Dos tontos todavía más tontos: All you need is la cara de Jim

Todo amante del séptimo arte tiene entre sus películas predilectas una pequeña selección de amores ocultos de los que solo presume cuando se haya, con certeza, enfrente de otro admirador de la obra. Unos placeres culpables que llenan esa parte indeleble de nuestro ser que, aunque cueste admitirlo, llora de risa con un chiste de pedos bien traído.

Ya han pasado 20 años pero Dos Tontos Muy Tontos, la ópera prima de los hermanos Farrelly, sigue encabezando los listados de esas “mejores peores” películas. Zafia, chabacana, primitiva y sí, infinitamente divertida. Como no podía ser de otra forma, la aparición de su secuela oficial (olvidemos aquella terrible  precuela oficiosa) se presentaba como uno de los acontecimientos cinéfilos del año, con el reto de enfrentarse a la titánica tarea de estar a la altura de la original y a la altura del recuerdo que tenemos de ella (la inevitable nostalgia de los que ya empezamos a peinar alguna cana).

Dos tontos todavía más tontos tiene todo lo que le puedes pedir a la segunda parte de una comedia estúpida de hace 20 años. Mantiene el espíritu de la original, tanto que incluso comparte sus defectos. Tal como pasaba en la cinta del 94, lo mejor, con diferencia, sucede en su primera mitad, la “road movie” donde ocurren  los mejores gags a un ritmo más que considerable (apúntense los flashbacks fantasiosos o a Lloyd y el camión).

En el apartado defectos compartidos, el desplome general una vez la pareja alcanza su destino, ligero en la original y rozando el bostezo en esta secuela. Los Farrelly han diseñado unos personajes tan estúpidos que se adaptan a la perfección al absurdo viaje a ninguna parte pero que se vienen abajo cuando tienen la meta enfrente, incapaces de aunar de manera cómica y creíble la determinación por alcanzarla y la estulticia.

Pero probablemente el principal debe de Dos tontos todavía más tontos sea su conformismo. La estructura, conflictos y resolución de los mismos de esta secuela es la práctica fotocopia de su original, y por momentos es demasiado evidente que los Farrelly la escribieron mientras cenaban con la primera puesta de fondo. Tanto miedo tienen a alejarse de lo que les llevó a la gloria que más que secuela podría tratarse de la misma película en otro escenario.

En cuanto a los protagonistas, Dumb y Dumber, suertes desiguales. A Jeff Daniels post Jim McCavoy le noté extraño en los pantalones de culo bajo de Harry. Quizás fuera una real falta de entusiasmo, quizás que su fisonomía ha soportado peor el paso del tiempo y su aspecto es demasiado incómodo, en cualquier caso, bastante desinflado.

Por su parte, Jim Carrey consigue transportarnos desde el minuto 1 a los años 90. Su cara es un género en sí mismo. Hasta la más infame de las películas puede ser rescatada del abismo si incluye una suficiente ración de muecas del absoluto mago del humor gestual y aquí nos deleita con lo mejor de su repertorio. Si ver a Jeff Daniels como Harry resulta hasta grotesco, parece que Jim Carrey interpretara a Lloyd por primera vez hace 4 días.

En definitiva, y ante la dificultad de la tarea, concedo a los Farrely un aprobado alto. Los más exigentes correrán a izar la bandera del “no está a la altura” pero creo que a la secuela de una película que en su día fue calificada literalmente como “penosa” no tiene sentido exigirle más.

PD: No me puedo resistir a comentar que solo encontré una sala en todo Madrid que pusiera la película en versión original. Cosas como estas colaboran en la consideración del cine en V.O como de culturetas/gafapastas.

Lo que dijo el Crítico Prejuicioso

“Pero entrando en materia, desgraciadamente dudo mucho que Dos tontos todavía más tontos alcance una porción de la magia de la original. Aunque nuestros corazones estén agradecidos y nuestra risa predispuesta para atronar la sala, en el fondo sabremos que no es lo mismo. Es casi imposible hacer una película tan sumamente estúpida dos veces”

Aquí estoy de acuerdo parcialmente con el Crítico Prejuicioso. Su mayor defecto es, precisamente, intentar hacer la misma película dos veces. Su mayor virtud, aun no estando a la misma altura, es hacernos reír a mandíbula batiente un respetable número de veces.

Hacer el tonto y solo el tonto y además ser gracioso son dos cosas que rara vez coinciden cuando los protagonistas son adultos, pues el punto exacto entre lo demasiado tonto y demasiado poco tonto es casi imposible de calibrar. Veremos por cuál de los dos carriles derrapa esta tontería.

El punto entre demasiado tonto y demasiado poco tonto es precisamente lo que no logran mantener durante toda la cinta, que pega un bajón considerable en su segunda mitad aunque como dije anteriormente ya es un defecto que se observaba en la primera.

¿Qué gafas me llevo a esta peli?

tontos-grafico-prejuicioso

Entonces: ¿voy a verla?

Si eres fan de la original es difícil que te disguste. Si eres fan de los chistes de caca, culo, pedo, huevos, encontraras lo que ansías. Si no te seduce ni lo uno ni lo otro, ni te acerques.

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