Túnez, la revolución silenciada

Túnez fue el escenario del estallido de la mal llamada Primavera Árabe. Mal llamada porque el peso de la ilusión juvenil en las grandes ciudades, que consiguió derrocar al dictador Ben Ali, se vio truncado por el triunfo electoral de los islamistas y su pésima gestión política. Y finalmente, por un proceso de transición democrática interminable, salpicado todavía por el veneno de la dictadura. Túnez ya no es de Ben Ali, pero tampoco de los revolucionarios que trajeron la democracia.

Azyz Amami es uno de los revolucionarios más importantes de Túnez. Tenía solo 27 años cuando empezó a ser conocido por su lucha contra la censura en Internet impuesta por Ben Ali y su activismo inspiró a miles de jóvenes que creían que la democracia era posible. Amami acabó con el temor de muchas personas que llevaban tiempo ocultando sus ideales por miedo a ser perseguidos y castigados por el régimen, y lo hizo no sólo con su participación en diversas manifestaciones contra el dictador, sino también por su potente activismo en la red a través de su blog.

Como Amami, cientos de activistas consiguieron movilizar a los jóvenes tunecinos, un sector que representa el 40% de la población total, según la ONU. Feministas, comunistas, ecologistas e izquierdistas, la mayoría con formación universitaria, protestaron contra el dictador y reclamaron sus derechos básicos, como el acceso a un empleo digno, en un contexto de crisis económica agravada por la escandalosa corrupción del régimen. Tres años después, la situación laboral no solo no ha mejorado, sino que aquellos revolucionarios continúan siendo perseguidos.

El pasado 13 de mayo, Azyz Amami fue arrestado  junto con su amigo Sabri Ben Mlouka y recibió varios golpes por parte de la policía. Se le acusaba de consumir cannabis y no fue puesto en libertad hasta este viernes. Otros líderes revolucionarios también han sido detenidos intermitentemente en Túnez bajo la misma acusación e incluso por cargos de terrorismo. Aunque estas detenciones arbitrarias no han ido más allá, dada la gran repercusión que ya provocan en el activismo internacional, no serían posibles si alguno de los gobernantes de la transición tunecina se hubiese interesado en cambiar el código penal de Ben Ali, como bien indica el escritor Santiago Alba Rico, residente en el país magrebí. Por no hablar del aparato policial, que sigue anclado en los métodos poco ortodoxos de la dictadura. Mientras tanto, otros fieles a la dictadura van saliendo de la cárcel, como el ex responsable de seguridad del dictador, Ali Seriati.

Tras la pionera revolución árabe y en medio de una larguísima transición hacia la democracia que nunca llega, el aliento de Ben Ali sigue sintiéndose en la nuca de los tunecinos. ¿Hasta cuándo? Quizá (y solo quizá) una posible y bastante obvia solución sería la siguiente: que la comunidad internacional deje de dar la espalda a Túnez.

***

Todos los días, un punto de vista diferente a la información internacional en Goldman Sachs is not an aftershave y, cada lunes, también en M*. Goldman Sachs is not an aftershave fue elegida como mejor bitácora del año en los Premios 20Blogs 2014.

Foto de portada: Azyz Amami, durante una protesta en Túnez (Foto: Amine Ghrabi)

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