Después de…no se os puede dejar solos: Historia a pie de calle

Es una obviedad decir que vivimos una época convulsa, una época de cambio. De un tiempo a esta parte parece que nada queda libre de la discusión ni del examen, ni siquiera algunas hasta el momento sacrosantas instituciones como la monarquía o la intocable (ejem) Constitución. Como decía el compañero Miguel hace unos meses, se ha abierto el melón, y ahora da la impresión de que va a ser imposible cerrarlo de nuevo. Los escándalos de corrupción que ya se han hecho rutina, la alarmante desigualdad y la incapacidad de las élites (ejem) políticas y económicas para tratar los temas que preocupan a la gente han acabado con el amplísimo margen de maniobra que se les había dado para dirigir el país. La impresión general es que se ha fallado, toca asumir responsabilidades y cambiar cosas, muchas cosas.

No vamos a detenernos en analizar posiciones, que van desde las enmiendas a la totalidad hasta un reformismo más o menos ambicioso. Lo interesante e inédito del momento es que es complicado encontrarse con alguien que defienda que las cosas deban seguir igual. Incluso los más fieles defensores de los partidos tradicionales instan a los suyos a tomar la iniciativa y hacer reformas profundas antes de que vengan otros a llevárselo todo por delante. Por eso, recién cumplido el tercer cuarto del mandato de Rajoy, la sensación es de tiempo detenido, una suerte de epílogo en la que los distintos actores se preparan e intentan llegar en las mejores condiciones a lo que está por venir, que nadie sabe muy bien qué es y que se irá aclarando en la segunda mitad del próximo año.

Esta situación inédita para los que hemos crecido en democracia solo puede compararse con el periodo de la Transición, esa época de pactos en la que todo estaba abierto y todas las preguntas eran pertinentes. Por eso hoy voy a compartir con vosotros un documental que hace unos meses me descubrió un alienado cabinero de cine. Se trata de Después de…, una película de dos partes dirigida por Cecilia Bartolomé y José Juan Bartolomé.  Ahí va un aperitivo para captar vuestra atención.

Como decía antes de que esta señora se emocionara, el documental consta de dos partes: No se os puede dejar solos y Atado y bien atado, ambas rodadas entre 1979 y finales del año 80, aunque fue secuestrada por las autoridades y no pudo estrenarse hasta el año 83. Es la etapa en la que se celebran las primeras elecciones (Generales y Municipales) tras la Constitución, que llevaron por primera vez en décadas a comunistas y socialistas a gestionar instituciones, así como un tiempo agitado por las protestas sociales de los que pretendían estirar o encoger el pacto al que habían llegado las principales fuerzas políticas del momento. Un conflicto en las calles que se iría recrudeciendo hasta el golpe de estado de febrero del 81, que la película no llega a tratar pero que anticipa en varios fragmentos.

Hasta ahora, no he contado nada que no hayáis visto en otros documentales y, si me apuras, hasta en Cuéntame, pero este documental es diferente. Al contrario de lo que estamos acostumbrados, los protagonistas de Después de… no son Suárez, Carrillo, Juan Carlos o González, sino los españoles. Empresarios, obreros, campesinos, concejales de pueblo, nostálgicos del viejo régimen y críticos con los tímidos avances del nuevo van apareciendo por la pantalla para dejarnos un collage de lo que pensaba España más allá de los cauces oficiales.

A mi casi me parece como cachondo el que nosotros nos hayamos siempre titulado como un grupo de contrainformación cuando yo creo que nosotros éramos los informadores, y los contrainformadores eran ellos

No hay apenas narración, la imprescindible para contextualizar los momentos y lugares que aparecen en pantalla, los autores prefieren quedar en segundo plano. Por eso se dedican a ir a sitios, grabar y preguntar a los presentes sin que importe demasiado si lo que dicen es lúcido o una auténtica barbaridad. En ocasiones, gracias a la cámara, se montan auténticos debates en medio de la calle sobre temas tan importantes como el aborto o los derechos de los trabajadores. Es un auténtico deleite ver lo mucho que se ha evolucionado en algunas cosas y como en otras estamos casi igual.

En este paseo por la España de la Transición podremos ver fiestas del PCE, mítines de Fuerza Nueva, una asamblea de cristianos de base, una huelga de transportistas, una reunión de pequeños y medianos empresarios, los avances del nacionalismo en las distintas regiones o la opinión sobre la droga o la cárcel de unos jóvenes en un centro social del barrio de Vallecas. Las quejas y reclamaciones de unos y otros son enormes, y demuestran que lo de que la Transición fue un periodo lleno de paz y armonía no encaja con lo que las imágenes nos cuentan, pero como dice un señor en los primeros compases del documental “al menos ahora podemos hablar”.

Os puedo asegurar que el visionado de un documento histórico como este da para horas y horas de debate, que os ayudará a comprender cosas de aquel tiempo y os dará una nueva perspectiva con la que mirar los problemas de hoy. Estoy deseando debatirlo con vosotros, y por eso me despido sin haceros perder un segundo más antes de que deis al play y veáis la primera parte que os dejo justo debajo. Espero que los comentarios den para una buena conversación.

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