Ficciones para una canícula

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En Mayhem, como en cualquier medio de comunicación serio que se precie, la ficción tiene un papel fundamental. La diferencia es que nosotros la separamos del resto de contenidos.

Quizá inspirados en la que fue una las grandes referencias de lo que un día llegaría a ser Mayhem, la añorada Orsai, uno de nuestros pilares desde el primer grito de rabia contenida fue la ficción, que entendíamos como complemento necesario para el periodismo riguroso. Como proponían Casciari y El Chiri, queríamos (y queremos) hacer nuestra revista favorita, la revista que querríamos leer. Y, partiendo de esa base, que ya parecía de ciencia ficción, no podríamos estar más contentos con lo que, un año largo después, hemos escrito y leído.

Rebobina

No voy a sorprender a nadie si digo que Rebobina es una de las (muchas) niñas bonitas del equipo de Mayhem. La novela por entregas de Fernando García de la Cruz finalizó el pasado sábado con su decimoctava entrega y todos nos sentimos un poco tristes y muy orgullosos por ello. Además, como sabemos que la presencia de Fernando en Mayhem no se va a acabar con Rebobina, podemos respirar tranquilos.

Para aquellos afortunados inocentes que aún tengan por delante el regalo que supone leer Rebobina por primera vez, baste decir que esta es una novela caleidoscópica, como las luces que iluminan el hotel de Córdoba en el que Juan Águila -el presunto detective esquivo, misterioso y algo estrafalario que protagoniza estas líneas con aire de novela negra- habrá de ser amado y traicionado a partes iguales.

Si, como decíamos, eres uno de esos pobres incautos que aún no se han dejado atrapar por este imprescindible folletín, pasa un par de páginas de la versión compilada de sus primeras seis entregas y verás como el resto ya van solas, una detrás de otra. Cuando las acabes, no te preocupes, que los siguientes seis capítulos también los tenemos empaquetados para leer en el dispositivo que prefieras. Para cuando hayas acabado la segunda parte, que será antes de que te des cuenta, ya habremos preparado y subido a la web la tercera recopilación, la que incluye el final que te dejará con la boca abierta.

¿Necesitas más? Aquí tienes el arranque de Rebobina:

Terraza de una cafetería de la Avenida del Gran Capitán, Córdoba.

Septiembre, 2013.

Sí, sí, por supuesto que sí. Fui yo el que le habló de Elston Gunn a aquel joven de gafas grandes… Juan Águila creo recordar que era su nombre. Sí, así se llamaba; uno no olvida a un sujeto tan peculiar. Y ya le digo: fui yo, no ningún otro, el que le instó a escribir el libro y resolver el enigma; lo puse a prueba, desperté su interés por el asunto y no me arrepiento… Pero claro que puede grabar lo que se le antoje. La conversación, claro, claro; faltaría más… Siéntese, siéntese, por favor. Estas no son maneras de iniciar una charla. Venga, póngase cómodo. ¿No se quita la americana? Ah, pues está usted equivocado por completo. Cada vez que el tiempo es liviano yo aprovecho para quedarme en mangas de camisa y airear la piel, que luego vendrán los fríos del invierno, ya sabe. En fin, como usted guste. Si está cómodo… Espero que no le importe que ya haya empezado sin usted. A cierta edad resulta espantoso tener la boca seca. Se le queda a uno la lengua pegada al paladar, una sensación horrible… No, no, por favor, tutéeme. Nada de don Amadeo o señor Garrido. No estoy cómodo con esa deferencia en el trato. Le echa a mi pobre corazón más años de los que ya tiene y, créame, son unos cuantos. Pero, aunque vea mi barba blanca, mi espíritu sigue siendo joven.

Adulthood

La vida es el eterno tira y afloja al que llamamos hacerse mayor. Un proceso que comienza en el paritorio y que no acaba hasta la tumba. Gonzalo Acha y Cristina Arias tuvieron la genial idea de meterse en el lío que supone poner en orden algo que tiene que ser caótico por obligación.

Narrando instantes, como si sus relatos fueran fotografías que fijan atómicos y casi imperceptibles pasos en el camino hacia la edad adulta o -por si algún valiente está leyendo estas líneas- hacia la madurez, Cristina y Gonzalo han enganchado a un buen puñado de lectores que, cada quince días, buscamos en sus palabras un espejo en el que siempre nos vemos reflejados, para bien o para mal.

El relato de Cristina Canción pop de verano es, ya desde su título, quizá el más propicio para estas fechas, pero dejadme que os recomiende también los maravillosos Lindy Hoopers, La cuerda mágica, La teoría Radiohead o el fundacional El pecho de Marina, del que os dejo unas líneas para abrir boca:

En algún momento me quedo dormida. Unas horas más tarde escucho el despertador y me reúno con mi amigo en la cocina. Mientras preparamos café, le pregunto por encima de mi dolor de cabeza que cómo se llama la novia de su compañero de piso. Con gesto de sorpresa ante mi inesperado acierto sobre la situación sentimental de una persona a la que desconozco, contesta “Se llama Marina”. Después añade “Se licenció en Bellas Artes hace un par de años. Está intentando dar clases de pintura como autónoma, aunque no es fácil encontrar alumnos en esta coyuntura”. Los dos miramos al suelo perpetuando el silencio. Él acaba de terminar unas prácticas y no sabe qué va a pasar en los próximos meses. Yo regreso al extranjero dentro de tres días, donde tengo trabajo, y la distancia de la gente me va erosionando por dentro.

De repente, mi amigo levanta la vista y hace una broma. Es muy mala, pero me acuerdo del pecho pintado de verde esperanza de Marina y sonrío.

Fáctulas

Si decía más arriba que la ficción en Mayhem la entendemos como un complemento del periodismo, no eran palabras huecas. Antonio Machado escribió con acierto que “se miente más de la cuenta por falta de fantasía: también la verdad se inventa”.  Es una cita que me apropio siempre que puedo y para hablar de los relatos de Marta Quintín parece estar hecha adrede.

Ver cómo los personajes de los cuentos de Marta crecen en nuestras cabezas, escucharles hablar y pensar, imaginar, a fin de cuentas, nos hace sentir realidades pretendidamente complejas de una forma mucho más tangible y cercana. Su compromiso, sensibilidad, humor y su constante buen gusto hasta frente a las situaciones más difíciles siempre convierten el punto de vista de las fáctulas en una agradable sorpresa.

A punto he estado de dejaros un detalle de Cuando toca saltar, pero su relación con la cita destacada de Adulthood me ha hecho decantarme por la emocionante Venas que no sangran¸ aunque os pido que no lo dejéis aquí y que, cuanto menos, disfrutéis también del descacharrante díptico de Biografías no autorizadas de un soberano revenío (I y II), la dura La segunda muerte y la premonitoria Y tú, niña, ¿de quién eres?

Ante sí surgen las manos del barbero. Son negras. Unas manos enormes, toscas, pero pulcras. Con las uñas cuidadosamente recortadas, con forma de almendra tostada, aunque el color rosáceo se destaca especialmente en la piel ruda y chocolateada, que se va anaranjando gradualmente al llegar al territorio bordado de las palmas, con su urdimbre de hilos de vida y de fortuna. Una de las líneas  -vete a saber cuál, que él no entiende de artes de gitano-, se encuentra bruscamente interrumpida por una cicatriz, abultada como un gusano, tan rosada como las uñas o la ternura de una herida sin cerrar.

Las manos del barbero afilan la navaja con presteza, produciendo un sonido sibilante y aguzado. Acto seguido, las deja en una mesita a su lado y comienza a embadurnarle la cara con un crespón de espuma rizada y cremosa. Parece nata montada. Le estorba los labios. Si no quiere tragársela, lo mejor es que no hable. El barbero tampoco habla. Sólo se oye su respiración, pesada, sorda, acompasada. Su metódico trajinar. El más mínimo sonido producido por el más leve roce parece perforar el silencio como un objeto punzante. Los dedos del barbero resultan inusitadamente suaves. Pero son diestros. No titubean ni un segundo. Saben lo que se hacen.

Moncloa’s Flying Circus

Coger el germen satírico de las viñetas de actualidad política, ponerle ciego a sustancias prohibidas en el mundo occidental, obligarlo a tener una noche de desenfreno con las viejas radionovelas y meterlo de una patada en el culo, todavía resacoso, en el espacio multimedia digital es una idea bastante aproximada de lo que fue el proceso de creación de Moncloa’s Flying Circus.

Esta criatura de Raúl Mora le pegó un buen repaso a todo nuestro gobierno actual en los diez episodios de su primera temporada, puramente radiofónica, antes de dar un nuevo salto de madurez y calidad al pasarse a la fórmula de combinación de formatos que llegó con “El Becario”.

Para acercarse al psicotrópico humor de Raúl, es imprescindible empezar por el principio y conocer a cada uno de los miembros del Gobierno que rige nuestros destinos. Pero no os quedéis ahí, entrad hasta la cocina de Moncloa para encontraros con Millán Salcedo rezándole a la Virgen del Rocío, descubrid toda la verdad detrás de la defensa de la infanta Cristina en el Caso Nóos, las razones del pinchazo de Eurovegas, los movimientos en la sombra de Génova para darle la patada al impertérrito Mariano o (y con esto me despido, deseándoos un feliz verano, cargado de ficciones) los regalos de Reyes del Consejo de Ministros:

A Cristóbal Montoro… una suscripción anual a Meetic.es, para que pueda hacer nuevos amiguitos, ya que entre sus colegas de Gobierno, las Comunidades Autónomas, los artistas, los medios, Hacienda y todos los españoles a los que ha puteado con sus subidas de impuestos, el hombre no tiene ni con quien tomarse un café. Con suerte encontrará también a alguien especial. Para liberar tensiones más que nada, que se le ve falto.

A Jorge Fernández Díaz… como Papa Noel ya le trajo un camión controlador de masas, no vamos a ser menos que ese gordo cabrón, así que le traemos su propia flota de Robocops, más eficaces y letales que los policías y la seguridad privada y, lo mejor de todo, cuando vengan a final de mes a pedir el sueldo, ¡se les desconecta!

A Ana Mato… una tarjeta de socia VIP en un salón de tatuajes. Todos hemos visto Memento y sabemos lo dura que es la vida con la enfermedad de Ana Mato, incapaz de acordarse de nada. Así que, emulando al protagonista del film, Ana podrá tatuarse todo lo que necesita recordar a lo largo de su cuerpo. Así podrá responder a todas esas preguntas que la torturan, desde “¿de dónde cojones ha salido este Jaguar?” hasta “¿quién es usted y qué hace bajándome las bragas?”

A José Manuel Soria… como nos han salido baratitos, le traemos dos regalos. El primero, una foto con sello de autenticidad junto a José María Aznar, para que pueda demostrar a todo el que se lo pregunte que no son la misma persona. En segundo lugar, un buen tarro de vaselina, para cada vez que toque reunirse con los directivos de las eléctricas. El motivo lo dejamos a la imaginación.

A José Manuel García Margallo… sabemos que la situación de nuestro país o algunas de nuestra polémicas nuevas leyes le suscitan preguntas incómodas al pobre José Manuel en sus viajes por el mundo. Por eso, como regalo, le hemos contratado un equipo de lujo que le sirva como “back up”: José Antonio Camacho, Tomás Roncero, Hipólito “Poli” Rincón y Manuel Esteban “Manolete”. A cada pregunta incómoda, Margallo soltará a estos cuatro Jinetes del Apocalipsis, que bombardearan al ministro de Exteriores de turno con historias sobre el orgullo de ser español, desde el 12-1 a Malta hasta el Mundial de Sudáfrica, ante las cuales, abrumado, acabará vomitando el cerebro.

A Miguel Arias Cañete… una estancia de 7 días y 6 noches en uno de los mejores vertederos del mundo, que para Cañete es a la vez buffet de lujo, parque de atracciones y hotel de 7 estrellas.

A Soraya Sáenz de Santamaría… ya que tiene el curioso marrón dar la cara ante los medios casi cada viernes y a pesar de que ya ha tomado medidas para que sus comparecencias sean más cómodas, le regalamos el plasma de Mariano, que el muchacho ya no le da ningún uso. Sé que es un regalo de segunda mano, pero a joderse.

A Mariano Rajoy… debido a su probada y excepcional habilidad de superar ruedas de prensa sin pronunciar las palabras clave (“rescate”, “Bárcenas” o “aborto” dan buena cuenta de ello) le regalamos la edición profesional y actualizada del ‘Tabú’, con las 200 palabras que deberá evitar a toda costa durante 2014. Y no se preocupe, a pesar de las miles de peticiones para que lo hiciéramos, no hemos incluido los términos “herencia” y “recibida”.

***

Fotos de portada: Kit de afeitado tradicional (Foto: Wikimedia); Playa (Foto: Pixabay); Casetes (Fotos: Laurent Hoffman) y Consejo de Ministros presidido por Mariano Rajoy.

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