‘Grumpy Cat’s Worst Christmas Ever’: LA CRÍTICA

Puede que vosotros os hayáis olvidado, pero afortunadamente yo os tengo en muy alta estima y sé que si os hago una promesa he de cumplirla. Eso es lo que distingue esta sección de Mayhem Revista de cualquier otro blog de baratillo. Cada vez que digo en una entrada: “Debería dedicar un post a esto”, lo hago. Es lo que me ata a Todo por la audiencia: mi palabra. Bueno, sí, es cierto que un par de veces he dejado la sección sin actualizar, pero es Navidad y no cumplir una promesa en Navidad tiene seguro pena de cárcel en algún estado de los US de A.

El caso, amigos, es que sí: HE VISTO LA PELÍCULA DEL GRUMPY CAT. Y lo he hecho por vosotros, y porque de todos los memes de los últimos años en Internet, Grumpy es sin duda mi favorito. Vaya, mi favorito y el de millones de personas alrededor del planeta. Leía hace poco que la gatita había generado 100 millones de dólares en marchandising y demás movidas. Una locura. Era de esperar que si Internet se ha vuelto loco con este animal tran entrañable, en algún despacho de la industria del entretenimiento se lanzara la pregunta: “¿Y si hacemos una película del Grumpy Cat?” . Si lo hizo Pancho, Grumpy no podía ser menos.

Lo que dije:

“da la sensación de que la película se rodó en un par de festivos en un centro comercial de baratillo”

Efectivamente. No es que “dé la sensación”, es que es obvio que se rodó en un par de festivos en un centro comercial de baratillo. Hay incluso chistes en la película sobre ello…

Quizá lo que más sorprende de ‘Grumpy Cat’s Worst Christmas Ever’ es el hecho de que no es tan terrible como uno podría pensar, ni como había vaticinado hace unas semanas. Quiero decir, la película es cutre, baratilla, simple, previsible y huele a refrito de todas las películas y TV movies infantiles sobre la Navidad que llevamos viendo desde que somos seres humanos de la cultura pop. Pero había algo que se me había escapado por alto en el tráiler y que me ha pillado muy con la guardia baja: la autoconsciencia. Aunque parezca obvio que un producto surgido de la viralidad de Internet recurra a lo “meta” y a técnicas como la rotura de la cuarta pared y las referencias continuas y explícitas de que “estamos en una película”, realmente está todo ejecutado con bastante gracia y cada vez que hay un guiño de este tipo la película gana enteros.

Lo que dije:

“Grumpy Cat’s Worst Christmas Ever’ será una película muy trashy, barata, blanca y aburrida, con todos los clichés, a los que no me opongo, del cine familiar (véase malotes en plan ‘Solo en Casa‘, padres que no se enteran de nada y niños luchando por descubrir el espíritu de la Navidad y de paso hacer amigos animales) y tendrá una sobredosis difícil de digerir de grumpy cat con muchos chistes alrededor de memes que todos ya conocemos y con uno o dos grandes momentos que nos harán reír y a la vez nos hará miserables por no tener un gato tan adorable como Grumpy. “

Lo cierto es que el esquema clásico a lo “Sólo en casa” con los dos villanos patosos y la niña heroína intentando arreglar el desaguisado es bastante agradable y aunque hace semanas me quejaba de lo “blanco” que iba a ser todo, realmente la metáfora de la película me parece bastante bonita y, teniendo en cuenta que es una película para niños, me parece muy acertado incluir el mensaje de defensa a los animales y la responsabilidad familiar con las mascotas. Muy bien.

Lo que dije:

“Vaticino escenas muy absurdas intentando sortear el handicap que supone que tengas una película protagonizada por un gato y que… ese gato no pueda caminar.”

Realmente es bastante loco que prácticamente todos los planos de Grumpy (que son muchos, obviamente) se dividen en: Grumpy tirada en un cojín y primer plano de Grumpy con distintos complementos. Realmente no hay tanto handicap, sino que Grumpy funciona más como narradora en muchos momentos que como propio personaje de la película (que también). Bastante divertidos los cortes a publicidad, en los que Grumpy corta la historia para pedirnos que “compremos cosas” o para hacer hincapié en el hecho de que estuviéramos viendo la película: “¿De verdad sigues viendo esta película basura?”.

Los adultos, completamente anulados en una fiesta muy estúpida. Como siempre en este tipo de películas, los adultos son completamente irresponsables. ¿Qué mensaje nos quieren mandar las películas navideñas? ¿Acaso durante la Navidad los niños son más responsables y los adultos son más (todavía) más inmaduros? Que alguien venga a aclararlo en la sección de comentarios, por favor. (También se admiten nuevos comentarios en la crítica de La vida de Adèle, que hace sólo 18 horas que no tiene ninguno).

Si no tenéis estómago para ver una hora y veinticinco minutos sobre un gato miserable y una niña marginada que se hacen amigos salvando a un perro top model (sí, ese es el argumento real de la película), siempre podéis buscar ilegalmente (buena suerte) enlaces para ver el especial de ‘Black Mirror’ de Navidad con el mismísimo John Hamm, o el capítulo navideño de ‘Doctor Who’. Incluso ya podéis ver por ahí la llegada de George Clooney a ‘Downton Abbey’ (he leído por twitter algo sobre Maggie Smith rodando por un sofá).

Feliz Navidad a todos.

***

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