El ‘noi’ terrible

Sergio Menéndez | Falso 9

Hubo un tiempo no demasiado lejano, en realidad, en que Gerard Piqué deslumbró al mundo por su forma de jugar al fútbol. Siendo un completo desconocido para el gran público, lo que mayor sorpresa generó al principio no fue tanto su juego como el hecho de que Pep Guardiola le concediese la titularidad en el centro de la defensa, prácticamente, desde el primer momento en que se hizo cargo de las riendas del equipo el verano de 2008.

La salida de Frank Rijkaard, en la medida que suponía el fin del ciclo que mayor número de éxitos deportivos había reportado a la entidad desde Johan Cruyff y su ‘Dream Team’, obligaba al aficionado culé a armarse de paciencia. Si la llegada de un nuevo huésped al banquillo requiere de por sí que la plantilla goce un período de adaptación de cara a que los jugadores asimilen como es debido las ideas y conceptos que se pretenden fijar, teniendo en cuenta que el técnico de Santpedor había decidido prescindir de Ronaldinho y Deco, núcleo duro y dos de los principales referentes del proyecto anterior, su fichaje solamente podía contribuir a dilatar la espera. Eto’o conseguiría librarse de la quema, al menos, de momento.

Así las cosas, todo el mundo asimiló que la contratación de aquel espigado defensa que Guardiola había querido devolver por petición propia a la que antaño fue su casa suponía una apuesta de futuro. No convenía, por tanto, correr el riesgo de que un par de fallo lo condenasen y el muchacho se quemase antes de tiempo. Mejor que Puyol y Rafa Márquez sentarán las bases de la revolución y le confiriesen la solidez que necesitaba para su éxito. El uruguayo Martín Cáceres, otro recién llegado, parecía incluso partir con ventaja respecto a Gerard gracias a su buen papel en el Recreativo de Huelva, cedido por el Villarreal, durante el curso precedente. En definitiva, la única experiencia con que contaba Piqué dentro de la máxima categoría del fútbol español se reducía a la cesión que disfrutó en Zaragoza a lo largo de la temporada 2006-2007, siendo todavía propiedad del Manchester United.

No obstante, la política de rotaciones de Guardiola pronto le fue otorgando un protagonismo creciente dentro del equipo. El propio Márquez, veterano donde los hubiese, fue cediendo poco a poco su puesto en el once en favor del joven barcelonés. Todo un mérito para alguien que hacía solamente unos meses había superado la veintena y se desempeñaba en el centro de la defensa, demarcación donde los galones garantizan en muchas ocasiones la confianza del míster.

Gerard Piqué en un partido con el Barcelona (Foto: Wikimedia)

Gerard Piqué en un partido con el Barcelona (Foto: Wikimedia)

Pero su capacidad a la hora de sacar el esférico jugado desde la retaguardia, la exquisitez de su desplazamiento en largo y su potencia en los balones por alto le ganaron la partida a la precocidad. De esta manera se convirtió en uno de los artífices del celebérrimo ‘Sextete’ y logró dar el salto a la selección española. Desde entonces su presencia en los dibujos iniciales del Barça y Vicente del Bosque ha sido una constante, al menos, hasta que el bueno de Gerard se convirtió de golpe y porrazo en un ‘enfant terrible’.

Todo comenzó durante la celebración del Mundial de 2010 con España, mientras los jugadores se realizaban su particular desfile de la victoria por la Gran Vía madrileña. Fue entonces cuando Piqué, dicen que embriagado por el brebaje de lúpulo y cebada que había puesto a disposición de los futbolistas uno de los patrocinadores, estimó conveniente lanzar un gargajo a la espalda de Pedro Cortés, delegado del equipo. Un gesto de dudoso gusto que el defensa se apresuró a compartir a carcajada limpia con Cesc Fábregas. En principio, nadie más tenía por qué haberse enterado de la acción. Lo que desconocía el ingenuo de Gerard es que, como no podía ser de otra manera, ahí estaba la cámara de un móvil para grabarlo y hacer testigo a todo el país de un rasgo de la personalidad del jugador desconocido hasta ese momento.

Fue entonces cuando se empezaron a producir una cascada de acciones cada vez menos esporádicas que, poco a poco, llevaron a deducir que la imagen del conocido como ‘Piquenbauer’ que los aficionados nos habíamos formado en la cabeza distaba mucho de la realidad. La discreción, la candidez y esa imagen de niño que no ha roto un plato en su vida, de yerno perfecto, se fueron tornando en extravagancia. Su comportamiento dio paso a la travesura y lo políticamente incorrecto. Se destapó como un tipo desafiante. Para muestra ese “¡Españolitos, os vamos a ganar la Copa de vuestro Rey!” que espetó a los jugadores del Real Madrid los instantes previos a la final de Mestalla o la ‘manita’ que desplegó en el transcurso del derbi en el Camp Nou de noviembre de 2010 para reproducir el resultado del marcador.

El caso es que, tan a pecho se ha tomado su papel como provocador de un tiempo a esta parte que su rendimiento a nivel deportivo se ha visto irremediablemente afectado. Hasta tal punto ha sido así que tanto el seleccionador nacional como Luis Enrique le han llegado a descartar de sus convocatorias. A diferencia de lo que sucede en el Real Madrid con Casillas, por ejemplo, en ‘Can Barça’ siempre ha primado más la capacidad de permanecer concentrado que el palmarés.

Piqué sostiene, por su parte, que todo se debe a que su relación con Shakira ha contribuido a que a día de hoy se le considere más por lo que hace fuera del campo que dentro. Nada tienen que ver, naturalmente, su gusto a lanzar bombas fétidas en aviones y zonas mixtas o su reciente enfrentamiento con la Guardia Urbana de Barcelona por haber estacionado su coche en una parada de taxis. Capítulo que desencadenó una ristra de declaraciones altisonantes por parte del jugador al agente en cuestión, a quien vino a tildar de chulo y miserable, sugiriendo que el pago de la multa correspondiente lo efectuase su señora madre y dedicándole lindezas del tipo: “La denuncia va a quedar en nada porque llamo a tu jefe y me la quita”. Incluso recurrió a frases con denominación de origen Cristiano Ronaldo acusándoles de que le tenían envidia por ser famoso. Quien lo iba a decir…

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Foto de portada: Piqué con el trofeo de la Eurocopa 2012 (Foto: Wikimedia)

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