Arkham Asylum

Batman es un héroe que da miedo. Mucho miedo. Su fuerza reside en el temor que infunde en sus enemigos desde el concepto de su propio ser. Batman es el hombre murciélago, una criatura de la noche que acecha en las sombras esperando a que alguien comenta un crimen para descargar sobre él toda su ira. Cuando Bruce Wayne optó por la figura del murciélago lo hizo conscientemente. Quiere servirse de toda la tradición cultural de terror que a lo largo de los siglos se ha asociado con el murciélago para cincelar la leyenda de Batman.

No obstante, toda esta mística no es más que una mascarada para disimular su vulgaridad. A diferencia de Superman, Batman no puede volar y su inmortalidad depende únicamente de la resistencia que el kevlar de su traje le ofrece. Porque, aun siendo el azote de los criminales de Gotham City, Batman es un hombre normal. Y digo que es un hombre normal porque, pese a que su astucia, agilidad y fortuna superan de largo la del común de los mortales, Batman sufre tan profundamente como lo podemos hacer cualquiera. Al fin y al cabo, Bruce Wayne es un ser lleno de ira, que vive torturado por la culpa tras el asesinato de sus padres y que decide abrazar la identidad de Batman como un mecanismo de redención.

AA

Porque, a pesar de que con sus actos trata de llevar la luz a su ciudad, no se debe olvidar Batman vive en la oscuridad. La ha aprehendido con fuerza, como un niño asustado que cierra con fuerza los ojos por miedo a que lo que puede ver no le guste. Si los ojos no ven, el corazón no siente. ¿Por qué no quiere ver Bruce Wayne? ¿Por qué Batman se niega a sentir? ¿Qué pasaría con Batman si la ciudad de Gotham pudiera librarse para siempre del crimen?

En Arkham Asylum, Grant Morrison y Dave MacKean trataron de responder  a estas preguntas con el que para mí es el cómic más desasosegante de Batman, tanto en la forma como en el fondo. Los autores zambullen al protagonista en un mundo de locura, donde cuesta distinguir lo onírico de lo real, para tratar de desestructurar el concepto Batman y encontrar así su esencia. Y lo más importante: con Joker como maestro de ceremonias.

Quizá sea tu cabeza Batman. Arkham es un espejo y nosotros somos tú
El Sombrerero Loco

El relato de Arkham Asylum comienza con cuando Joker toma el control de Arkham, la penitenciaria de máxima seguridad donde están recluidos los más sanguinarios dementes de Gotham. Entre el sinfín de extravagantes peticiones que Joker transmite al comisario Gordon, una consigue sembrar la consternación en la mente del curtido policía. Los amotinados exigen que Batman acuda a Arkham a cambio de liberar a todos los rehenes. Aunque Gordon conoce de sobra los recursos del hombre murciélago, su corazón le dice que aceptar las exigencias de los amotinados puede suponer la sentencia de muerte para Batman. No tanto por lo que los reclusos o el propio Joker puedan hacer con Batman, sino por lo que Batman pueda hacerse a sí mismo.

El principal temor de Batman no tiene que ver con el riesgo de sufrir daños físicos o incluso de perder la vida. Lo que más teme es que Joker tenga razón sobre él y que el propio Batman en realidad no sea el héroe bondadoso que la ciudad de Gotham quiere ver, sino únicamente un enmascarado cuyas actuaciones son el reflejo de su ira.

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Cuando Batman llega a Arkham, Joker dispone una oscura cacería en la que el héroe es la pieza a batir. A lo largo de cada enfrentamiento con enemigos como Clayface, Killer croc, Espantapájaros, o El sombrerero loco, la coraza dispuesta por Batman en torno a sus traumas infantiles va resquebrajándose y haciéndole más vulnerable a cada paso que da. Sin embargo, es Arkham y no los golpes de sus enemigos lo que más daño le inflige. A medida que Batman recorre los pasillos de la institución penitenciaria, siente que las paredes de Arkham cobran vida sacudiendo los recuerdos del asesinato de sus padres y estrechando el cerco que se cierne sobre él.  Porque, como descubrirá más adelante, Arkham también tiene una cuenta pendiente con él.

Me apiado de las desdichadas sombras confinadas a la prisión que es la cordura
Amadeus Arkham

En paralelo a la cacería del murciélago, el relato de Arkham Asylum dispone otras dos tramas con las que profundizar en la historia de la penitenciaria y en su relación con Batman. Por un lado, la vida del fundador de Arkham y de sus primeros pasos a cargo de la instititución. Por otro, la traición del actual psiquiatra de Arkham, el doctor Cavendish, que ha permitido que el Joker se hiciera con el control para atraer a Batman dentro de los muros de la prisión.

Ambas tramas se entrelazan con el relato principal y sirven para explicar que Arkham es mucho más que un manicomio y, sobre todo, que la cordura y la locura son dos caras de una misma moneda [la vida], de forma que la existencia de una implica de manera inexorable la de la otra. Esta metáfora es magníficamente plasmada con el personaje de Harvey Dent, al que en este cómic se le ha despojado de su moneda con el fin de quebrar su estado constante de bipolaridad.

Arkham_Asylum_1Todo esto se consigue gracias al magnífico trabajo de Morrison y McKean, en los aspectos narrativos y gráficos respectivamente. Morrison aporta profundidad al relato, con una narración que se dispone en tres niveles diferenciados y que huye del maniqueísmo del que adolece buena parte de la saga de Batman y con personajes con aristas que cortan como cuchillas el subconsciente del lector. En este sentido, la historia de Amadeus Arkham, de Batman y del doctor Cavendish se entrelazan a la perfección, a veces en forma de ensoñación, para explicar la motivación de cada personaje y la relación de causalidad que Arkham establece con los tres.

Por su parte McKean consigue con sus ilustraciones que el lector identifique estos tres niveles y los integre al mismo tiempo, aunque se dispongan de hecho en planos temporales diferentes. Además, sus dibujos se adaptan perfectamente a cada uno de estos niveles, volviendo más difusos, más nítidos, más oscuros o más sangrientos según lo requiera el personaje que en cada momento cargue con el peso de la narración. Y es que a ojos del lector no hay un personaje de McKean que sea idéntico en todas sus viñetas porque la percepción del lector está  mediatizada por el propio personaje, que se muestra de una forma u otra en función de sus actos.

¿Qué eres? Algo más fuerte que ellos, más fuerte que este lugar. Tengo que demostrárselo
Batman

Arkham Asylum se guarda lo mejor de su relato para el final. Como he adelantado al principio de este artículo, los autores de este cómic sitúan a Batman en Arkham para llevarle a su límite físico y mental con el objetivo de descubrir cuál es su esencia y la clave de su poder. Y la idea que arrojan resulta ciertamente inquietante. Batman temía franquear las puertas Arkham por miedo a descubrir que en realidad no es tan distinto de Joker. Dentro de sus muros, el hombre murciélago confirma que sus temores, traumas y arrebatos de ira le acercan mucho más a cualquier recluso de Arkham que a los ciudadanos de Gotham.

Aunque, este argumento no es nuevo y ya se había perfilado antes de la publicación de Arkham Asylum, hasta la llegada de este cómic, en 1989, nunca se había dado una respuesta tan rompedora con la tradición de nuestro héroe. Para salir vivo de Arkham, Batman tiene que asumir que es una persona mentalmente inestable y que la muerte de sus padres constituye un capítulo de su vida sin superar.

Esta utilización de su dolor, junto con la consciencia de su propia locura, aportará a Batman la fuerza necesaria  -tanto en el plano físico como el mental- para elevarse sobre los muros de Arkham y derrotar a sus enemigos. Porque, como todo el mundo sabe, no hay nada más peligroso que cruzarse en el camino de un hombre normal cuando ha tenido un mal día. Y en la vida de Batman, Arkham Asylum ha sido el peor.

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