Magical Girl: Un puzzle luminoso

Una niña con leucemia quiere el traje original de su estrella favorita de una serie de Anime. Su padre, desempleado, está dispuesto a todo para hacerlo y, a medio camino entre sin querer y queriendo, provocará una cadena de crímenes que se articulan con la mediación de macguffins como la Constitución Española, el vómito, un lagarto negro, la selección española o los toros. Con ingredientes como estos lo más normal es que estuviéramos ante una comedia o ante un desastre, pero lo que salió fue un peliculón.

Hay muchas cosas buenas en Magical Girl, pero la que resume todas es la capacidad del director, Carlos Vermut, de impedir que te acomodes en la butaca y hacer contigo lo que quiere. La traición de las expectativas es constante, desafiando códigos narrativos y haciéndote reír o llorar cuando toca lo contrario. Con ese objetivo en mente, el director se sirve de los géneros cinematográficos para ponerlos al servicio de su historia, justo al contrario de lo que estamos acostumbrados. Aquí el thriller, la comedia o el melodrama no son más que instrumentos que se pueden utilizar sin piedad, regalándonos los mapas a los que estamos acostumbrados para después arrebatárnoslos cuando menos lo esperamos.

Además de talento (que lo hay, y a garrafas), una propuesta así necesita de un guion de hierro para funcionar, y Magical Girl está milimetrada. En medio de un aparente caos de personajes, idas y venidas en el tiempo y elipsis imposibles, lo que hay es una estructura calculada para manipularnos. Es una película en la que lo que no aparece es tan importante o más como lo que aparece, donde te corresponde llenar un montón de casillas vacías con las que componer el gran puzzle, que a la salida descubrirás muy diferente al de tus compañeros de fila.

Desde el principio de la película, no pasan tres minutos seguidos en los que te encuentres completamente cómodo. Cuando no son los mencionados huecos en la trama, es el humor incómodo, las acciones de unos personajes, la violencia (silenciosa, al estilo Haneke), la pesadumbre que acompaña a los personajes o los repentinos giros argumentales o formales que aparecen cuando la guardia está baja. Al conjunto hay que sumarle unos actores bressonianos en estado de gracia y una puesta en escena tan sobria como preciosista, con pocos movimientos de cámara pero con un cuidado exquisito en la composición de cada plano.

Pocas veces ocurren milagros como Magical Girl, por eso no hay que quedarse cortos al celebrarla. Y lo mejor es que sin duda habrá más. Carlos Vermut, casi un desconocido para todo el que no sea un cinéfilo dedicado, va a seguir haciendo cine y lo va a hacer cada vez mejor. Es un director con voz, discurso y estilo propios con el que vamos a disfrutar mucho. Desde aquí ya estamos haciendo cola para su próxima película.

 

Lo que dije de Magical Girl

A estas alturas todos sabréis que Magical Girl fue la gran triunfadora del Festival de San Sebastián, y que nadie de los que la pudieron ver allí salió indiferente de su duelo con la película. Como no estamos acostumbrados a que controvertida, rompedora y premiada sirvan conjuntamente para hablar de una película española, las ganas de ver qué demonios es lo que ha hecho Carlos Vermut no pueden ser más grandes.

Las ganas eran grandes sí, pero reconozco que el miedo también. De vez en cuando se forma alrededor de este tipo de películas un síndrome “el traje nuevo del emperador, o lo que es lo mismo, que si no te gusta y lo dices vas a parecer gilipollas. Afortunadamente no fue así, y aunque comprenderé a los que digan que se aburrieron o que no conectan con lo que quiere hacer Vermut, seré intransigente con los que defiendan que la película no les aportó algo y no despertó nada en ellos.

Ahora que Carlos Vermut ha pasado a la primera fila de la atención mediática, tengo que confesar que las apasionadas críticas en uno y otro sentido hicieron que aún no haya visto Diamond Flash, pero si algo me han enseñado los cortos de Vermut es que uno no puede atreverse con demasiadas predicciones.

Os animo a hacer predicciones mientras veis la película sobre lo que pasará a continuación. Quizá adivinéis lo que pasa, pero me la juego diciendo que no vais a adivinar cómo pasa.

El tráiler nos deja algunas pistas: un humor retorcido, una fotografía en la que cada plano parece pensado para hacernos flipar y unos personajes al límite en medio de una trama enmarañada en la que lo absurdo, lo oscuro y lo trascendente irán de la mano para, sobre todo, no permitirnos dejar la sala con indiferencia.

No hacía falta ser director del FMI para acertar con estas vaguedades. La trama es oscura solo cuando no es luminosa, gracias a ese guion tan medido que consigue llevarnos exactamente a donde le da la gana. Lo mismo pasa con los personajes, a los que sientes al borde del precipicio pero sin que nunca lleguen a saltar ni a evidenciarlo gestualmente. Te ríes, te pones triste, sientes asco, incomodidad, miedo y no sé cuántas cosas más. ¿Cuántas películas han conseguido todo eso en, digamos, los últimos cinco años?

¿Qué gafas me llevo?

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Entonces: ¿voy a verla?

Si solo te gusta ir al cine a pasar un rato agradable con películas hechas para complacerte, darte exactamente lo que pides de ellas y salir con una sensación placentera, entonces Magical Girl no es tu película. Pero si te gustan los desafíos, ve a verla lo antes posible.

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