Paul McCartney: dadle al César lo que es del César

Hay dos apellidos principales en la génesis de la música pop tal y como la entendemos hoy en día. Uno es Lennon. El otro es McCartney. Condenado para muchos a pasar a la posteridad como el compañero aburrido y avaricioso de John, rescatamos en este Diez Temas 10 algunas de las perlas de su larga carrera, con las que ha demostrado que no se ha dormido en los laureles de ese omnipresente tótem llamado The Beatles.

Paul McCartney es una de esas personas que se aman o se odian. Figura clave para entender la música pop y rock desde los sesenta hasta hoy, el viejo Paul, convertido en una especie de Rey Midas del show business que no entiende por qué no todo el mundo se postra a su pies, está en buena forma. Muy buena forma. No sólo por trolear a los fans de Kurt Cobain al unirse a los miembros restantes de Nirvana para tocar una canción nueva (de, ejem, Dave Grohl, todo hay que decirlo) o por apuntarse un golazo marketiniano al componer un tema para el elefantiásico videojuego Destiny, sino porque sigue dominando el arte de hacer perfectas canciones de pop canónico.

Tras la traumática ruptura de los Beatles, en 1969, McCartney, consciente de su potencial como músico y creador, formó Wings con su mujer Linda. Hasta 1981, publicarían siete álbumes, entre los que se cuenta el genial Band on the run (y su icónica portada). Los ochenta verían al ex Beatle colaborar con pesos pesados como Stevie Wonder o Michael Jackson, estrellarse con una película musical en la que Ringo Starr se interpretaba a sí mismo, publicar unos cuantos discos (algunos buenos, algunos muy irregulares) y reventar estadios. No en vano, inauguró la década de los 90 con un concierto en Maracaná al que acudieron 185.000 personas, un hito en la historia de la música.

De los noventa a hoy, el viejo Paul (Sir Paul desde 1997) ha ido asentando su imagen de antigua gloria capaz de publicar discos relevantes y atraer de cuando en cuando la atención de los medios de comunicación. El beatlemaníaco Flaming Pie (1997) o los recientes Chaos and Creation in the Backyard (2005, producido por Nigel Godrich, colaborador habitual de grupos como Beck o Radiohead) y New (2013) son solo algunos de los ejemplos más relevantes de una carrera discográfica abultada y en la que no faltan ciertos desmanes propios de la fama y la excentricidad, pero también pequeñas joyas del pop que merecen una escucha atenta y con las que McCartney ha intentado demostrar que, más allá de la nostalgia, posee una voz propia, inconfundible y todavía influyente. Para él va nuestra playlist de esta semana.

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Foto de portada: PaulMcCartney, durante un concierto en Recife, Brasil, en 2012. Fuente: paulmccartney.com

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