La abdicación de ‘Wilko’

Sergio Menéndez | Falso 9

Se denomina ‘drop‘ al golpe que se le propina con el pie al balón de rugby en su trayectoria ascendente justo después de contactar en el suelo, habiéndolo dejado caer previamente desde las manos del propio jugador, con el objetivo de colarlo entre los tres palos que se levantan sobre la línea de ensayo y conseguir de esta forma los tres puntos. Lo que en el lenguaje de los neófitos en este deporte vendría a reducirse a la patada a bote pronto,vaya. Una maniobra de ejecución aparentemente sencilla pero que requiere a nivel práctico del equilibrio perfecto entre coordinación, rapidez, fuerza y, por encima de todo, una mente preclara para escoger el momento idóneo de llevarla a cabo, pues no deja de suponer una opción arriesgada. Es como tirar una moneda al aire, nunca mejor dicho.

Si a estos ingredientes les añadimos la dificultad que supone tener delante a quince hombres con las dimensiones de un armario tratando de interceptar la almendra y el desafío personal de imprimir a la jugada un toque de plasticidad, el resultado puede tener las propiedades de un afrodisíaco. La acción es entonces susceptible de provocar un orgasmo como el que desató Jonny Wilkinson en la hinchada inglesa a veinte segundos de concluir la final del Mundial de 2003.

Corría el 22 de noviembre. Verano en el hemisferio sur para que el Telstra Stadium de Sidney recibiese a las selecciones de Australia e Inglaterra con la Copa Webb Ellis en juego. ‘Wallabies’, anfitriones del torneo, y ‘XV de la Rosa’ se veían por segunda vez en la historia las caras en el partido que les encumbraría.

Y es que es el rugby un deporte de villanos practicado por caballeros que cada cuatro años expone el cetro de rey a concurso. Los primeros, ante la oportunidad de levantar el que hubiese sido su tercer título – segundo de forma consecutiva tras imponerse en Gales 1999 – ante los ojos de su afición; los últimos, con la mirada puesta en devolver al rival la faena que les hicieron tres ediciones atrás, cuando les arrebataron una corona que se debatía en suelo británico.

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Cumplido el tiempo reglamentario, el empate a 14 en el marcador obligaba a marcharse hacia la prórroga. Fue entonces cuando emergió este apertura rubio y barbilampiño, poco inspirado hasta ese momento a pesar del golpe de castigo que había logrado transformar durante el encuentro, que reprodujo la escena a los dos minutos de la reanudación para adelantar a los suyos y terminó por decidir la final cuando, a renglón seguido de una penalización anotada por Elton Flatley – su homólogo en el dibujo oceánico –  y con la grada al completo apurándose las cutículas, se hizo con el pase de Matt Dawson y asestó al equipo local una puntilla en forma de ‘drop’.

La noche se iba cerrando a cada instante, pero en el momento y el lugar en que al resto se le hubiesen apagado las luces, a él se le encendió la bombilla. Se restablecía el honor por las afrentas del pasado, el trofeo pasaba por primera y única vez en la historia de la competición a manos de un país al norte del Ecuador y Wilko se erigía en rey de reyes.

Amante de las geometrías ovaladas desde la más tierna infancia, dueño de récords tales como ser el jugador más joven que jamás ha debutado con su selección, profesional intachable y miembro de la Orden del Imperio Británico, Sir Jonathan Peter Wilkinson, quizás el mayor héroe que jamás se ha enfundado la elástica con el escudo de los Lancaster, anunció en mayo su retirada definitiva de los terrenos de juego.

Ya exento de las convocatorias internacionales desde que Inglaterra fue eliminada del Mundial de 2011 en cuartos de final y mermado por las lesiones, cuelga las botas un hombre que ha llegado a dominar absolutamente todas las facetas de este deporte, protagonista de uno de los rituales más característicos a la hora de patear el balón. Su forma de pellizcar la hierba y lanzar las briznas al aire, de flexionar las rodillas, recogerse en los puños como quien transporta un pájaro con las manos y mirar lánguidamente pero con fijeza a palos forman ya parte del patrimonio del rugby.

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Foto de portada: Wilkinson patea la pelota (Foto: Wikimedia)

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