Twitteemos

Que nadie se cantee. En Twitter puedes ser o bien un famoso serio o bien un famoso excéntrico. Si eres lo segundo corres el riesgo de tener que explicar todas tus payasadas. Así que, querido famoso, quédate con la primera opción; pero mucho cuidado con moverte, con intentar hacer bromas o demostrar que eres ingenioso, porque corres el riesgo de cometer una pifia mental y que todo el mundo esté riéndose de ti un mes.

Claro, eso te pasa por ser famoso. Por ser casta. Pero Pablo Iglesias es un tipo como el resto de los humanos. Hace unas pausas raras cuando habla, tiene un discurso un poco pomposo, pero es parte de El Pueblo. Al menos, ese es el mensaje de la propaganda podemística.

Lo cierto es que, a estas alturas, todos estamos esperando que Pablo Iglesias la cague en Twitter.

Es poco probable que se marque un Bisbalgate. Como mucho, le pillarán escribiendo alguna cosa de mal gusto sobre alguien, como hizo el futbolista Roberto Soldado con el propio líder de Podemos, pero no parece de esos que le den al jueguecito y compartan su puntuación, estilo Báñez. (Para travesura infantil, la política laboral de los últimos gobiernos españoles, todo sea dicho).

De momento, Pablo intenta ser gracioso a veces, sin caer en la burla. Con estilazo. Como cuando se mofa de este perro filofascista. Hilando muy fino. Lejos del estilo Cantó, quien no parece muy chistoso a pesar de haberse dedicado a la comedia. Otra cosa es el tránsito por el mundo político de Toni, que es un vodevil constante. Teatro del absurdo.

Todo esto viene a cuento de que los artículos que salen de vez en cuando sobre lo mal que lo hacen los políticos en Twitter, como este o este otro, se han quedado viejos. El ocaso del bipartidismo ha hecho que envejezcan muy mal y el auge de Podemos los ha rematado.

También tiene mucho que ver con que Pablo Iglesias y el resto de europarlamentarios de Podemos hayan comentado -en muchos casos, alabado- la intervención del papa Francisco en el Parlamento Europeo.

Parte de la gracia de Twitter es que es capaz de saltarse a los intermediarios. En el caso de España, esos intermediarios son unos medios de comunicación cada vez más vacíos de personas y más llenos de mentiras.

Hoy en día es inimaginable hacer una campaña política sin tener en cuenta a la red del pajarito, como dicen en el Washington Post. Y es que Twitter es capaz de llevar un mensaje a los votantes sin la intervención de los filtros periodísticos, como cuando la gente se acercaba a los mítines al comienzo de la Transición para escuchar lo que cada uno tenía que decir.

Eso sí, las redes sociales, con sus límites de espacio, le restan profundidad al debate político, algo de lo que acusan a Pablo Iglesias, precisamente.

Pablemos todavía no gobierna a golpe de Twitter, algo de lo que acusan al premier británico David Cameron. Queda la duda de si lo hará cuando llegue al poder. También continúa la incógnita sobre si la cagará en Twitter antes o después de que Podemos gane las generales.

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