Ser mujer en Jordania: Un camino de rosas y espinas

Desde que Jordania se constituyera como país independiente en 1946, la realidad social del país y la situación de las mujeres han ido evolucionando con el tiempo. La sociedad jordana ha ido experimentando un cambio en la emancipación de la mujer en el transcurso de las últimas dos décadas. Además, colectivos civiles y un buen número de mujeres y activistas han comenzado a denunciar la legislación discriminatoria y a reclamar una mayor presencia de la mujer en el espacio público.

Jordania es un país de contrastes en el que destacan dos realidades muy diferentes. En primer lugar, la situación de las mujeres que viven en Amán, y la realidad de las mujeres que viven en la Jordania más tradicional, lejos de la modernidad y la libertad de la gran urbe.

Jordania, a diferencia de otros estados con religión musulmana oficial, no obliga a las mujeres a cubrirse ni a llevar hiyab. En la capital del reino hachemita, Amán, es fácil encontrar a mujeres jóvenes que ya no llevan las tradicionales túnicas de algodón ni se cubren el pelo. Muchas de ellas acuden en grupos a tomar algo en la zona comercial de la capital, una actividad social que en otras zonas de Jordania es difícil ver. Sin embargo, en los pequeños pueblos y en las áreas más tradicionales es frecuente ver a las mujeres musulmanas cubiertas con el hiyab, incluso en ocasiones con el niqab. En cuanto al trabajo, hoy es más común ver a muchas mujeres jordanas, sobre todo en la ciudad, trabajando fuera de casa y estudiando en la universidad.

Una mujer jordana (Foto: Sara Martín)

Una mujer jordana realiza las compras diarias en compañía de un hombre en un pueblo del sur del país (Foto: Sara Martín)

A pesar de esta aparente libertad que emana Jordania y de que en 1992 su gobierno ratificase ante la comunidad internacional que eliminaría todas las formas de discriminación a la mujer en torno a la nacionalidad, el matrimonio y las relaciones familiares, lo cierto es que se ha avanzado muy poco y a día de hoy los códigos y leyes por los que se rige el pueblo jordano discriminan en mayor o menor medida a la mujer respecto de su compañero varón.

En este sentido, un informe de 2012 de la CEDAW, el Comité de Naciones Unidas para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer, denunció la Ley de Nacionalidad de 1954 por impedir a la mujer casada con un extranjero poder transmitir su nacionalidad a los hijos comunes.

Por ello, y desde hace varios años, las mujeres han realizado campañas y movilizaciones reclamando la igualdad jurídica y legislativa. De esta manera, Nima Habashna, defensora de derechos humanos, inició la campaña Mi madre es jordana y su nacionalidad es mi derecho en la que denunció la discriminación de las jordanas casadas con extranjeros. Dicha campaña fue seguida por numerosas mujeres (y hombres) que se sumaron a las demandas de la activista.

En 2012, alrededor de doscientas mujeres (y también algunos hombres) se manifestaron en las calles de Amán realizando una cadena humana en la que pidieron la concesión de plenos derechos civiles para la mujer jordana. Asimismo, denunciaron los crímenes de honor, la discriminación de la Ley de Nacionalidad y la posibilidad de que en caso de violación, el violador pueda contraer matrimonio con su víctima para evitar el proceso judicial. La necesidad de cambiar las leyes y de trabajar por la igualdad es una demanda de la sociedad civil actual jordana, cuya iniciativa, como no podía ser de otra manera, parte de “el otro”: las mujeres.

Los resultados tardaron en dar sus frutos pero, enero de 2014, el gobierno jordano se comprometió a revisar y garantizar algunos derechos civiles a los cónyuges extranjeros y a sus hijos, sobre todo aquellos relativos a los permisos de residencia y la mejora de las condiciones laborales y educativas de sus descendientes, que se habían convertido en ciudadanos de segunda.

Mujeres y hombres

Mujeres y hombres en la manifestación contra la Ley de Nacionalidad en Amán, Jordania (Foto: Global Voices)

Haifa Haidar, de la Unión de Mujeres de Jordania, explica que uno de los objetivos de su organización es velar porque se cumpla la edad legal del matrimonio, situada en los 18 años, un aspecto que en numerosos casos es incumplido por las familias que pactan los enlaces matrimoniales de sus hijas adolescentes antes de la edad estipulada por la legislación. Haidar también denuncia la situación de desamparo que sufre la mujer jordana en caso de divorcio: “Aunque estamos ya en siglo XXI, las mujeres jordanas siguen sufriendo una discriminación enorme. Los hombres pueden ir al juez y decir ‘esta mujer no me conviene, me divorcio‘, y volverla a enviar con sus padres, dejándola sin nada”.

Por su parte, la familia real hachemita siempre ha tratado de reflejar una imagen de la mujer jordana como mujer emancipada y completamente independiente. La última esposa de Hussein, la reina Noor, y la actual reina de Jordania, Rania, han realizado una importante labor en este terreno, trabajando con asociaciones que defienden los derechos de la mujer y mostrando al mundo occidental una cara más amable (y europea) de la mujer jordana. Si bien ambas mujeres gozan de buena popularidad en el reino hachemita y se han constituido de alguna manera como un símbolo de la emancipación femenina, lo cierto es que la realidad de la mujer jordana se encuentra muy alejada de la imagen de ambas reinas.

El camino para la igualdad en Jordania es largo, pero la presión de la sociedad civil y la perseverancia de muchas mujeres y colectivos sociales ha hecho que se consigan pequeños pasos durante los últimos años y ha contribuido a cambiar (y mejorar) un poco la situación de la mujer jordana.

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Foto de portada: Tres mujeres jordanas en Petra (Foto: Sara Martín)

Las declaraciones de Haifa Haidar han sido extraídas de Las luchas silenciadas: Jordania, un ejemplo de la lucha feminista árabe, artículo realizado por Julia López para AmecoPress.

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