Lo mejor que vimos en el 2014 (I)

Estos últimos días del año son épocas de listas y más listas recopilatorias que nos acaban saliendo por las orejas. Como en esta santa casa no podíamos dejar de lado un fenómeno ya casi más tradicional que el turrón o Fabra ganando la lotería, pero a la vez no queríamos hacer lo mismo de siempre, los que habitualmente escribimos de estas cosas audiovisuales hemos dado un paso atrás y compartiremos protagonismo con los que escriben de otros asuntos. Hemos pedido a todos los colaboradores de Mayhem que nos recomendaran algo que hubieran visto en 2014 y que hubiéramos cometido la desfachatez de no reseñar propiamente en nuestros artículos. Películas, series, documentales, vídeos virales y hasta videojuegos. Esta es la variopinta colección que desde nuestros diferentes intereses consideramos que no puedes perderte.

La migración de las mariposas (Alonso Crespo)

Asela Viar (Franquear en Destino y Las Palabras y las cosas)

Descubrí esta pequeña perla en medio del océano de Internet por casualidad. A lo largo del año ha pasado por mi pantalla varias veces y me encanta. La Migración de las mariposas es un trabajo de la Academia de San Carlos, en México, que cuenta una historia muy familiar para todos aquellos que vivimos en el extranjero. Capta esa sensación agridulce de estar lejos de casa desde una perspectiva en la que, como la vida misma, no todo es blanco o negro. En un minuto y medio condensa sensaciones de nostalgia o desapego y las contrapone a las de libertad o armonía. Migrar debería ser un derecho. Lo mismo que no tener que hacerlo si uno no quiere. Nada como sentarse frente a él con los sentidos bien abiertos y disfrutar.

Flappy Bird: el efímero pájaro que murió de éxito

Jose Hevia (Diez temas 10, Beat the byte)

Pasó hace tanto que parece que fue en 2013, si no en otra vida anterior, pero lo más destacado del audiovisual en este año se lo dedico a un extraño fenómeno que tuvo lugar de forma tan efímera como intensa a comienzos de año: Flappy Bird. Corría la primera semana de febrero cuando, sin darnos cuenta, un simplón videojuego móvil de estética retro, inequívocamente inspirada en la de Supermario, se convertía en viral alcanzando decenas de millones de jugadores en todo el mundo en sólo unos días.

Tal fue la fiebre que desató este adictivo juego que en menos de una semana su creador llegó a ganar 50.000 dólares al día. Sin embargo, en un inexplicable ataque de excentricidad, el vietnamita Dong Nguyen decidió cerrar para siempre su millonario videojuego por sentirse “abrumado” por el tremendo éxito, dejando así la miel en los labios a quienes todavía no habían descargado Flappy Bird y mayor satisfacción aún en quienes ya disfrutaban de su juego.

Aunque no se conocen casos de suicidio a lo ‘Tamagotchi style’, las consecuencias de este fenómeno viral fueron una vez más absolutamente desproporcionales, con usuarios llegando a pagar miles de euros por terminales que tuvieran Flappy Bird instalado. La exclusiva la dio Aquarius hace más de un lustro: el Ser Humano es extraordinario.

Isabel: cuando la realidad supera a la ficción

Marta Quintín (Fáctulas)

Aunque Isabel haya terminado a la vez que 2014, no es una serie de este año, ni del anterior ni del otro. Es una serie de todos los tiempos porque la historia que cuenta también lo es. La escojo porque, a mi modo de ver, tal vez por esa inercia y ese complejo de garrulos que nos hace anteponer por sistema lo de fuera a lo de adentro, no se ha reconocido convenientemente el valor de esta serie de TVE cuyas tres temporadas, en mi humildérrima opinión, nada tienen que envidiar a las superproducciones más preciosistas y cuidadas.

Y este mérito lo ha logrado en todos los aspectos que se le pueden pedir a un producto audiovisual: de ambientación y localizaciones (seamos serios, ¡¿qué serie puede competir con una que ha tenido por decorado el patio de los leones de la Alhambra?!), de interpretación (Michelle Jenner ha logrado con su caracterización de la Católica lo que parecía imposible: que me la crea en este papel, a pesar de la dificultad de desarrollarlo en un lapso temporal de más de treinta años, sin que me venga a la memoria aquella infumable Lolita a la que encarnaba en la carpetovetónica Los hombres de Paco y a la que pensé que la iba a asociar ya per secula seculorum) y, por supuesto, de trama y de guión.

Tal vez, porque no haga falta un Aaron Sorkin o un Vince Gilligan (sin desdoro de estos caballeros) cuando se pueden pergeñar las más retorcidas intrigas, los más intensos conflictos de alta política, los temas sociales que atañen a todo un pueblo y los personajes más inolvidables (no es casualidad que medio milenio después aún nos acordemos de Colón, Juana la Loca o el cardenal Cisneros), simplemente recuperando los libros de Historia. Porque, sin duda, hay historias de la realidad que superan a las de la ficción. E Isabel nos lo ha contado de un modo que, seguro, no defraudaría a quienes la vivieron.

La sal de la tierra (Wim Wenders)

Javier C. (Mejor Callarse)

El antaño deslumbrante Wim Wenders, autor de películas tan memorables como En el Curso del tiempo, Paris Texas, o El amigo americano, parece haber perdido desde hace tres décadas el favor del público y de la crítica como elaborador de ficciones. En cambio, sus documentales alcanzan casi siempre la maestría: tanto Buenavista Club Social como Pina son soberbios. Lo mismo sucede con La sal de la tierra, estrenada hace muy poco; y, para quien esto suscribe, una de las joyas cinematográficas del año. En ella Wenders recorre la existencia y, sobre todo, la obra, del célebre fotógrafo Sebastiao Salgado: cómo los avatares del destino y de la experiencia lo llevaron desde la vida indígena sudamericana a fotografiar sólo animales  y paisajes. Siempre en un sobrio, elegante y elocuente blanco y negro, las fotos de Salgado se van sucediendo en la pantalla mientras sus reflexiones sitúan en contexto las imágenes. Aunque se trata de un documental duro y bastante poco dirigido al espectáculo de masas (aunque a estas alturas a Wenders le importará un bledo tal espectáculo), por la profundidad de sus asuntos y la desnudez con que ilustra las penas y crueldades de la naturaleza humana, así como por la belleza con que a veces nos maravilla, quede aquí recomendado a los lectores más curiosos de Mayhem como una obra de arte que no deberían pasar por alto.

Infiltrados en la universidad (Philip Lord, Chris Miller)

Fernando García de la Cruz (Polisemias, Rebobina y El crítico prejuicioso)

Los milagros suceden y no sólo en Navidad. Y si el inesperado éxito de la desternillante Infiltrados en clase (en inglés, 21 Jump Street), esa absurda y en principio (¡sólo en principio!) innecesaria adaptación de la popular y ochentera serie juvenil norteamericana de idéntico título, ya era prueba de la existencia de un Todopoderoso, el taquillazo que ha supuesto este año su secuela, la epatante Infiltrados en la universidad (lógicamente en la lengua de Shakespeare, 22 Jump Street), debe tomarse como el signo celestial definitivo que te exhorta al denostado hábito de ordenarse y abrazar una vida regida por la implacable justicia divina. Porque sí, bien amado lector mayhemero, Infiltrados en la universidad también es divina, hasta diría que se lleva el premio a la cinta más divertida del año. ¿Quién lo habría adivinado, verdad? Pero esta comedia policial a lo buddy movie resulta tan absurda, tan desmadrada, tan tendente a lo mágicamente idiota, que sinceramente uno no puede resistirse y se deja arrastrar gustosísimo por un humor afilado a la vez que tosco. Además, Jonah Hill (¡qué grandioso imbécil, acabará siendo buen actor!) y Channing Tatum (experto en reírse de sí mismo) están de dulce, secundados por un Ice Cube que sin duda se queda con la mejor escena de la película… Y no te digo más (no tengo espacio para ello). Te resumo: sé un bendito botarate y regocíjate con esta joyita de lo ‘monguer’. ¿O es que acaso quieres que la inminente tercera parte (¡éxito a la vista!) y su más que rumoreado crossover con Men in black te pillen otra vez a pie cambiado? ¡No serás capaz, motherfucker!

Noel Fielding’s Luxury Comedy: Tales of Painted Hawaii

Cristina Arias (Adulthood)

La psicodelia multicolor de Noel Fielding me volvió a maravillar este verano en la televisión británica (y luego muchas veces en youtube, porque no podía parar de ponerla) con la segunda temporada de su programa “Noel Fielding’s Luxury Comedy”. Si en el primer período, la serie presentaba a sus personajes a través de diálogos hilarantes y escenarios inesperados que conformaban un absurdo y fabuloso mundo paralelo a caballo entre Yellow submarine y La hora chanante, en este caso el formato elegido ha sido el de sitcom/reality show en una cafetería situada al borde de un volcán (de plastilina) en Hawaii. En ella, Noel y sus amigos tienen que solventar situaciones muy críticas, como por ejemplo hacer molar a Noel para que unos pepinos espaciales no lo pulvericen con su rallo laser (su colega Dolly pega a Joey Ramone para que le preste su chupa de cuero y así molar más, y Yoko Ono le regala un huevo gigante).

Esta temporada resulta más estructurada que la anterior y se introducen menos personajes nuevos, pero aún así continúa ofreciendo conceptos interesantes y mucho humor absurdo. El estreno de sus capítulos era mi momento favorito de la semana. Lástima que solo hubiera cinco.

Mommy (Xavier Dolan)

Javi Roiz (Todo por la audiencia)

Hay que ser muy paciente cuando se elaboran listas de lo mejor del año. A veces, y especialmente en el mundo del cine, las mejores obras llegan a final del año y, en esta ocasión, la mejor película de 2014 se estrenó hace apenas tres semanas. Mommy, de Xavier Dolan debería haber ganado la Palma de Oro este año. Un prodigio de forma y contenido. Una película grandilocuente, exagerada, estridente y sin embargo certera, delicada y muy sofisticada. La mejor película de uno de los directores más interesantes de la actualidad, capaz de retratar las relaciones humanas con un empaque visual único. Un nuevo Pedro Almodóvar, con el que comparte universo pero del que se aleja buscando su propia identidad y al que, todo sea dicho, poco tiene que envidiar con una carrera corta pero muy intensa. Un lujo poder ver en una sala de cine comercial una película tan arriesgada y a la vez tan universal. Ojalá 2015 nos traiga, además de esa apetitosa liga de blockbusters (Star Wars, Jurassic World, Los Vengadores, Spectre…), una película que nos recuerde que en el cine del siglo XXI también se puede contar historias con rúbrica.

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