The imitation game y la fórmula mágica

Hace no mucho, Marta Peirano (jefa de Cultura de El Diario) publicaba este fantástico artículo en el que recopilaba las incoherencias científicas y biográficas de The Imitation Game. Cuando uno lo lee después de haber visto y disfrutado la película, no puede evitar una tímida sensación de engaño. En el pacto que firmamos al comprar una entrada de una peli basada en hechos reales, sabemos que renunciaremos a ciertas complejidades de la verdad en favor de los ritmos narrativos, pero esa renuncia lleva implícito también un compromiso por parte de los autores de que no nos van a engañar, que es en esencia lo que se ha hecho aquí. Mucha gente descubrirá a Turing con The Imitation Game, y es una lástima que parte de ese descubrimiento sea simplemente mentira. Por eso, pese a que no lo tendré en cuenta para hablar de la película, he creído conveniente comenzar con este aviso a navegantes.

Ahora sí, al lío.

The Weinstein Company, para los que no la conozcan todavía, es la empresa con la que desde 2005 los hermanos Weinstein se dedican a coleccionar Oscars. El discurso del rey  o The Artist fueron las últimas que lo lograron, pero también han conseguido colar entre las nominadas a algunas candidatas inesperadas, como Philomena o El lado bueno de las cosas. Se puede decir que estos señores se mueven como nadie en esa brutal campaña de marketing en la que se ha convertido la carrera de premios en los últimos tiempos. Con ocho nominaciones, The Imitation Game es su apuesta para este año, y después de verla uno empieza a comprender los ingredientes alrededor de esta particular receta del éxito.

¿Quién tiene más atractivo comercial, Alan Turing o Benedict Cumberbatch? La respuesta es obvia, los científicos no provocan colas en los cines. ¿Y por qué se conoce a Cumberbatch? Por su papel de Sherlock Holmes en la serie de la BBC. Partiendo de estas dos premisas, ¿qué es lo más atractivo que podemos ofrecer a un espectador que se acerque a ver The Imitation Game? A Sherlock Holmes con traje de matemático. Añádase a esto que Cumberbatch es un buen actor y sabrá aportar los matices suficientes para que no parezcan interpretaciones calcadas y ha dado usted con una fórmula de éxito.

Seguimos. ¿Preferimos películas de científicos o películas de nazis? ¿Espías o matemáticos? ¿Un gran avance científico o ganar una guerra? ¿Una historia de amor, aunque sea descafeinada, o el conflicto interior de un hombre por su homosexualidad? ¿Explicar en profundidad los dilemas morales o utilizar flashbacks y flashforwards para tratarlos metafóricamente? Si has acertado todas las respuestas puedes estar de enhorabuena, estás más cerca de ganar un Oscar.

Todo esto puede sonar a reproche, pero no es ni mucho menos mi intención. Estos elementos pueden contribuir a que The Imitation Game no sea especialmente compleja u original, pero a cambio son decisivos para que sea un artefacto perfectamente diseñado para entretener. Los diálogos ágiles, los personajes más británicos que el Támesis y un guion delicado y milimétrico son los arietes que completan esta fórmula mágica que hace casi imposible que un espectador se marche del cine soltando exabruptos por la boca.

El problema de esta fórmula es que su efecto es corto. Un poco como esos chistes malos que provocan la carcajada instantánea, pero que has olvidado antes de que la sonrisa se te haya ido de la boca. Es lo malo de apostar por lo seguro, por lo inofensivo: si no desafías al espectador, si no le atacas o le haces preguntas incómodas no tendrá nada que reprocharte, pero tampoco nada por lo que recordarte. ¿Cuántas veces has hablado de El discurso del rey en los últimos tiempos? ¿Y de El Árbol de la vida? ¿Ha salido más veces en tus conversaciones de cine Cisne negro o The Artist? Como dicen los abuelos, pan para hoy y hambre para mañana. Veremos si la fórmula mágica vuelve a funcionar.

Lo que dije de The Imitation Game

De la peli me atrae todo, empezando por la figura del mismo Turing. Un señor que se dedicaba a romper mensajes cifrados, inventó el primer ajedrez electrónico y avanzó muchísimo las investigaciones sobre inteligencia artificial merece todo nuestro reconocimiento y más. Con que la peli esté a un cuarto de la altura del personaje ya estaríamos hablando de un peliculón.

Es muy difícil devolver en una película lo que significó Turing, pero The Imitation Game hace un papel muy digno intentándolo. En esta ola de cine “reconozcamos nuestros errores como especie” que tan bien le ha ido a Hollywood últimamente, la peli se esfuerza por mostrar los problemas personales del matemático como consecuencia de una sociedad enferma e intolerante. Muy bien.

Ahora bien, estamos hablando de un biopic y ya sabemos los problemas que eso tiene, más aun cuando el protagonista es un científico. Esperemos que la peli no caiga en los tópicos del género (la estructura ascenso-caída-redención por ejemplo) o que no huya de los aspectos más complejos para centrarse en la homosexualidad del protagonista.

La estructura narrativa ayuda a esquivar estos lugares comunes con sus idas y venidas en el tiempo. El equilibrio entre la trama científica y los temas personales es estupendo. Todo se trata, a todo se le da su justa importancia y no te da la sensación de que enfaticen el discurso hacia un sitio u otro.

Si el guion está a la altura, la combinación de la interesantísima materia prima y la increíble actuación de Cumberbatch (esto no lo dudéis ni un instante) pueden dejarnos con una de las pelis del año.

El guion, como se ha dicho, es uno de los puntos fuertes, y la interpretación del amigo Benito es demoledora, de las mejores de su carrera.

¿Qué gafas me llevo?

imitation-game-grafico-prejuicioso

Entonces: ¿voy a verla?

Una de las apuestas seguras de la cartelera. No revolucionará tu manera de ver el cine ni te dará nada nuevo que no hayas visto antes, pero la ejecución y el talento a todos los niveles hacen de ella un entretenimiento de categoría.

***

Especial Premios Óscar 2015

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