francia o el rostro descompuesto de Bielsa tras la eliminación en 2002. La historia de nunca acabar, al fin y al cabo. Siempre que un balón caiga en medio del Atlántico, Inglaterra y Argentina se enzarzarán por demostrar quién tiene la verdad absoluta en el balompié. Mientras existan, habrá fútbol.

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Foto de portada: Maradona regatea a Shilton en el Mundial de México 1986 (Foto: Bugraderci.blogspot.com)

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