Whiplash: Cisne negro y el sargento de hierro se marcan un bis

Poco sabía de Whiplash cuando me invadió la oscuridad de la sala de cine. Una idea muy genérica de su sinopsis, que tampoco me emocionaba, uno es más bien poco musical, y el boca a boca que la etiquetaba como la sorpresa cinematográfica del año. Nada que me preparara para la intensísima experiencia que viví durante la hora y media larga de metraje. Una experiencia que me dejó exhausto como no conseguía una película desde la claustrofóbica Gravity.

La premisa de Whiplash leída en frío puede oler hasta a rancia: la clásica relación entre el estudiante ambicioso y el profesor exigente. La cosa a priori está a huevo para desembocar en un drama sobre la superación con moralina final pero se convierte en manos de Damien Chazelle en el thriller psicológico del año y heredera directa del Cisne Negro de Aronofsky. Pese a sus evidentes reminiscencias, tanto temáticas como formales (¡ay! esa recreación en el dolor físico), el realizador consigue otorgar a su cinta una personalidad propia, imbuida por el alma jazz que invade cada fibra de su ser, desde la estupenda banda sonora hasta su montaje, tan vibrante y variable como un solo de Miles Davis (perdón, amantes del jazz, si aquí he incurrido en alguna atrocidad).

Como en la cinta protagonizada por Natalie Portman, Whiplash explora los límites de la ambición y los peajes que ello conlleva ¿Hasta dónde merece la pena llegar para lograr trascender? Sin embargo, planteado el debate, Chazelle opta por no ofrecer una respuesta clara, dejando la elección en manos del espectador ¿Vivimos en la sociedad de la competitividad tan obsesionada con la perfección que llega a deshumanizarse? O por el contrario ¿hemos caído en las garras de la corrección, tan plegada a lo políticamente correcto y al “todos somos iguales” que acabamos en el fango de la mediocridad?

En este último sentido, la frase de la película, “Good job are the worst two words of English language”, en boca de Terence Fletcher, el desquiciado personaje interpretado por J.K Simmons, o el sargento de la chaqueta metálica convertido en director de orquesta. Un personaje con el que se podía caer muy fácilmente en la caricatura y el “pasadismo” de vuelta y que Simmons se mete en el bolsillo con una presencia literalmente acojonante. Servidor sentía un nudo en la garganta cada vez que el inminente ganador al Oscar al mejor actor secundario aparecía en pantalla, mérito a partes iguales de la abrumadora presencia física de Simmons y el virtuosismo de la realización, capaz de transformar un ensayo de una banda de jazz en la peor de las pesadillas.

Frente a él un Miles Teller quizás algo oscurecido por la alargada sombra de su compañero de reparto y su juventud pero que cumple con creces con un papel muy exigente. A poco que Fantastic Four salga bien, interpretará a Mr. Fantástico, allanará su camino al estrellato.

“La sorpresa cinematográfica del año” se gana su título con creces, rematando las virtudes anteriormente expuestas con uno de los desenlaces más apoteósicos que servidor recuerda. Viéndolo me debatía entre la incapacidad de pestañear y el asombro de que algo así (no entraré en detalles) pudiera dejarme pegado al asiento. 20 minutos que coronan no solo la sorpresa, sino una de las grandes cintas de la hornada de 2014. Imprescindible.

Lo que dijo El crítico prejuicioso

La promesa de un ritmo frenético y asfixiante que solo te permita coger aire con la llegada de los créditos son los elementos que preveo y exijo en una de las sorpresas de la temporada

La primera en la frente, porque aquí lo clavó el condenado. ¿una película sobre un batería que te clava al asiento? Hell, yes!

Tendremos que dejar fuera de nuestro pequeño equipaje la exigencia de una historia compleja, de eso ya se encargarán los personajes, porque si vamos esperando una peli que rompa los esquemas de la clásica trama de maestro malvado- alumno que lo amaodia nos vamos a llevar una decepción

Aquí le daré la razón solo parcialmente ya que la historia per se no sale de los esquemas que expone el Crítico Prejucioso pero su ejecución es tan particular que consigue eclipsar estos tópicos. A ratos te creerás viendo una peli de Michael Mann.

¿Qué gafas me llevo?

whiplash-gráfico-prejuicioso

Entonces: ¿voy a verla?

Que la temática musical no te eche para atrás porque aquí hay mucho más en juego. Inmensa e imprescindible.

***

Especial Premios Óscar 2015

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