Referéndum en Escocia: que comience el bombardeo mediático

Aunque haya quien pueda tener la sensación de que la campaña hace ya tiempo que empezó, lo cierto es que solo desde la semana pasada semana y durante las próximas 15 cuando los escoceses –y todos aquellos residentes británicos, de la UE y la Commonwealth que pueden participar– recibirán la esperada sobredosis de propaganda electoral para convencerles de que voten a favor o en contra de la independencia el próximo 18 de septiembre.  Quienes ya lo tienen claro pueden estar tranquilos, relajarse y esperar a que llegue el día de ir a las urnas. Serán los indecisos quienes lo tengan más complicado para no perder la cabeza en medio de tantos mensajes contradictorios y sentimientos encontrados.

“Los últimos 16 meses han sido aparentemente el aperitivo y solo ahora nos servirán el plato principal”,  asegura John Curtice, profesor de política en la Universidad de Strathclyde en este artículo, donde explica cómo durante este periodo el dinero que gasten las dos campañas oficiales, Yes Scotland y Better Together, así como cualquier partido o persona que quiera gastar más de 10.000 libras diciendo a quién se debe votar, está sujeto a límites de gasto que garantizan unas reglas iguales para todos. Desde ahora cada céntimo tendrá que ser contabilizado.

Para hacer más fácil la lectura de los datos estadísticos obtenidos durante los últimos meses, que no son pocos, el grupo de trabajo What Scotland thinks (Lo que piensa Escocia) ha creado lo que llaman “la encuesta de las encuestas”. La última, con fecha 15 de mayo y basada a su vez en los resultados de otras seis, sitúa al “sí” con un 42 por ciento de apoyo y al “no” con un 58 por ciento.

Mientras la postura a favor de permanecer en el Reino Unido se ha caracterizado durante la precampaña por una mayor estabilidad ocupando siempre la primera posición, han sido los partidarios a la independencia quienes han incrementado en mayor medida su porcentaje. Sin embargo, según el profesor John Curtice, si bien el principal objetivo del “no” es mantenerse arriba, el “sí” tendría que acelerar “una marcha, o dos” durante la campaña para revertir los resultados, pues de seguir al mismo ritmo de subida no llegaría a obtener los votos necesarios.

Guerra de informes

Con la vista puesta en quienes aún no han decidido a quien apoyarán, ambas partes lanzan de vez en cuando un análisis económico lo más sesudo posible. A pesar de que el electorado ya está acostumbrado a que los informes publicados por el Gobierno del Reino Unido y el Gobierno escocés a cuenta de la independencia tengan bastantes pocas coincidencias, los últimos han rebasado todas las expectativas. Mientras Londres dice en este documento (en PDF) que cada escocés perderá 1.400 libras al año si vota sí en el referéndum, Edimburgo responde asegurando que cada familia ganará hasta 2.000 libras al año separándose de sus vecinos del sur en este otro trabajo (en PDF).

El secretario general de la Tesorería británica, Danny Alexander, encargado de presentar el informe a favor del no, explicaba que la cifra se obtenía de restar los beneficios económicos de los escoceses por pertenecer al Reino Unido y las subidas de impuestos que el Gobierno escocés tendría que realizar para nivelar la balanza. A esto, el ministro primero de Escocia, Alex Salmond, contestaba que su país no tendría que subir impuestos, sino que conseguiría recaudar más porque siendo independientes mejoraría la economía, la productividad y el empleo. Total que a ninguno le faltaban argumentos.

“Las marcadas diferencias entre las conclusiones de los informes significa que probablemente no va a influir en los votantes en un grado importante, más bien tenderán a considerar ambos informes como propaganda, o a utilizar uno u otro para confirmar sus propios puntos de vista”, asegura el investigador de la Universidad de Stirling David Eiser en un artículo para el Consejo de investigaciones económicas y sociales.

En el mismo trabajo este experto pone un poco claridad en el asunto y razona que las diferencias se deben en gran medida a los supuestos sobre los ingresos del Mar del Norte, pues el Gobierno escocés prevé recaudar 7.000 millones de libras en 2016, una cifra dos veces mayor a la estimación del Tesoro Británico.

También los supuestos de la deuda que Escocia heredaría influyen en un resultado tan dispar. Para el Tesoro, Escocia heredaría una parte de la deuda acorde a su población, mientras que el Gobierno de Salmond estima que la cantidad podría ser menor en base a negociaciones sobre la división de los activos del Reino Unido o las mediciones de las contribuciones que Escocia ya ha realizado a los pagos de la deuda.

Resaca electoral

Además, la campaña da comienzo una semana después de conocerse los resultados de las elecciones europeas. Su importancia en clave nacional se entiende en la medida en la que es un barómetro de la efectividad de los mensajes lanzados hasta el momento desde todos los partidos, especialmente ante la esperada y confirmada irrupción del partido de extrema derecha euroescéptico UKIP en todo el Reino Unido.

Dos eurodiputados nacionalistas, dos laboristas, un conservador y uno de UKIP, conforman el grupo de seis representantes que le corresponden a Escocia en el Parlamento Europeo.  Mientras que para el Partido Nacionalista Escocés (SNP, por sus siglas en inglés) conseguir hasta tres eurodiputados y derrotar a UKIP hubiera supuesto una prueba definitiva de las diferencias ideológicas entre Inglaterra y Escocia, para los unionistas una victoria mayor de UKIP hubiera sido sinónimo del fracaso de los nacionalistas de Salmond y del crecimiento de un sentimiento nacionalista británico contrario a las políticas de austeridad y la inmigración también en Escocia.

Con un resultado intermedio hay opiniones para todos los gustos. Mientras para algunos la obtención de un eurodiputado por parte de UKIP en una tierra supuestamente hostil pone en cuestión esa idea tan utilizada por Alex Salmond, para otros es solo una muestra más del contraste con el resto del Reino Unido, donde el partido de Nigel Farage obtuvo una abrumadora victoria convirtiéndose en la primera formación que le arrebata a los partidos Conservador y Laborista la hegemonía en unas elecciones nacionales con 24 eurodiputados.

Escocia tiene 15 semanas para decidir qué opción le conviene más. De qué forma influirá la campaña en el resultado final está por ver. Lo único que sabemos es que cifras, previsiones económicas, argumentos más o menos razonables y algún que otro sentimiento identitario recorrerán durante los próximos tres meses y medio esta nación europea que enfrenta, para muchos, la cuestión más importante en varias generaciones.

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Asela Viar redactó este artículo desde Edimburgo.

Foto de portada: Gobierno de Escocia

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