El sueño de Ellis: Melodrama sin emoción.

No se anda con rodeos James Gray para presentar un melodrama en el la culpa nunca es de los personajes, sino del contexto. La ciudad de Nueva York durante la I Guerra Mundial aparece como un territorio hostil en el que los inmigrantes eran el objetivo perfecto de buscavidas sin escrúpulos dispuestos a sacar dinero sin prestar especial atención al suelo ético sobre el que caminaban. Pero tampoco ellos son culpables. Una ciudad darwinista y hostil como la que se muestra en la película no concede premios a los prudentes ni a los que no andan vivos, y por el contrario no tiene piedad de arrastrar al pozo a quien no sabe ver un clavo ardiendo cuando lo tiene delante. La ciudad de las oportunidades puede serlo porque sobre todo hay perdedores.

En este contexto es en el que se mueven Ewa y Bruno. Ella es la inmigrante que no tiene donde ir, pero tampoco podría moverse aunque apareciera un destino porque su gran objetivo es sacar a su hermana de la isla de Ellis en la que la mantienen en tratamiento por su tuberculosis. Él es el explotador que olvida como cumplir su papel porque resulta que la empieza a querer. Ambos se aman y se odian y nos sirven como un ejemplo perfecto de las relaciones de codependencia que se intensifican en los contextos de necesidad. A ninguno le viene bien el otro para sus objetivos y lo saben, y aun odiándose en el fondo se empeñan tercamente en poner sus destinos en el mismo carril. Esta extraña dinámica de amor, dependencia y destrucción es lo que hizo de Two lovers una película que se quedaba grabada en la cabeza y es también lo más acertado de la última película de Gray.

El problema es que casi nada más funciona. El personaje de Marion Cotillard es un alma cándida e inocente que se ajusta tan bien al tópico de pobrecita emigrante que lo mismo podría servir para un drama como este que para una parodia del Saturday Night Live. Bruno por su parte es un personaje errático y bipolar con el que es imposible identificarse porque es casi imposible leerlo. El resto de actores van y vienen por allí sin aportar mucho más que un par de clichés y la función que les haya sido asignada en el guion, y este, por su parte, es incapaz de darnos lo que prometía en un arranque muy superior a lo que veremos después.

Aun así es difícil meter a El sueño de Ellis en el saco de las películas que habría sido mejor que nos ahorráramos, porque además de sus actores de primerísimo nivel tiene un desarrollo y una puesta en escena de los que no se pueden decir muchas cosas malas. El problema es que simplemente no consigue emocionar como le gustaría y se conforma con arriesgar en pequeñas cosas en lugar de haber apostado a lo grande. Es por eso que no significará un borrón en la filmografía de James Gray pero tampoco una película de la que casi nadie se acuerde una semana después de haberla visto.

Lo que dije de El sueño de Ellis

Ahora mismo podría escribir Joaquin Phoenix cincuenta veces, llenar dos párrafos y quedarme tan tranquilo, pues es de sobra conocida mi condición de socio de honor en la secta de adoradores de Joaquin Phoenix. Cualquier cosa que haga merece ser vista por el simple hecho de que él salga, pero siendo justos El sueño de Ellis promete mucho más.

Acostumbrados como estamos a que Phoenix nos deje con la boca abierta cada vez que aparece en una película, su interpretación aquí nos deja un poco fríos. Un personaje desdibujado como el suyo no ayuda, pero aun así hay momentos en los que consigue emocionarnos cuando nos deja ver al niño grande que en realidad representa este chulo.

Nueva York, inmigración y años veinte son una mezcla seductora donde las haya. Una tierra de oportunidades, sí, pero también un paraíso para rufianes de todo tipo aprovechando el caos para canalizarlo a su favor. Un contexto muy chulo para hacer películas, más aun si detrás de ellas está un David Gray que nos ha demostrado que sabe contar historias de amor (Two lovers) y también de tiros (La noche es nuestra). En Cannes no cumplió con las expectativas pero albergo esperanzas en que sea una buena película y los críticos (una vez más) estén equivocados.

Esperaba bastante más de la película y su director, aunque tampoco puedo decir que haya salido completamente decepcionado. Es una película correcta que tenía muchísimo más jugo del que los autores han conseguido sacarle. El Nueva York del que habla El sueño de Ellis ha visto historias mucho mejores enmarcadas en sus fronteras.

¿Qué gafas me llevo?

sueño-ellis-grafico-prejuicioso

Entonces: ¿voy a verla?

Si te pilla una ola de calor en la calle y tienes un cine cerca puede ser una buena manera de refugiarse, pero con el buen tiempo que hace y lo entretenidos que están siendo los partidos del mundial desde que nuestros jugadores se fueron de vacaciones, creo que puedes pensar un par de planes mejores sin demasiado esfuerzo.

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