Cuando veas las barbas de tu vecino cortar… (canciones para un cambio generacional)

Es la expresión de las últimas semanas: vivimos un cambio generacional. En la política, ahora, porque antes lo hemos vivido en muchos ámbitos. Lo vivimos en el deporte durante la última década, en la que los deportistas españoles comenzaron a ganar allí donde nunca lo habían hecho, aunque ya parezca que nos hayamos acostumbrado.

Lo vivimos en la cultura, donde comenzamos a encontrar cineastas que no solo se atreven a rodar en inglés, sino que lo hacen realizando taquillazos aunque sean víctimas de una industria que languidece y les obliga a salir fuera para realizar sus proyectos. Cuando vemos que se pueden atacar temas en una sala de cine que antes eran intocables y generan fenómenos de audiencia que siguen pareciendo inexplicable

También lo vivimos en el periodismo, donde hemos pasado de mirar con escepticismo a los nuevos proyectos para incorporar, en un periodo de tiempo inusitado, nuevas cabeceras de referencia por su gran trabajo en el mundo online. Incluso esta misma semana asistimos a la dimisión de un responsable político español en el Europarlamento por una revelación de un medio nativo digital, Infolibre, sobre una SICAV. Estamos tan poco acostumbrados a ver dimisiones, aunque sean en Estrasburgo…

El cambio generacional ya es ‘mainstream’

En realidad, la expresión nos ha invadido en las últimas semanas de una forma casi insoportable, y de la mano de una de las estructuras menos dinámicas de nuestro país. El ya rey abdicado Juan Carlos I lo afirmaba al afirmar que dejaba paso a una generación más joven que pudiera “emprender con determinación las transformaciones y reformas que la coyuntura actual está demandando” y “afrontar con renovada intensidad y dedicación los desafíos del mañana”.

Cuando se produjo esa abdicación, nos preguntábamos aquí si alguien captaría el mensaje. Al menos, a nivel político se han producido movimientos: el PSOE ha acometido por fin ese proceso de renovación interna que deberían haber hecho antes de gritar como locos que habían vuelto.

(Con ver el primer minuto vale, no encontré una versión más corta)

Incluso Izquierda Unida, después del patinazo con la SICAV de los europarlamentarios y la dimisión de Willy Meyer, anunciará este sábado reorganizaciones en su estructura federal que colocan al diputado Alberto Garzón y a otros componentes menores de 30 años dentro de los principales ámbitos de la federación de partidos de izquierda.

Parece como si la Casa Real hubiera sido, en un símil futbolístico, esa defensa adelantada que tira el fuera de juego y obliga al ataque contrario a moverse para no incurrir en posición antirreglamentaria. No hay nada más defectuoso para un partido que aspira a algún tipo de transformación social que transmitir mayor sensación de estancamiento que una institución tan estanca como la monarquía.

Al menos eso lo han percibido, ahora habrá que preguntarse qué parte de este cambio generacional tiene de aspiración sincera y qué parte de ‘cultura del Gatopardo’, como la bautizaba Gaspar Llamazares en la entrevista que tuvo el año pasado con Mayhem:

“Yo diría que el pie forzado fundamental, la herencia fundamental del franquismo, es la de El Gatopardo: la de que cambie todo para que no cambie nada, o que no cambie nada de lo fundamental. El Gatopardo es la íntima unión -igual que a nivel de la política neoliberal hay una íntima unión entre ultraliberalismo y plutocracia- que en nuestro país hay entre oligarquía económica, fundamentalmente construida y fortalecida durante el franquismo, y oligarquía política, fundamentalmente bipartidismo. Yo creo que ese maridaje entre oligarquía económica y bipartidismo, que ha estado presente y ha dominado y pervertido la vida política durante estos años (…) es el que está claramente en crisis”, nos decía Llamazares en una entrevista imperdible que podéis consultar aquí en reportaje y aquí con la conversación completa en texto.

¿Un verdadero cambio generacional?

Uno de los problemas que tiene la noción de un cambio generacional es que, por sí misma, no significa nada. Cambiar una generación por otra, por mucho que intentemos verlo bajo el cristal de la esperanza en la siguiente generación, no es más que eso: sustituir personas por las que las suceden en orden inverso de edad. Nada garantiza que la siguiente generación sea más capaz que la anterior para solucionar los problemas.

Sin embargo, confiamos en la nueva generación porque, de alguna forma, la antigua estaba tan asociada a las causas de los problemas que muchos dudábamos de que tuvieran claro cómo identificarlos. De que supieran cuáles eran. De que vivieran la vida real, fuera de los informes, las estadísticas, las reuniones con ‘lobbys’, los mítines, los argumentarios… Queremos pensar y confiar en que la nueva generación, sea como sea, al menos lleva menos tiempo viviendo ese microclima y más en el mundo real. Y eso nos carga de esperanza.

Entretanto, mientras esperamos a ver qué ocurre en este cambio de cartas generacionales, no podemos dejar de preocuparnos por la generación siguiente. Son demasiados los ‘flashes’ respecto a los problemas de nutrición infantil que, de poco en poco, vamos percibiendo en la sociedad española.

El último gran golpe de realidad nos lo ha dado UNICEF, la agencia de las Naciones Unidas para la Infancia, esa que considerábamos que solo tenía algo que decir respecto a los niños del Tercer Mundo, que ha revelado que el 27,5% de los niños españoles vive en riesgo de pobreza y que el abandono escolar está por encima del 23%. Esperemos que esta nueva generación que se apresta a asumir nuevas responsabilidades sepa –sepamos- proteger a la generación que viene.

***

Foto de portada: Alfredo Pérez Rubalcaba, el rey Juan Carlos I y Willy Meyer (Montaje: Mayhem con fotos CC del mensaje de abdicación del Rey, Rubalcaba en Flickr y Meyer en Flickr)

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