Calvin y Hobbes: las tiras cómicas no son cosa de niños

Como muchos otros, descubrí Calvin y Hobbes en mi infancia, a principios de los 90, a través de esa delicia ya extinta que era El Pequeño País, el probable motor del amor por las viñetas de toda una generación de españoles.

A pesar de competir con rivales de la talla de Garfield, Marco Antonio, Leo Verdura, Spirou o El Botones Sacarino, recuerdo a la tira de Bill Watterson sobre un niño y su tigre de peluche como mi favorita, por unos motivos muy distintos a los que hoy hacen que sea uno de los comics a los que retorno de manera habitual. Rara es la semana que paso sin leer al menos una tira de C&H.

Años después, con Calvin ya enterrado entre esos recuerdos de la infancia a los que solo vuelves en las clásicas conversaciones nostálgicas tituladas “os acordáis de”, me topé con uno de los volúmenes recopilatorios de Ediciones B y su lectura me dejó impactado. El imaginativo y colorista universo que Watterson había creado, con dinosaurios, naves espaciales y todo tipo de submundos a los que Calvin viajaba en sus fantasías, seguía intacto, tal como lo recordaba, pero el contenido de las tiras (¿acaso llegué a leerlas?) no tenía nada que ver.

Reflexiones filosóficas, vitales, críticas al capitalismo, a los medios de comunicación, a la frivolidad del arte… Un enorme abanico de temas adultos en boca de un niño de 6 años y su peluche. Porque, a pesar de su apariencia, Calvin y Hobbes no tiene nada de infantil.

Temas recurrentes en Calvin y Hobbes

Watterson usa las interacciones de Calvin con el resto de los personajes para ironizar sobre un amplio abanico de temas. Calvin es la caricaturización de todo lo que pretende denunciar Watterson. En palabras del dibujante: “Calvin es la salida a mi inmadurez. Lo utilizo como una forma de mantener mi curiosidad por la naturaleza, como una forma de ridiculizar mis propias obsesiones, y como una forma de comentar la naturaleza humana”. Su actitud caprichosa y arbitraria queda contrastada por la de Hobbes, cuya deshumanziada racionalidad deja al desnudo gran parte de las ridículas actitudes humanas.

Mass media

Calvin se convierte a menudo en una figura satírica de cómo somos esclavos de la publicidad y los medios, especialmente la televisión, ya que la tira se publicó en la época previa a Internet. Calvin se entrega abierta y conscientemente al consumo de los productos de los mass media ante la atónita mirada de Hobbes.

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Reflexiones existenciales

Las excursiones de Calvin y Hobbes en su carrito suelen ser sinónimo de conversaciones más profundas entre los dos personajes. El destino, la razón de la existencia, el comportamiento humano, la religión, la muerte… Temas densos que contrastan con el gag puramente físico del carrito, cuyo viaje suele acabar, como lo haría el del Coyote de la Warner Bros., por un despeñadero.

Destino

Arte

A menudo Watterson se burla del snobismo y la frivolidad del mundo del arte, producto de sus años de estudio en una escuela artística. El arte consigue sacar la vena más cruel y gamberra del dibujante, que desnuda sus defectos sin piedad.

arte

Política

La política es un continuo en Calvin y Hobbes. Poder, comunicación política, gobierno, actitud ciudadana al respecto… Nada escapa al objetivo de Watterson.

Politica

La Navidad

Watterson ironiza a través de Calvin sobre la Navidad, y el materialismo y el consumismo reinante en ella. A través de la navidad Calvin tiene debates consigo mismo sobre el bien y el mal y los motivos para elegir una u otra opción, motivos que en su caso siempre suelen ser los incorrectos.

Navidad

Navidad 2

Es un mundo mágico viejo amigo ¡vamos a explorarlo!

Mundo magici

Así se despidió Bill Watterson de Calvin y Hobbes tras algo más de 10 años publicando sus viñetas (entre octubre de 1985 y noviembre de 1995). El dibujante decidió terminar con la tira, según confesó en su única entrevista con un medio de comunicación “porque ya había dicho todo lo que había venido a decir”.

Poco se sabe de Watterson, cuya única imagen pública remitió el mismo al periódico al que concedió esta última entrevista. La aversión por los focos no es su única “rareza”. Con millones de seguidores en todo el mundo, el dibujante pudo hacer una fortuna comercializando la imagen de sus personajes pero nunca accedió, defendiendo la pureza de su obra y negándose a convertirla en una industria.

A punto de cumplirse 20 años desde su desaparición, las esperanzas de volver a disfrutar de material original de Calvin y Hobbes son prácticamente inexistentes. Sin embargo, diez años dieron para una biblioteca extensa, diez volúmenes publicados en España por Ediciones B, cuyo éxito viene más que probado por su continua reedición. Desde aquí animo a todo amante de los comics que lo desconozca a acercarse al universo de Calvin y Hobbes, la obra que demostró que las tiras cómicas no son cosa de niños.

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