La muerte blanca

Los aludes son como las guerras y, sin avisar, se plantan en la puerta de tu casa para sepultarlo todo bajo su manto de destrucción. Llegan precedidos por un estruendo ronco, distante pero amenazador, al que le sigue un silencio tenso y sepulcral, marcado por las miradas asustadas y la mueca nerviosa del señor con bigote que espera a tu lado en la cola del pan. Justo cuando parece que nada va a ocurrir y se escuchan los primeros suspiros de alivio y algún “graciasadios”, el estruendo vuelve a aparecer y se va haciendo más fuerte a cada segundo que pasa.

El suelo que hay bajo tus pies comienza a vibrar mientras un torrente de llanto, gritos y cristales rotos se desata a tu alrededor. Presa del pánico, la gente comienza a correr sin saber muy bien a dónde. O quizás sí. Quizás huyan a sus casas pensando que allí encontrarán un refugio seguro. El ruido continúa creciendo  hasta hacerse ensordecedor. Y de nuevo silencio. Un silencio sepulcral.

Robbie Morrison parte de este silencio sepulcral que se produce tras una contienda o tras una avalancha para escribir la historia de La muerte Blanca, un cómic sobre la vida en las trincheras del Frente Italiano durante la Primera Guerra Mundial. El motivo de que Robbinson recurra a los aludes para hablar de la guerra tiene que ver con el hecho de que las trincheras del Frente Italiano se extendían 200 kilómetros a lo largo de las traicioneras cadenas montañosas que separan Italia de Austria.

Stanley Kubrick ya demostró en Paths of glory la parte más jodida de la condición humana en las trincheras de la Primera Guerra Mundial. Imaginad entonces lo que puede ser trasladar todo ese odio a un entorno tan hostil como el invierno en las montañas de Trento, de los Dolomitas y o de Caporetto. Viviendo cada día con la amenaza de que tu enemigo logre desencadenar una avalancha sobre tu cabeza.

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Así, con La muerte blanca, Morrison consigue reflejar espléndidamente el contraste entre la paz de  la montaña y el infierno de la trinchera. Y lo consigue en buena medida gracias al trazo de Charlie Adlard, responsable junto a Pat Mills de la obra de arte que es Savage  y más conocido por ser el dibujante de The walking dead a partir del séptimo número de la serie.

Desde un contexto prácticamente inexplorado en la literatura de la Primera Guerra Mundial y a través de los ojos del soldado Pietro Aquasanta, Morrison y Adlard plantean con su obra una reflexión acerca la sinrazón de la guerra, el uso perverso de los nacionalismos, la ineptitud de los mandos militares y la pérdida de humanidad en el frente.  Sin dejar a nadie indiferente.

Basado en hechos históricos

Antes del estallido de la Primera Guerra Mundial [y hasta el final de la contienda en 1918] la península de Istria estaba bajo el dominio del Imperio Austrohúngaro. Esta península situada en la costa croata y entonces conformada por una amalgama étnica donde italianos y eslavos eran los grupos de población más numerosos, constituiría uno de los motivos principales por los que en 1915 Italia abandonó la Triple Alianza y se unió a la Triple Entente.  Y es que Istria era uno de los territorios que el movimiento Italia irrendenta consideraba como “frontera natural” del Reino de Italia, lo que evidentemente no hacía ni pizca de gracia al Imperio Austrohúngaro.

Precisamente, de Istria proviene el protagonista de La muerte blanca. Pietro Aquasanta, soldado de origen italiano que había vivido en esta península hasta que Italia decidió cambiarse de bando y reclamar, además de Istria, su derecho legítimo sobre los territorios históricos italianos situados dentro de las fronteras que hoy ocupa Austria y que se conocían como el Tirol Cisalpino (actuales provincias de Trento y Bolzano). Estos territorios, situados en el corazón de las montañas transalpinas, son el escenario donde Pietro se enfrenta al dilema de ser leal con su país  o con los amigos que dejó en Istria (ahora integrantes del bando enemigo).

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Pero mientras Pietro sufre este conflicto interno, debe cumplir con sus tareas como soldado. Así, en una de sus patrullas rutinarias en busca de enclaves adecuados para situar las piezas de artillería, Pietro se ve obligado a provocar un alud [“la muerte blanca”] para salvar la trinchera italiana de un ataque con gas de los austriacos.  Sin quererlo, Pietro había descubierto que la montaña podía ser una gran aliada en la tarea de aniquilar al enemigo, aunque al mismo tiempo también había abierto la caja de Pandora. Tras sufrirlo en sus carnes, el ejército austríaco se había dado cuenta del poder de la montaña y ya no iba a dejar pasar un solo día sin intentar devolver la jugada a los italianos.

Aquasanta frente al hijoputismo del comemierda

orsiniA pesar de verse obligado a matar para sobrevivir, Pietro Aquasanta se niega a permitir que su estancia en la trinchera le robe su humanidad. A diferencia de muchos de sus camaradas, Pietro se cuestiona la necesidad de enviar a los hombres a una muerte segura por conseguir el derecho sobre un pedazo de tierra. Igualmente, Aquasanta es de los soldados que piensa dos veces antes de quitar la vida a un enemigo.

Evidentemente, estos postulados humanistas chocan de lleno con el adoctrinamiento que se predica en el ejército, encarnado en esta historia por el sargento Mayor Orsini. Desde la llegada de Pietro a la trinchera, Orsini se encargará de mostrarle toda la mezquindad que puede almacenar el ser humano. Orsini es se jacta de ser un hijo de puta hecho a sí mismo. Sin ser aristócrata, y a base de ser un comemierda y de llevarse por delante a quien se interponga en su camino, ha conseguido auparse en el escalafón de los mandos intermedios del ejército.

Porque, como pasa en todas las organizaciones con una estructura jerarquizada, los mandos intermedios que son despreciables, lo son con ganas. Y como suele ocurrir también, aunque lluevan las balas, son los que siempre se salvan. Aunque para ello tengan que utilizar los cuerpos de sus subalternos como parapeto.

 La tragedia del carboncillo

Desde que comenzó a gestarse el proyecto de La muerte blanca, Morrison sabía del potencial que tenía la historia de Pietro Aquasanta. Sin embargo, a medida que indagaba más y más en las batallas sucedidas en el frente italiano, se daba cuenta de que a pesar del componente heroico de su protagonista, la historia tenía que circular irremediablemente por los caminos de la tragedia humana. Y es que sólo en el primer año de la contienda que rodeó las montañas de Trento, murieron 235.000 soldados italianos y 150.000 austríacos.

Por ello, Morrison necesitaba que las viñetas reflejaran la desesperación, el terror y el fanatismo de la contienda, así como el deseo de los protagonistas por sobrevivir a toda costa. Este fue el motivo de que propusiera a Charlie Adlard desarrollar la parte gráfica de esta novela ilustrada. Adlard, como dibujante de las andanzas de Rick Grames para mantener vivo a su grupo en The walking dead, sabría de sobra cómo plasmar todo esto y, sobre todo, cómo hacerlo de forma que no recordase a su trabajo con los zombies. Y vaya si lo hizo.

SECUENCIA

Adlard ha desarrollado en La muerte blanca un estilo de dibujo totalmente novedoso y rompedor con todo lo que había hecho anteriormente. Para darle a sus viñetas un tinte que asemeja al de la visión borrosa en mitad de una tormenta de nieve, Adlard ha trabajado con carbocillo y tiza sobre cartulina gris, una técnica más propia de las bellas artes que del cómic. Como resultado, el cómic – y sobre todo, la secuencia que abre el relato- son de una factura exquisita.

Sobre el trabajo de Arlard y el suyo propio, Morrison escribe lo siguiente en el prólogo La muerte blanca: “espero que hayamos conseguido transmitir algo del horror y la inutilidad de la guerra, y de la crueldad, la compasión y la camaradería de aquellos que se ven atrapados en ella”. A juicio de la crítica, que desde la salida del cómic el pasado mes de septiembre no ha hecho más que alabar este trabajo, y al de quien escribe estas palabras, han superado de largo las expectativas que se habían creado en torno a este proyecto.  Y lo mejor, sentando las bases de una fructífera relación de colaboración que, como ya han confirmado ambos, va a tener continuidad.

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