10.000 km: Amor y webcams

Cuando hace unos meses la mayoría babeábamos con el virtuosismo del plano secuencia con el que Alfonso Cuarón abría Gravity, no creo que a ninguno se nos pasaría por la cabeza que poco después íbamos a estar elogiando el mismo tipo de secuencia en una película española. Los más de veinte minutos que dura el primer plano de la 10.000 km. son solo una de las muchas sorpresas con las que nos encontraremos en la siguiente hora y media, porque sin que nadie lo estuviera esperando a Carlos Marqués-Marcet le ha salido una película estupenda.

Como decía, la película comienza con un plano secuencia de 20 minutos, pero en lugar del espacio exterior el escenario es un modesto piso de cincuenta metros cuadrados en Barcelona. En él están Sergio y Álex viviendo la cotidianidad de una mañana en pareja mientras ignoran que todo va a cambiar de un momento a otro.  Hacen el amor, hablan de sus planes, se lavan los dientes y se duchan tranquilamente hasta que el aparentemente inofensivo zumbido de la bandeja de entrada hace temblar su suelo. Una beca y diez mil kilómetros de distancia que pondrán a prueba la salud de la pareja. Y el plano cambia bruscamente al primero de ellos.

Esta introducción, que a priori muchos considerarían un capricho de estilo del director, se convierte en la brújula que nos guía durante el resto de la película. Hemos conocido a los personajes, qué les preocupa, la confianza y compenetración con la que funcionan como pareja y su forma de reaccionar ante el conflicto. Además, la aparente inocencia de una palmada en el culo o comerse la mantequilla con la que el otro se ha manchado la cara nos recordará lo importante del contacto físico que a partir de ese momento desaparecerá.

A partir de este inicio, las escenas pasan a ser todo lo contrario, discontinuas y fragmentadas, con inicios y finales abruptos en los que la webcam es casi siempre la protagonista. Nunca saldremos de las casas de los protagonistas, y la mayor parte del tiempo les veremos cuando están interactuando con el otro. El contexto, lo que ha pasado fuera de las cuatro paredes y durante el tiempo omitido en las elipsis los tendremos que deducir de sus conversaciones, que siempre dicen más de lo que parece.

¿Cómo se sale vivo de una propuesta tan hermética y exigente? Marqués-Marcet sabe que lo que tiene entre manos tiene unos riesgos enormes, y por eso tira de todos los recursos de los que ha podido echar mano. La propia pantalla del ordenador, ese rectángulo que poco a poco se va tornándose más y más en una de nuestras principales ventanas al mundo, se convierte en un personaje más cuando una página de Facebook, un recorrido por las calles de Google Maps, el doble check del Whatsapp o un programa de edición fotográfica protagonizan la imagen que estamos viendo. Sorprende que pese a la familiaridad y cotidianidad con la que todas estas herramientas se han incorporado en nuestras vidas no sea más común ver este tipo de lenguaje en una pantalla de cine, pero el director se arriesga y gana con una manera de contar que se siente natural casi al instante.

Pero la pantalla no es la única encargada de sacarnos de la monotonía a la que a priori estaba condenada la película, porque la otra pieza clave, los actores, cumplen con creces en un papel muy exigente. Sergio y Álex (David Verdaguer y Natalia Tena) construyen unos códigos de comunicación no verbal que hace que parezca imposible de creer que no sean novios de toda la vida. La complicidad de sus diálogos, los silencios, el humor y las medias verdades que se dicen para no herir/preocupar al otro hacen que te creas a esta pareja como hacía tiempo que no lo hacías en el cine.

Y así, como la vida misma, el tiempo va pasando y la relación atraviesa distintas etapas que siempre transcurren con la naturalidad de lo inevitable. Podría hablar de lo fácil que es sentirse identificado con estos dos protagonistas, de lo bien que se ha sabido retratar un momento histórico y generacional con muy pocos medios, del fantástico uso de la poca música que aparece durante el metraje o de un final del que se puede discutir largo y tendido. Sin embargo voy a optar por terminar aquí, porque lo que pretendo es que os entren ganas de verla y disfrutéis con este descubrimiento tanto como lo hice yo.

Lo que dije de 10.000 km.

Arrasó en el último Festival de Málaga llevándose casi todos los premios importantes habiendo sido escrita y dirigida por un novato, así que algo tiene que tener. La premisa, una relación a distancia en la actualidad, parece muy acertada y poco explotada hasta el momento.  El cambio de todo tipo de relaciones a distancia, no solo las sentimentales, ha sido brutal en los últimos años, hasta el punto que ahora mismo es posible casi vivir con la pareja aunque esté en una ciudad diferente, aunque claro, se puede ver y oír, pero no tocar. Plantear un drama romántico en estos términos es todo un acierto.

No he visto nada más de lo que se estrenara en Málaga, pero me atrevo a decir que tenían razón. Es una película ambiciosa sin parecerlo y formalmente muy atrevida, todo esto sin que sea un ladrillazo para entendidos ni nada parecido. Puedes ir con quien sea a verla y no te va a escupir a la cara a la salida.

El principal problema es que hacerlo bien tiene que ser tremendamente difícil. El director tendrá que haberse empleado a fondo con todos los recursos que se le hayan ocurrido para que la película no caiga en la monotonía, tanto temática como visual.

Ya hemos comentado el uso de la pantalla de Skype, Google Maps y demás, que además de funcionar sorprendentemente bien en la pantalla hacen también una labor narrativa mucho más difícil de hacer de la manera tradicional que aquí. Nuevos tiempos piden nuevos recursos, y toca ir probando.

El guion, y sobre todo los actores tendrán mucha culpa de lo bueno o lo malo que pueda salir de una película por la que siento una enorme curiosidad.

Ya hemos dicho que los actores están magníficos, pero el guion no se queda atrás. Es un libreto de esos que parece que no están, por la estructura muy fragmentada de la película y por la aparente naturalidad con la que transcurre todo. Salvo al final, donde podemos discutir la decisión del director, el resto está hilado con muchísimo tino.

¿Qué gafas me llevo?

10.000km-grafico-prejuicioso

Entonces: ¿voy a verla?

Tengo que volver bastante atrás en esta sección, a finales de febrero, para encontrar una película que me haya gustado tanto como esta. Curiosamente se trata de Her, con la que esta película encuentra ciertos paralelismos aunque tengan poco que ver. Id a verla.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s