X-Men. Días del futuro pasado: Insuflando vida a la saga

X-Men es la saga más fructífera de Marvel. Si contamos con las dos películas centradas en Lobezno (personalmente prefiero contar con ellas lo menos posible) ya son siete las veces que hemos podido ver a nuestros queridos mutantes en la gran pantalla, lo que en catorce años no es poca cosa. Las cinco entregas de Spiderman son las únicas que pueden hacerles sombra, pero a diferencia del hombre araña los X-Men no han resucitado ni empezado de cero, sino que siempre han mantenido el mismo marco narrativo de referencia. El universo en el que han tenido lugar estos siete relatos ha sido siempre el mismo, y eso obliga a innovar si uno no quiere acabar con la paciencia de unos espectadores con mucho superhéroes entre los que elegir. Con X-Men: Días del futuro pasado Bryan Singer ha tratado de insuflar vida a una saga que lo requería urgentemente. ¿Lo ha conseguido? Vamos a intentar descubrirlo.

El gran activo del mundo en el que transcurre X-Men son las grandes posibilidades que ofrece. Aunque los temas tratados siempre son parecidos (o bien alguien quiere destruir el mundo o quiere acabar con los mutantes) una patrulla protagonista abre mucho más el abanico que un solitario superhéroe. Los poderes, personalidades y conflictos de cada uno de los personajes facilita el entretenimiento y la identificación del espectador con alguno de ellos. Esta última entrega ha jugado a tirar de los personajes más carismáticos, los que tienen los poderes más molones, pero llevando su personalidad hacia unos conflictos y comportamientos más adolescentes e impulsivos con los que dotar al conjunto de menos razón y más emoción (y de paso enganchar a los chavales de quince años, que nunca está de más).

Un poco de contexto para los que no la hayáis visto. El argumento de la película es que la humanidad (y los X-Men) del futuro están al borde de la destrucción, con lo que recurren a Lobezno para que vaya al pasado (años 70) y consiga junto a las versiones jóvenes de Xavier, Magneto y compañía, que el acontecimiento clave que dio origen a todo el percal del presente nunca tenga lugar (tranquis, que os he contado los primeros 10 minutos). Son por lo tanto los mismos personajes que conocimos en la anterior entrega, X-Men: Primera generación, con el añadido de Lobezno, que nunca puede faltar, y algunas notas de color que siempre da ambientar una historia en el pasado, como tener al presidente Nixon de personaje secundario.

La apuesta, como decíamos, es dar un chute de Juventud a los personajes sin que ninguno pierda su esencia, y aquí está el riesgo y la clave de la película. Por un lado, estos “nuevos” mutantes viven el momento en el que sus dudas existenciales, las que conformarán su identidad, están a flor de piel, lo que sirve a la película tanto de acelerador como de freno en distintos tramos. La rebelión de Mística empuja la trama durante la primera hora, mientras que el conflicto interior de Xavier (esencial, pero aburrido) domina un tramo medio que se hace cuesta arriba y no remonta hasta que Magneto saca su ego a pasear y nos lleva a un clímax a la altura de lo mejor de la saga. La ausencia de un gran villano –el personaje del doctor Trask es poco más que una excusa- conduce a que estos conflictos individuales soporten todo el peso y hagan que la historia se mueva a su ritmo.

Pero por mucho que se trate de una película de personajes tampoco estamos hablando de un drama shakesperiano, así que no os asustéis. Brian Singer no se olvida de que el humor esté presente durante todo el metraje y construye secuencias de acción a la altura de lo mejor de todas las entregas, con mención especial para el final y una divertidísima secuencia de rescate que domina un infrautilizado Quicksilver, que da la impresión de que se hubiera comido la película si se le hubiera dado más protagonismo. Respondiendo a la pregunta que planteaba al principio, sin ser una película perfecta, estos Dias del futuro pasado sí que huelen a nuevo y auguran que la saga tiene cuerda para unos cuantos años más.

Lo que dije de X-Men: Días del futuro pasado

Os juro que las he visto todas, pero con las mismas os digo que no me acuerdo de nada de lo que pasaba. Creo que eso significa que no eran terribles, porque el horror de las dos entregas de Lobezno lo recuerdo con una nitidez que me asusta, así que debe de haber sido una franquicia potable.

Si estáis como yo y no os acordáis muy bien de las pelis anteriores no os preocupéis lo más mínimo. Con que sepáis que Xavier domina mentes y Magneto controla el metal estáis más que apañados. No sufráis.

Echando mano de esa prolongación de nuestra memoria llamada Google me voy acordando un poco más de la última, que fue una película bastante regulera en la que a veces salía Fassbender y todo empezaba a molar mucho más. Aquí repite Fassbender. Bien. También hay viajes en el tiempo. Bien. Quién sabe, a lo mejor no es tan mala.

Claro que no es mala. Fassbender dispara el molómetro de la película cada vez que sale en pantalla, pero el mérito de que estés entretenido el 80% del tiempo no es solo suyo. Los personajes parecen más alegres y vivos que sus estreñidas versiones adultas, así que casi mejor que los viajes en el tiempo no sean tal cosa y que el apocalipsis que se vive en el presente sea una trama secundaria sin el más mínimo interés.

Vamos a recordar ahora las cosas que hacen que las películas de Marvel sean buenas o malas:

-Los villanos tienen que molar más que los buenos a no ser que seas Iron Man porque entonces monopolizas lo de molar.

Se cumple a medias. El que sería el villano “oficial” de la película no vale ni para entretener un corto, pero si hacemos una lectura más amplia y entendemos que los villanos son los mismos X-Men que autoboicotean su futuro continuamente la cosa mejora de forma sustancial.

-La trama tiene que tener algo que parezca que no se les ha ocurrido en una tarde, tampoco hace falta que esto se convierta en 2001 y su monolito, pero que el plan del villano no sea envenenar a la ciudad contaminando el agua.

La trama es simple, muy simple, pero se compensa con los conflictos de los personajes que dan mucho más empaque al conjunto. Los juegos de ahora contigo ahora sin ti le dan mucha vida al asunto.

-Que no me explique los orígenes de nadie, que con tanta infancia terrible de los superhéroes me parece que en vez de películas deberían montar una ONG.  

Aunque sea un poco una película sobre la formación del carácter de los personajes principales, no nos presentan a nadie porque ya lo hicieron en la película anterior. A excepción de algún flashback muy cortito no tenemos ninguno de esos clichés tan marvelianos de los que ya estamos un poco hasta las narices.

-Que tenga chistes todo el rato. Chistes mientras se entrenan, chistes de las garras de Lobezno y chistes mientras se están peleando. Sin diálogos molones y chulescos de los personajes las películas de Marvel se convierten en una película de Nolan sin todo lo bueno de las películas de Nolan.

Tampoco es que sea un cachondeo continuo, pero sí te ríes.

-Que el ritmo no pare ni un puñetero segundo. ¿Os acordáis de Los Vengadores? ¿A qué os gustó? Pues la historia era una mierda como un piano, pero todo iba tan a toda leche que no te daba tiempo a pensar en ello y por eso salías encantado de la vida (me incluyo).  Si la peli cumple al menos tres de estos cinco requisitos nos podemos dar por contentos.¿Qué gafas me llevo?

El ritmo es bueno salvo en dos momentos: cuando el protagonista es Xavier y cuando se van del paseo al presente para ver cómo va el Apocalipsis. El resto del tiempo todo pasa bastante a toda leche.

¿Qué gafas me llevo?

x-men-gráfico-prejuicioso

Entonces: ¿voy a verla?

Si no soportas a los X-Men quédate en tu casa que hay mucho fútbol que ver. Pero tanto si te han gustado siempre como si habías perdido la fe en los mutantes en las últimas entregas, dale una oportunidad a esta peli que huele a nuevo.

***

Especial Premios Óscar 2015

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