¿De qué va esto de Europa?

Le han dicho a usted unas cuantas veces que estas elecciones europeas son diferentes. Que ahora la UE es más democrática. Que su voto será decisivo para marcar la dirección del timón en Bruselas. Que toda esta política neoliberal puede ir a más o a menos en función de la papeleta que introduzca en su sobre electoral el próximo día 25. Porque usted va a decidir quién es el presidente de la Comisión Europea. ¿Esto es real? Y en caso de serlo, ¿qué narices es la Comisión Europea?

El proceso

Como todo en este viejo continente, elegir al presidente de la Comisión Europea de forma directa también es una verdad a medias. Lo que dice el Tratado de Lisboa (página 35) es que “teniendo en cuenta el resultado de las elecciones al Parlamento Europeo y tras mantener las consultas apropiadas, el Consejo Europeo propondrá al Parlamento Europeo, por mayoría cualificada, un candidato al cargo de Presidente de la Comisión”. Es decir, que lo que usted elija será considerado, pero no vinculante.

La buena noticia es que la Eurocámara tendrá que aprobar esa propuesta. Y si, supongamos, ganan los socialistas, cuyo candidato es Martin Schulz, pero el Consejo Europeo decide proponer a otro representante, muy probablemente el Parlamento Europeo, con una hipotética mayoría socialista, no lo aprobará. Pero la historia no acaba aquí, que a la UE le encanta enredar con burocracia. Si ganan los socialistas pero no tienen la mayoría necesaria para asegurar que su candidato gana, el Consejo “propondrá en el plazo de un mes un nuevo candidato”. Y aunque la Eurocámara tendrá que aprobarlo, el Consejo ya será libre de proponer a quien quiera. Ni que decir tiene que la mayoría cualificada en esta institución es relativa: sin el sí de Merkel no se da ningún paso hacia ninguna parte.

Usted votará el 25 de mayo. Dos días después, los jefes de Estado y de gobierno de los Veintiocho se reunirán en una cena informal (que el nombre es muy curioso, como si quedaran a cenar para ver qué tal les va la vida y no tuvieran a cientos de periodistas en el mismo edificio pendientes de ellos), donde analizarán los resultados y propondrán un candidato en consecuencia.

¿Qué narices es la Comisión Europea?

Así que llegamos a la parte importante: qué hará el presidente de la Comisión Europea. Qué es eso de la Comisión Europea. Nada más y nada menos que el Gobierno de la Unión Europea. El ejecutivo. Aunque un ejecutivo un poco especial: posee en exclusiva la iniciativa legislativa –que en los Estados se comparte normalmente con el parlamento- pero esa iniciativa será siempre la de proponer, no podrá aprobar nada que no tenga el visto bueno del Parlamento en el 90% de los casos y del Consejo de la UE –no confundir con el Consejo Europeo- en el 100%.

Como todo ejecutivo, la Comisión también tiene sus ministros, aunque se llaman comisarios y forman el Colegio de Comisarios. ¿Cuántos? Veintiocho, sí señor, uno por país. Esto ha llevado a la creación de carteras un poco absurdas o con poco contenido como Acción por el Clima cuando ya existe una de Medio Ambiente y otra de Energía. España no se puede quejar. Joaquín Almunia es el comisario de Competencia y es el encargado de dar el visto bueno o rechazar fusiones de compañías o compraventas, para asegurar que se respetan las leyes de libre competencia. Puede que les suene el caso Google, acusado de penalizar a sus potenciales competidores en el ranking de búsqueda y mantener determinados precios por anuncio altos.

Usted será decisivo para elegir a quien presida la Comisión Europea. Como lo es para elegir a quien preside su país. Entre otras cosas porque su jefe de gobierno, Mariano Rajoy, se sentará el 27 de mayo en una “cena informal” con sus colegas europeos y negociará qué cartera se queda España –no siempre se tiene la misma. Y decidirá si su voto se respeta y se elige al candidato del partido más votado como presidente de una Unión que necesita mucho aire fresco. Así que sí, tenemos un poco más de poder en estas elecciones. Si funciona, podemos ir a por más.

Si todo esto no va con usted, sólo recuerde que el 80% de las leyes que pasan por nuestro Parlamento vienen directas de Bruselas. Y que nuestros gobernantes están bastante cómodos con nuestro desconocimiento de las instituciones: así pueden colgarse las medallas de las cosas positivas que vienen de la UE con el “he conseguido” y echarles el muerto con el “manda Bruselas”, cuando toca aplicar lo que no les gusta y en realidad han decidido conjuntamente.

***

Todos los días, un punto de vista diferente a la información internacional en Goldman Sachs is not an aftershave y, cada lunes, también en M*. Goldman Sachs is not an aftershave fue elegida como mejor bitácora del año en los Premios 20Blogs 2014.

Foto de portada: Sede del Parlamento Europeo en Estrasburgo.

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Una respuesta a “¿De qué va esto de Europa?

  1. Porque estamos en 2014 y nos hemos acostumbrado a la ciencia ficción, pero la imagen de la portada vale como perfecta glosa del artículo: un espacio en donde todos se indiferencian, en donde todo es falsamente simétrico, que podría estar en cualquier lado (lo mismo podía ser Bruselas que Ciudad del Cabo), en donde muchos levantan la mano derecha (Ave Caesar), en donde los sexos no importan (lo mismo harán diputadas que diputados), en donde el efecto óptico de la curvatura suplanta al espacio real del Parlamento, y en donde el “afuera” es sólo una luz blanca, pues en el fondo es todo un mundo hermético, cerrado y ficticio.

    Grandísimo artículo.

    P.D: Lo de la cena informal me ha hecho gracia. Aunque es surrealista.

    No sabía lo del 80% de la leyes. Vértigo que da.

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