TTIP: Las siglas de la discordia

Desde que Adam Smith escribiese en su ciudad natal de Kirkdly, en Escocia, La riqueza de las naciones allá por 1776 y sentase las bases del libre mercado, han sido muchos los gobiernos que han emprendido pactos de diversa índole bajo la idea dominante de que el comercio entre países sin aranceles o regulaciones gubernamentales de por medio mejora el bienestar económico general. Varios siglos después, a las puertas del que podría ser el mayor acuerdo bilateral de comercio e inversiones entre dos potencias de la magnitud de Estados Unidos y Europa, una parte importante de la sociedad desafía ese planteamiento y alerta de que el convenio en los términos en los que está planteado supondrá no solo un peligro para la soberanía de los estados, sino también una amenaza para el medioambiente, la salud y los derechos laborales.

El pulso entre opositores y partidarios del llamado Tratado Transatlántico de libre Comercio e Inversiones (TTIP, por sus siglas en inglés) parecía inclinarse esta semana a favor de los primeros tras la inesperada publicación en el periódico holandés NRC de una información que aseguraba que el presidente de la Comisión Europea (CE), Jean-Claude Juncker, está decidido a eliminar el polémico mecanismo de resolución de controversias entre inversores y estados (ISDS) al ser “demasiado tarde” para ganar sobre el tema, y para enviar una señal a los ciudadanos de la UE diciéndoles que “les ha escuchado”.

La medida, que ha sido recibida con cautela y satisfacción, no es suficiente, tal y como señala el director del la ONG Movimiento por el Desarrollo Mundial (WDM, por sus siglas en inglés), Nick Dearden, cara visible de una de las organizaciones más activas en la lucha contra el  TTIP. “Si el mecanismo se elimina del TTIP, será una gran victoria para las miles de personas que en toda Europa han tomado las calles para oponerse a él. Pero es solo uno de los aspectos de la negociación que nos preocupa. El resto del acuerdo aún constituye una toma de poder masiva por parte de las grandes corporaciones y deshacerse del ISDS es sólo un paso hacia el descarrilamiento de todo el paquete”, aseguraba en un comunicado.

Estados Unidos y Europa representan  más del 50 por ciento del Producto Interior Bruto mundial y más de 600 millones de consumidores. Con estas cifras, líderes a un lado y otro del Atlántico prometen estimular las maltrechas economías creando puestos de trabajo y aumentando el crecimiento general a través de nuevos intercambios comerciales. Para ello es necesario homogeneizar las reglas del juego y reformar los marcos regulatorios de ambas entidades.  Además de reducir los impuestos sobre las importaciones y exportaciones, el acuerdo tiene el foco puesto en las llamadas “barreras no arancelarias al comercio”, la parte que mayor preocupación ha suscitado entre quienes se oponen al tratado por abrir una puerta a la regulación a la baja de los estándares de calidad.

Amenazas para el medio ambiente, la salud y los derechos laborales

La manifestación contra el TIPP del pasado 11 de octubre en Londres, junto al Parlamento Británico. (Foto: Fanny Malinen. Cedida por WDM)

La manifestación contra el TIPP del pasado 11 de octubre en Londres, junto al Parlamento Británico. (Foto: Fanny Malinen. Cedida por WDM)

El eurodiputado alemán ecologista Martin Häusling explicaba en una entrevista con Euroactive que en “América prevalece la impresión de que las regulaciones para proteger al consumidor solo existen para mantener los productos estadounidenses fuera del mercado europeo” y añadía que “la diferencia fundamental entre el sistema americano y el europeo es que allí favorecen el principio de precaución a posteriori. En otras palabras, cualquier cosa que se sirva en la mesa debe ser higiénica y sin gérmenes, pero cómo se ha producido el producto no importa. En Europa el proceso es completamente diferente”.

En este sentido, la manera en la que se trata a los animales destinados a la producción de carne no tiene nada que ver a ambos lados del atlántico. Ganado tratado con hormonas, pollo clorado o vegetales modificados genéticamente son prácticas comunes en grandes empresas agroalimentarias que los opositores del tratado temen que puedan acabar en las estanterías de los supermercados europeos. Los grupos ecologistas también alertan de que el acuerdo podría promover la entrada en el mercado europeo de las compañías estadounidense de fracturación hidráulica  con las que la  UE se beneficiaría de gas más barato pero a un alto coste medioambiental y con la amenaza de fondo de que se desalienten las inversiones en energía verde. Por su parte, líderes sociales y sindicales claman que una homogenización a la baja supondría la pérdida de derechos de los trabajadores y la privatización de los servicios públicos.

Peligro para la integridad de los estados

El problema de fondo es que, para sus detractores, el TTIP es mucho más que un acuerdo comercial. Destacan que  el principal objetivo no es solo la reducción de los aranceles ya bajos que pueden existir entre Estados Unidos y Europa, sino crear un entorno económico que favorezca la desregulación y que acabe poniendo coto al control gubernamental.

El mecanismo de resolución de controversias entre inversores y estados (ISDS)  que puede ser excluido del acuerdo pero que está vigente en otros países es una prueba de ello. Si una ley afecta negativamente a los beneficios de una empresa, ésta puede denunciar al estado por daños a expensas de los contribuyentes. El temor a la proliferación de estas demandas se basa en que las expectativas de beneficio se ven afectadas por leyes medioambientales, legislación sobre el salario mínimo, subidas de impuestos o prohibiciones en productos como el alcohol o el tabaco. Un ejemplo de esto se da en Canadá, donde los residentes de Quebec organizaron un referéndum para proteger al medioambiente de la fracturación hidráulica y una compañía demandó al gobierno de Canadá y le exigió 250 millones de dólares en daños bajo los términos del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA, por sus siglas en inglés).

El ISDS ha resultado ser tan polémico que la Comisión Europea decidió llevar a cabo una consulta pública por Internet. De momento solo se sabe que ha habido 149.399 respuestas y que la Comisión se encuentra analizándolas. Aún habrá que esperar para saber si la nueva postura de Jean-Claude Juncker está directamente relacionada con los resultados.

Mayor transparencia

El TTIP, que EEUU y la UE llevan negociando prácticamente a puerta cerrada desde julio de 2013, se ha convertido en los últimos meses en una de las prioridades de la política estadounidense y europea ante la voluntad manifiesta de finalizar las negociaciones antes de que concluya el mandato del presidente Barack Obama. En un intento por incrementar la transparencia y rebajar los cada vez mayores niveles de oposición pública, el Consejo de la UE anunció el pasado 9 de octubre que desclasificaba los documentos relativos a la negociación. Las palabras del viceministro italiano de Desarrollo Económico, Carlo Calenda, expresando su “profunda satisfacción” por la decisión de los estados miembros  de poner en conocimiento de los ciudadanos los términos del acuerdo, contrasta con la actitud del comisario europeo de comercio, Kared De Gucht, principal impulsor del tratado a este lado del océano, quien hace unos meses apenas se esforzaba por ocultar su malestar ante las críticas cuando trataba de explicar en una entrevista cómo se lograrían poner en práctica los beneficios estimados del tratado de 120.000 millones de euros para la UE, 90.000 para Estados Unidos y 100.000 para la economía global.

A sabiendas de que las negociaciones entrarán en una fase clave a finales de este año, las organizaciones sociales se han propuesto darle un impulso a la movilización pública. Algo que se hizo visible el pasado 11 de octubre, cuando cientos de protestas se sucedieron alrededor de Europa y en una semana más de 600.000 personas firmaron una petición oponiéndose al tratado. Los meses venideros serán clave para las dos partes. Que salga adelante el tratado tal y como está es poco probable dadas las circunstancias. La pregunta, más bien, es si finalmente saldrá adelante y cuáles serán las condiciones.

***

Asela Viar redactó este artículo desde Edimburgo.

Foto de portada: Manifestación en contra del TTIP en Londres el pasado 11 de octubre. (Foto: Fanny Malinen, cedida por WDM)

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