El difícil reto del gobierno israelí: la comunidad ultraortodoxa de Jerusalén

Jerusalén alberga entre sus murallas comunidades religiosas con orígenes étnicos muy diferentes. Entre ellas no existe convivencia alguna, tan sólo una coexistencia que ante el menor conflicto político o religioso salta por los aires. Los judíos ultraortodoxos conforman una de estas comunidades, que junto con los árabes israelíes, son las más empobrecidas de Jerusalén. Los judíos más conservadores viven en sus propios barrios sin mezclarse con sus vecinos y en tensión constante con el estado de Israel. Una vez más, quienes más sufren la segregación y la falta de libertades son las mujeres de la comunidad judía ultraortodoxa, quienes se encuentran relegadas a papeles tradicionales.

Son alrededor del 12,5% del total de la población del estado de Israel y viven agrupados en barrios en los que viven y trabajan, aunque ellos mismos rechazan la idea de gueto. Son las comunidades ultraortodoxas que sobreviven gracias a la ayuda del estado de Israel y a las donaciones de otras comunidades judías que viven fuera de la Tierra Prometida, especialmente en los Estados Unidos.

Este colectivo gira en torno al pilar de la familia. Ésta es muy numerosa, con un promedio de unos ocho hijos por pareja. Viven en casas modestas y evitan las nuevas tecnologías, un aspecto acorde con su filosofía de vida. Las tareas que los ultraortodoxos desempeñan dentro de la comunidad están regidas, principalmente, por  una división de género. Los hombres se dedican al estudio de la Torá gracias a las becas otorgadas por el estado de Israel y otros centros, mientras las mujeres se ocupan de educar a los hijos y sacar adelante a la familia, bien como maestras en escuelas ultraortodoxas o, en el caso de las familias con más de cinco o seis hijos, como amas de casa.

Arquetipo de familia judía. La mujer como educadora de los descendientes. (Foto: Sara Martín)

Arquetipo de familia judía. La mujer como educadora de los descendientes. (Foto: Sara Martín)

La periodista Anna García (Barcelona, 1965) retrata en su libro Orgullosas y asfixiadas, la vida de cuatro mujeres que vivieron o viven en la comunidad ultraortodoxa del barrio de Mea Shearim, en Jerusalén. García apunta que estas mujeres  “son el pilar de la sociedad, mujeres fuertes, como los olivos, que salen a trabajar fuera de casa si es necesario mientras sus maridos se rompen las cejas profundizando en los textos sagrados durante casi toda su vida”, explica la periodista al diario Ara. Un pilar que, por el contrario, ve cómo su libertad es constantemente coartada en cuestiones fundamentales como la vestimenta y el papel tradicional que se le concede a la mujer.

Sin duda alguna puede decirse que el barrio de Mea Shearim es el más importante para la  comunidad de judíos ultraortodoxos. Allí, las rígidas normas de dicho colectivo se cumplen con creces. Todos sus vecinos llevan la vestimenta tradicional. Los hombres con sombreros negros y abrigos del mismo color, pantalones oscuros y camisa blanca. Las mujeres casadas se cubren la cabellera bien con pelucas o con un pañuelo. Además, suelen llevar largas faldas negras y camisas oscuras que no dejan ver ni brazos ni piernas, y cuando salen a la calle lo hacen acompañadas de una fila interminable de niños. Su función principal en la comunidad es ser madres y esposas abnegadas mientras los patriarcas exprimen el día rezando y estudiando sus libros sagrados. Precisamente su papel de madres garantiza a las ultraortodoxas un papel destacado en la comunidad, aunque en ningún caso obtendrán ninguna proyección pública.

Un grupo de jóvenes ultraortodoxos camina por el centro de Jerusalén. El número de jóvenes radicales ha aumentado en los últimos años. (Foto: Sara Martín)

Un grupo de jóvenes ultraortodoxos camina por el centro de Jerusalén. El número de jóvenes radicales ha aumentado en los últimos años. (Foto: Sara Martín)

Pasear tranquilamente por éste –y otros barrios ultraortodoxos– puede ser tarea complicada, y más si no se lleva la vestimenta adecuada. Los carteles de información, que recuerdan a las hojas informativas de antaño, pegadas en los muros recuerdan que se debe mantener el recato mientras uno se encuentra entre las cuatro calles de Mea Shearim.

Este recato ha de cumplirse de manera más exacerbada en el caso de las mujeres, y no solo en las cuestiones de vestimenta. Es común observar que la mayoría de los autobuses incluyen una separación de sexos estricta–los hombres van delante y las mujeres y sus hijos e hijas detrás–. Además, el control sobre las hijas es mucho mayor y cuentan con menor libertad que sus hermanos varones. Las mujeres por regla general no asisten a las manifestaciones, donde sí es posible ver a niños pequeños acompañados de sus progenitores varones. La esfera de influencia de estas mujeres está relegada fundamentalmente al hogar.

Por otro lado, desde hace algunos años los judíos ultraortodoxos suponen un obstáculo para el gobierno de Israel, quien en los últimos tiempos ha iniciado un proceso para acabar con la cláusula que exime a este colectivo del servicio militar, obligatorio para todos los chicos y chicas israelíes. Desde entonces se han sucedido protestas y manifestaciones en Jerusalén y otras ciudades israelíes: “No queremos la guerra, no quiero a mis hijos con las armas en la mano y a mis hijas en lugares que no conozco, con gente que no conozco y que quizá no sean puros”, explica una joven madre ultraortodoxa en el periódico Público.

Una joven israelí regresa a casa tras un permiso durante el último conflicto en Gaza en agosto de este año. (Foto: Sara Martín)

Una joven israelí regresa a casa tras un permiso durante el último conflicto en Gaza en agosto de este año. (Foto: Sara Martín)

Sin embargo, para el estado no se trata solo de que esta comunidad se incorpore al servicio militar. La población ultraortodoxa va en aumento gracias a su alta tasa de natalidad, ya que contraen matrimonio a edades tempranas y no utilizan métodos anticonceptivos. La familia y el estudio de la Torá, pilares fundamentales de esta comunidad, cuestan a las arcas del estado de Israel una suma importante de dinero cada año. De ahí el constante tira y afloja del gobierno israelí con el colectivo ultraortodoxo que no parece, vaya a resolverse por el momento.

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Foto de portada: Judíos ultraortodoxos acuden a rezar al muro de las lamentaciones (Foto: Sara Martín)

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