Broadchurch 2: ¿cuándo acabar con el drama?

Esta semana, tan convulsa en la vida real, que nos empuja a balazos a refugiarnos en la inopia de la ficción, se estrenaba el primer capítulo de la segunda temporada de ‘Broadchurch’. En este año en el que el drama noir ha inundado la televisión (ya hemos hablado largo y tendido del tema, no me pondré muy pesado), la serie británica volvía arriesgando considerablemente más que sus homólogas al llevarnos a un escenario en el que el caso de la primera temporada ya se ha cerrado (y diría yo que con bastante éxito en la consecución de su trama) y en el que visitamos a sus personajes para ver cómo llevan el drama.

Pues, ¿cómo lo van a llevar? FATAL. Obviamente, todo es un desastre. La familia que ha perdido a su hijo está sumida en una profunda depresión y el entorno de su asesino no anda mucho mejor. La serie pilota como en la primera temporada desde el personaje de David Tennant (quiero demasiado a su Doctor Who como para cogerle manía por este sombrío y anodino detective de policía, pero me faltan fuerzas) y aunque vemos pinceladas de un nuevo caso de misterio alrededor de nuestros protagonistas, la trama principal de la serie continúa anclada en la vida chunga que le queda por delante a estos personajes.

¿Es esto necesario? ¿De verdad podemos soportar una temporada entera llena de dramas? En muchas ocasiones nos preguntamos qué ocurre con los personajes en todas esas novelas, películas y series de misterio en las que en el último capítulo se atrapa al asesino. En el género negro parece siempre que la paz de los personajes llega una vez se ha resuelto el caso y ha quedado clarísimo que “el malo” ha sido ajusticiado. Sabemos que en la vida real no es así, y que todo es mucho más gris y más complejo (el epílogo de la primera temporada de ‘The Missing’ es una muestra más). Admiro la intención de Broadchurch de mostrar esa realidad, pero soy incapaz de aguantar más capítulos de sufrimiento. Por un lado porque ya la primera temporada ponía mucha atención sobre el comportamiento de la familia de la víctima, y asistimos a escenas muy dramáticas (desaparición, confirmación de su muerte, discusiones familiares, etc.), y por otro lado porque no me parece que el enfoque de esta segunda temporada se incline hacia la sutileza. Más bien parece que esta pelea entre abogadas (sólo Charlotte Rampling podría hacerme comerme el drama) va a tirar por derroteros del culebrón morboso que la primera temporada siempre había bordeado pero que curaba con altas dosis de misterio e investigación policial.

Me interesa siempre ver series que van más allá y que se esfuerzan en diferenciarse del resto ya sea acercándose a la realidad o alejándose por completo, pero la línea de acercamiento a la realidad de la segunda temporada de ‘Broadchurch’ me resulta innecesariamente angustiosa. Quiero decir, me como el marrón de los últimos capítulos de ‘A dos metros bajo tierra’ con mucho gusto. Porque son personajes que hemos querido durante varias temporadas y porque, sabemos, la serie siempre había sido eso. Pero, ¿debería haber dado carpetazo ‘Broadchurch’ al caso de su primera temporada y empezar esta segunda con un nuevo caso como harán ‘Fargo’ o ‘The Missing? ¿Vosotros tenéis las agallas de ver otros ocho capítulos de personajes llorando por las esquinas? Tal y como está de triste este mundo en el que vivimos yo me voy a refugiar en los brazos de la Agente Carter. La semana que viene os cuento.

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