Mixtape

Alguien a quien procuro evitar, pero a quien las circunstancias no me permiten mandar a paseo cuando nos encontramos, pregunta: “¿Y cuáles son vuestros propósitos de año nuevo?”. Pensaba diluirme en el plural difuso en el que ha sido formulada la pregunta y dejar que contestara algún otro. Sin embargo, el inquisidor me mira directamente a los ojos. Intento transmitirle sin palabras que no he hecho ninguna lista de propósitos y que no soy la persona indicada para contestar. Lamentablemente, no tengo ningún tipo de habilidad telepática, y él tampoco. Luego me río internamente al resolver que se está dirigiendo a mí en plural mayestático sin darse cuenta. Contesto confiada en tono señorial: “Pues no sé. Los de siempre”. “¿Te refieres a comer menos chocolate y esas cosas?”, vuelve a preguntar. Supongo que me lo merecía.

Me retiro del encuentro distraída. Hasta ahora, de hacer algún balance anual, lo hacía el día de mi cumpleaños. En cualquier caso, para mí no era más que un ejercicio de perspectiva sobre el resultado de todos los balances diarios. No me había parado a pensar que mi práctica individualista, aunque necesaria, también era estúpida porque el optimismo del cumpleaños solo se puede compartir con algunas madres, con los hermanos gemelos y con coincidencias extrañas, y así es mucho más difícil sostenerlo. En cambio, el año nuevo es un fenómeno de euforia colectiva que permite recapacitar en masa y hacer el ridículo durante más tiempo porque lo haces acompañado. Seguramente existen estudios que demuestran que la mayoría de la gente solo ejecuta sus buenas intenciones en esta época. Hay predisposición para dejar de procrastinar. Dependiendo de la fuerza de voluntad de cada uno, ésta puede desaparecer en un mes. En realidad, necesitamos excusas para corregir las cosas disimuladamente todo el rato.

El primer estado físico de todas estas reflexiones y propósitos, mucho antes que los hechos en sí (que es posible que no ocurran nunca), son las listas. De camino a casa, reviso mi feed de noticias en el móvil y solo encuentro enumeraciones sobre lo que fue y lo que será. Miro a las personas que hay a mi alrededor. Después miro mi reflejo en la ventana del metro. Este tipo de inventarios me dan pánico desde la primera vez que leí a Nick Hornby, pero mi cerebro ha entrado en bucle y está elaborando listas sin control. En estado febril, decido preparar una lista de propósitos de año nuevo representados por canciones del año concluido que me gustaron. La idea es regalársela a mis amigos, que probablemente no la escucharán entera. Se acordarán de canciones que les gustaron a ellos e iniciarán su propia lista. Mientras sigamos compartiendo, el delirio es legítimo. No puedo esperar. Saco un cuaderno y un boli y apunto:

  1. “Not enough violence” de Ariel Pink. Empieza con relojes despertadores y Ariel habla de cuerpos de plantas energéticas y repite que eres fertilizante. Esto, claramente, te da ganas de tomar la iniciativa, salir corriendo, hacer muchas cosas y controlar tu vida.
  2. “Ways to be loved” de TOPS. Después de tres décadas en las que a todo el mundo le da igual todo, te apetece desvincularte de la miserable gente tóxica e involucrarte para hacer que todas las relaciones sociales que mantengas en el nuevo año sean significantes.
  3. “Bamboo” de Deers. También te apetece interactuar con los animales y correr por las calles. Una buena combinación de ambos intereses puede ser perseguir ardillas en un parque o intentar capturar murciélagos lanzando una gorra al aire. Es el momento de descubrir nuevas aficiones, hacer deporte y sentirse libre, porque a estas alturas de las redes sociales los complejos no existen.
  4. “For you” de Gold-Bears. Sencillamente quieres enfatizar los conceptos de libertad y relaciones saludables que ya has mencionado antes porque el año anterior fue una decepción en ese sentido.
  5. “Making breakfast” de Twin Peaks. Pretendes dormir más y conseguir desayunar bien todos los días en vez de salir corriendo con ojeras mientras lanzas una manzana en la cartera para ir comiendo de camino al trabajo. Al interactuar con los libros y el portátil, a la manzana le salen moratones y te da un poco de pena. También proyectas inculcar la buena práctica del desayunar en tu círculo social más cercano. Aunque tus amigos repitan que ellos por la mañana solo suelen tomar café, cuando les obligas a tomarse el desayuno, se lo toman contentos. Nueva máxima: desconfiar de las personas que proclaman que no les gusta desayunar. Sospechas que son deshonestas.
  6. “Fall in place” de La Sera. Tendrás la sensación de que las cosas importantes van por el buen camino.
  7. “Every night” de Hannah Diamond. Y cuando todo esté en su sitio, llegará el fin de semana y lo echarás todo por tierra, aunque te lo pasarás muy bien.

No sé si al final se me ha pegado la euforia colectiva, pero piensa en todas las canciones nuevas que vamos a aprendernos.

***

Foto de portada: I got the rhymes and beats… (Foto: AndYaDontStop-Flickr)

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