Gowexgate

Si lo supiéramos todo, jugaríamos más a la lotto. A mí me ha pillado por sorpresa lo de Gowex, aunque es cierto que hace al menos un par de años que dejé de interesarme demasiado por ellos. No soy el único, como veréis.

Todo empezó porque una firma de analistas emitió un informe en el que decía que la compañía española de suministro de wifi público Gowex valía cero euros.  Más allá de lo radical que puede resultar esta afirmación, casi histriónica, a estas alturas todo pinta feo. El Banco Santander ha venido a confirmar que las acciones de Gowex, efectivamente, valen cero euros.

Aquí se pueden leer unos cuantos pecados de la empresa, entre los que también está tener en su cartera de clientes a empresas como Telefónica, que han salido a desmentirlo y a afirmar que ni hablar del peluquín.

A Jenaro, el sufrido CEO calvo, se le ha caído el pelo. El juez ha establecido una fianza de 600.000 euros para él. Porque, sí, el asunto le ha olido raro al juez Pedraz, Y tiene todo el sentido, dado que estos hechos que se estudian habrían dañado a los trabajadores, a los inversores y a la Marca España, si esta no es ya una marca de saldos.

Pero, como he explicado al principio, algunos caímos en su presunta red de medias verdades.

Algunos hemos sido lo suficientemente ingenuos como para creer esta historia, en la que podíamos atisbar alguna viabilidad. Explica la situación Miguel Ángel Uriondo: Jenaro era un vendemotos, pero no menos creíble que cualquier adalid del emprendimiento digital español. A menudo, las start-ups viven de discursos optimistas en exceso, con modelos de negocio naïves que conjeturan su ROI como quien construye castillos en el aire. Dato curioso: en francés se dice “castillos en España” -chateaux en Espagne-.

Responsables de este desaguisado serán los que sentencie el juez, si es que reconoce a algún culpable. Pero algo de culpa tendremos que repartir entre los demás. Algo funciona mal. Estos supuestos pufos se tienen que evitar con buenas auditorías, capaces de indagar en la naturaleza de los contratos de las empresas y en su viabilidad.

Quizá una mejor regulación tampoco haría daño, especialmente para empresas cotizadas, abiertas a la compra de acciones por parte del público. Pero la prioridad de las leyes para esta legislatura es decirles a los niños que tienen que creer en Dios y a las mujeres que ellas no deciden sobre sus cuerpos. Muy liberal todo, claro.

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Foto de portada: Jenaro García en el ITU Telecom World 2012 (Foto: ITUPictures)

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