Escocia ante el veredicto de las urnas

Entre jugosas promesas de mayor autogobierno si deciden quedarse en el Reino Unido y rotundas amenazas de cataclismo económico si se van, los escoceses acuden hoy a la cita más importante con las urnas de los últimos 300 años. Lo hacen conscientes de que cada sufragio cuenta en una votación que se prevé muy ajustada después de que la diferencia entre ambas campañas se haya recortado vertiginosamente en las últimas semanas.

“He recorrido este país en más de una campaña, pero nunca había experimentado una ola de activismo político tan notable. Si ganamos, y eso está ahora en nuestras manos, será gracias a las miles de personas a lo largo y ancho de Escocia que se han convertido en líderes en sus comunidades”, aseguraba el ministro principal escocés y líder del Partido Nacionalista, Alex Salmond, el miércoles desde Perth en el discurso final antes de la votación.

Resultados de encuestas sobre la intención de voto en el referéndum desde febrero de 2013 (Fuente What Scotland Thinks)

Resultados de encuestas sobre la intención de voto en el referéndum desde febrero de 2013 (Fuente What Scotland Thinks)

Consciente de que las encuestas a menos de 24 horas de la apertura de los centros electorales le daban la victoria al unionismo por un ligero margen de entre dos y tres puntos, lanzaba los últimos dardos envenenados a sus contrincantes: “La reacción del establishment en Westminster a esta demostración de poder popular está hablando por sí sola. Es la reacción de esos pocos poderosos que creen saber siempre qué es lo mejor, que el poder debe estar siempre en sus manos”, afirmaba.

En sus palabras quedaba claro el estado de ánimo final de una campaña que subió el tono súbitamente el pasado domingo 7 de septiembre cuando una encuesta de la empresa demoscópica YouGov (ver en PDF) situó por primera vez al “sí” por delante del “no” con una diferencia del 51% frente al 49% e hizo reaccionar en bloque no solo a los tres principales partidos unionistas, cuyos líderes cancelaron sus agenda y corrieron a pedir el voto para el “no” sobre el terreno, sino también a la banca, grandes empresas y al sector financiero.

La incertidumbre ante una votación que los unionistas daban por ganada ha dejado tras de sí episodios de máxima crispación como el protagonizado por el líder laborista Ed Miliband, quien el pasado martes durante una visita a un centro comercial en Edimburgo tuvo que abandonar el lugar antes de lo previsto al verse en medio de una algarabía entre partidarios y detractores de la unión.

Más poderes para Escocia si vota “no”

En un acto histórico, el primer ministro, David Cameron, el líder laborista, Ed Miliband, y el viceprimer ministro y líder del partido Liberal Demócrata, Nick Clegg, firmaron el martes un comunicado conjunto por el que se comprometen a transferir más competencias a Holyrood si los escoceses rechazan la independencia.

Una niña posa mientras varios adultos hacen campaña por el "sí" (Foto: John Deckard)

Una niña posa mientras varios adultos hacen campaña por el “sí” (Foto: John Deckard)

“Estamos de acuerdo en que el Reino Unido existe para garantizar oportunidades y seguridad para todos mediante el reparto equitativo de recursos a lo largo y ancho de las cuatro naciones para asegurar la defensa, prosperidad y bienestar de cada ciudadano. Y gracias a la continuación de la fórmula Barnett de reparto de recursos, y de los poderes del Parlamento escocés para recaudar impuestos, podemos afirmar categóricamente que la última palabra sobre cuánto se destina al NHS (el servicio público de salud) será del parlamento escocés”, puede leerse en el texto.

Esta carta viene a reforzar lo que ya el ex primer ministro laborista Gordon Brown expuso la semana pasada, cuando habló de un plan de mayor autogobierno con mayores poderes económicos y fiscales para el parlamento de Holyrood que se empezaría a negociar sin demora al día siguiente de la votación y por el cual el país ganaría más competencias en un plazo de tiempo menor que abandonando el Reino Unido.

“El statu quo ya no es una opción (…). La elección ahora es entre una separación irreversible, o votar por un parlamento escocés más fuerte. Estamos hablando de un gran cambio en la constitución, de autonomía en el Reino Unido. Nos estaríamos moviendo bastante cerca de algo cercano al federalismo”, aseguró.

Este plan, cuyos detalles no serán acordados hasta después de la votación, supone en la práctica una revisión de la estrategia impuesta por Cameron a la hora de negociar los términos del referéndum cuando rechazó una respuesta intermedia con el objetivo de poner al  independentismo contra la pared, sin medias tintas posibles, lo que podría costarle el puesto si Escocia decide marcharse.

A estas alturas, con una campaña secesionista que ha pasado de ir 22 puntos por detrás a rondar el empate en poco más de mes y medio, el unionismo, con el primer ministro británico a la cabeza, se ha visto obligado a aceptar mayores niveles de autogobierno que los previstos inicialmente en un último intento por salvar los muebles. Desde que el 15 de Octubre de 2012 Cameron y Salmond firmasen el acuerdo para celebrar el referéndum, nadie en Londres había creído que la independencia escocesa pudiese tener alguna posibilidad real de victoria.

Parece que poco a poco ha ido calando entre los indecisos la idea de que votar por el sí es la única manera de evitar que gobiernos conservadores elegidos mayoritariamente por el electorado inglés tengan poder de decisión sobre un territorio especialmente hostil al partido de David Cameron y a sus políticas de austeridad.  El argumento de que solo votando por el “sí” se conservará intacto el sistema de salud público o se reducirá la tasa de pobreza es bastante popular entre el electorado más progresista, especialmente entre antiguos votantes laboristas desencantados con su partido.

En este sentido se pronuncia Graeme Sneddon, escocés de 23 años, integrante de la llamada “Generación Yes”, quien en los pasillos de la Universidad de Glasgow -donde acaba de empezar un máster de comunicación política-, afirma que votará a favor de la independencia porque está convencido de que sólo así se podrá eliminar el “déficit democrático” que obliga a Escocia a tener gobernantes en Londres por los que nadie ha votado.

Un grupo de personas hace campaña a favor del "sí" en un parque de Edimburgo. (Foto: John Deckard)

Un grupo de personas hace campaña a favor del “sí” en un parque de Edimburgo. (Foto: John Deckard)

Además añade: “Si somos independientes se pondrá fin a la centralización de poder y será una magnífica oportunidad para tomar las riendas del país, mejorar la calidad de vida y afrontar problemas pendientes como la alta tasa de pobreza”.

A su lado, Emma Hyndman, graduada en magisterio y también estudiante de posgrado, niega con la cabeza. Ella piensa votar no. Argumenta que hay “demasiada incertidumbre económica” sobre lo que pasará si gana la independencia. Crítica que los partidarios del “sí” piensen que las reservas de gas y petróleo van a pagar los elevados costes del sistema público de bienestar y que no hayan sabido dar una respuesta clara a cosas del “día a día” cómo qué moneda usarán.

Ambos coinciden en que el segundo debate entre Salmond, y el líder de la campaña unionista, Alistair Darling, el pasado 25 de agosto, fue el punto inflexión para que muchos indecisos se decantasen por el ‘si’. Fue un claro ejemplo de cómo la campaña Better Together (“Mejor Juntos”) tiene problemas para conectar con los votantes por culpa de un discurso organizado en torno a resaltar los aspectos negativos de la separación (pérdida de la moneda, exclusión de la UE o la OTAN, coste económico de nuevas instituciones, etc), en lugar de enfatizar las ventajas de la unión.

Por esta razón, el discurso unionista, incluida su propuesta de mayor autogobierno, no parece estar siendo tan determinante a la hora de convencer a los últimos indecisos como las amenazas de una auténtica catástrofe económica si Escocia abandona la Unión.

Desastre económico si Escocia se va

La encuesta que dio por primera vez la victoria al “sí” el pasado domingo 7, además de una inmediata respuesta política, tuvo repercusión a nivel económico. Al día siguiente de su publicación, la libra esterlina cayó a su nivel más bajo de los últimos 10 meses y el valor de las acciones de bancos y aseguradoras con sede en Escocia (Standard Life, Lloyds Banking Group, and Royal Bank of Scotland entre los más conocidos) se redujeron significativamente.

Sin esperar a que sus valores siguiesen bajando, el Royal Bank of Scotland, participado por el Gobierno británico en un 80% tras ser rescatados por el Banco de Inglaterra en la crisis financiera de 2008, confirmó en la última semana algo con lo que ya se venía especulando desde hace tiempo, que trasladará su sede a Londres si Escocia vota para la independencia. El Lloyds Banking Group, también con participación estatal, se pronunció en el mismo sentido.

Las entidades financieras esgrimen argumentos de falta de certezas sobre temas primordiales, como la moneda que usaría una Escocia independiente.

Las entidades financieras esgrimen argumentos de falta de certezas sobre temas primordiales como la moneda que usaría una Escocia independiente o qué parte de la deuda británica asumiría en caso de independizarse. Por el momento, el Gobierno británico y el Banco de Inglaterra han dicho que sólo sería posible compartir la libra si Escocia acepta una estricta supervisión fiscal y económica que en la práctica anularía cualquier forma de independencia.

También el Fondo Monetario Internacional ha intervenido en la campaña alertando de que un voto por el “si” podría resultar en “agitación de los mercados financieros” lo que crearía “incertidumbre” entre los inversores, quienes ya se han deshecho de cerca de 1.700 millones de libras del mercado británico, lo que supone la mayor venta de valores desde que colapsó el banco Lehman Brothers en 2008, según publica el periódico The Times.

Más visible aún para el votante medio que el cambio de registro de entidades bancarias o la huida de los inversores es la advertencia de varias cadenas de supermercados sobre la posibilidad de un incremento en el precio de los alimentos si gana la independencia. El director de Asda, una de las principales cadenas de supermercados de Reino Unido, Andy Clarke, intervino en el debate para explicar que si Escocia se independiza tendrían que estudiar la situación al tratarse de un nuevo mercado diferente al británico y eso podría incurrir en aumento de precios.

En declaraciones a The Guardian, Blair McDougall, el director de campaña de “Better Together” resumía el mensaje al que se aferran los unionistas para convencer a los últimos indecisos: “Hemos visto en los últimos días, en toda su cruda realidad, lo que pasaría exactamente si abandonamos el Reino Unido. Los trabajos se irían, las empresas se moverían al sur, y los precios se incrementarían en nuestras tiendas. Cuando tenemos la posibilidad de votar por tener más poderes con la seguridad del Reino Unido, ¿por qué correr ese riesgo?”.

Con este panorama y tras casi dos años de campaña formal e informal, el futuro de Escocia queda en manos de las pocas decenas de miles de indecisos que inclinarán la balanza hacia un lado u otro y que darán paso, sea cual sea el resultado, a un nuevo episodio de transformación política. En solitario o de la mano del Reino Unido, esa será la cuestión.

***

Asela Viar redactó este artículo desde Edimburgo.

Foto de portada: Pintada junto a la Universidad de Edimburgo  (Foto: John Deckard)

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Una respuesta a “Escocia ante el veredicto de las urnas

  1. Gran artículo, como toda la serie que ha escrito Asela Viar. Un lujo de corresponsal en Edimburgo!

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