Solo los amantes sobreviven: Cuando los vampiros no tienen prisa

¿Qué es un vampiro? Según el cine mainstream de los últimos años es un ser centenario que no tiene nada mejor que hacer que vivir el amor verdadero con una adolescente y desafiar a otro tipo de criaturas. La otra opción, la que aporta True Blood, es parecida pero añadiendo a la ecuación sexo y homosexualidad (bueno, y unos guiones mucho más divertidos). El caso es que la edad de oro de los vampiros que hemos vivido (¿seguimos en ella?) nos ha mostrado unas criaturas míticas que no se cansan de hacer cosas- ya sea enamorarse, destruir el mundo o salvar a la humanidad- y que siempre tienen ganas de más. Me imagino a Jim Jarmusch en el sofá viendo Crónicas vampíricas y preguntándose “¿sería yo así si fuese un vampiro?”. La respuesta es que no. La respuesta es Solo los amantes sobreviven.

Piénsalo, ¿seguirías teniendo fe en la humanidad si hubieras estado vivo durante siglos? ¿O serías más de encerrarte en casa y dejar que esa plaga que invade la tierra terminara por destruirse de una vez? Jarmusch pone en boca de los vampiros el término zombies para referirse despectivamente a nosotros. Y es que ni siquiera el mismísimo Pablo Iglesias tendría la fuerza de voluntad suficiente para venir a salvarnos después de haber visto de cerca un par de guerras mundiales y unos cuantos genocidios. En la película los vampiros van a su bola, pasan completamente de nosotros y ni siquiera nos quieren para alimentarse, pues prefieren la mucho más impersonal y aséptica bolsa (o termo) de sangre, menos contaminada que tu sucio cuello.

La historia que nos cuenta Solo los amantes sobreviven es la de la depresión de su protagonista, Adán, que encerrado en una desértica Detroit no encuentra motivos para seguir viviendo y medita seriamente acabar de una vez con tanta tontería. Aunque es un gran melómano y un músico underground muy admirado (en parte por el misterio que le rodea), ni siquiera la música parece llenarle ya. Solamente su amada Eva, que llega desde Tánger a rescatarle, es capaz de sacarle a la calle y darle fuerzas para hacer algo diferente. Con ella, una devoradora de libros con mucha más vitalidad, el protagonista masculino se relaja y juntos nos dan los mejores ratos de la cinta en forma de conversaciones existencialistas y reflexiones bañadas en un fino humor sobre la tragedia para el mundo que representa la humanidad. La naturalidad de los diálogos y la química entre los dos actores nos retrotrae a los grandes momentos de la carrera de un cineasta que siempre ha encontrado en la representación de las relaciones humanas uno de sus puntos fuertes.

Pero si ese es uno de los puntos fuertes en el lado opuesto se encuentra la consistencia del relato. Cuando la película sale del eterno impasse que viven los protagonistas e intenta que los acontecimientos externos disparen la trama todo se siente mucho más acartonado y ortopédico. El paso de Mia Wasikowska por la película es un torbellino que en general no se comprende muy bien y da la impresión de que Jarmusch se habría encontrado mucho más cómodo con un continuo de conversaciones de dos horas que con la trama cerrada que aquí se esfuerza en construir. Lo bueno es que mientras tanto la cámara nos distrae con bonitas composiciones y un atrevido montaje y, sobre todo, la banda sonora (¿uno de los discos del año?) nos mantiene hipnotizados en todo momento. Acostumbrados como estamos al pesado ritmo que impone el director y agradecidos por su voluntad de no tratarnos como niños pequeños podemos concluir que Solo los amantes sobreviven es una buena manera de desafiar en las salas la dictadura del blockbuster veraniego que ya comienza a asomar.

Lo que dije de Solo los amantes sobreviven

Con Jim Jarmusch me pasa que sus películas siempre me dan una pereza tremenda, pero luego siempre me acaban gustando, así que aquí la historia no tendría por qué no repetirse.

Ha vuelto a pasar. He ido posponiendo su visionado a lo largo del fin de semana y cuando por fin me he atrevido resultaba que no era tan dura como parecía. Es agradable, bien escrita y estupendamente realizada. Jarmusch es un director muy particular, pero también uno bueno.

Pone aquí el señor director en escena a un par de vampiros muy intensos (Tilda Swinton y Tom Hiddleston) para dar a estas criaturas un enfoque olvidado durante todos estos años de auge del subgénero vampírico. Al final, se trata de seres que llevan viviendo una pila de años, están de vuelta de todo y la vida tiene más bien poco que ofrecerles. Vamos, que no tenemos que olvidar que lo de ser inmortal tiene su parte coñazo.

Pues sí, de eso trata el asunto. Un vampiro con depresión porque la vida es muy larga y los humanos somos unos cafres de mucho cuidado. Razón no le falta, pero quizá a veces la idea sea un poco reiterativa.

Lo que nos queda es la cultura, en concreto la música. Según un amigo que la vio en un festival, el discurso de la película es que la parte buena de ser vampiro es que puedes escuchar toda la música del mundo, y que para apoyar esa tesis tiene una banda sonora espectacular.

Ya hemos dicho que la banda sonora es sin duda lo mejor de la película, pero eso no desmerece a la película en absoluto, porque esta banda sonora es mucha tela. El arte, sobre todo representado por la música, es uno de los grandes temas de la peli y la partitura tenía que estar a la altura.

Como mi amigo va a tener razón, además de buena música espero unos buenos diálogos trascendentales, un poco de esa glorificación del tiempo muerto que tan bien se le da plasmar a Jarmusch y, ya para nota, una película que nos recuerde la parte buena de que todos nos muramos tarde o temprano.

A veces no sabes muy bien hacia dónde va la historia, pero luego recuerdas al director que estás viendo y te das cuenta de que eso es lo de menos, que lo que importa es la escena que estás viendo en ese momento. La parte buena de esto es que disfrutas más el recorrido independientemente de donde te lleve, pero a la vez sobre cada escena recae una responsabilidad que no siempre satisface.

¿Qué gafas me llevo?

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Entonces: ¿voy a verla?

Difícil pregunta. La película solo entusiasmará a los fanáticos más talibanes del director y a algún melómano entregado. Para el resto la cosa dependerá de cómo os adaptéis a su paso de tortuga y si conectáis con su fino humor. Es una buena película y hay posibilidades de que os guste, pero prefiero no mojarme para que no la toméis conmigo.

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