Los mayores también necesitan escuelas

Hoy he venido a hablar de mi libro. Y el “libro” que en estos momentos me ocupa son las prácticas como profe de Lengua que desde hace unas semanas llevo a cabo en una escuela de adultos en serio peligro de extinción, cuya difícil situación nos lleva a reflexionar sobre las oportunidades de las que gozan, o más bien de la que se privan, a las personas más débiles en nuestra sociedad: los mayores ya no sólo sufren los recortes en pensiones y sanidad, ahora también en educación.

La Escuela Municipal de Adultos (EMA) Ramón María del Valle-Inclán se encuentra en Alcorcón, ese pueblo que parece sólo sale a relucir por motivos trágicos, esperpénticos o de género fantástico, y cuyo alcalde, el un día delfín de Esperanza Aguirre David Pérez, lleva desde que llegó al Ayuntamiento en 2011 empecinado en ejecutar el cierre del centro a discreción.

Año tras año, el Consistorio ha procurado el progresivo despido de buena parte del personal que hacía funcionar la EMA, hasta que el verano pasado se le dio la estocada cuando, a sólo unos días del inicio del curso, se decretó la salida de la mitad de la plantilla remanente. Hoy, los encomiables esfuerzos y la generosidad de los únicos OCHO profesores que quedan han permitido que continúe la actividad de la escuela con dignidad ofreciendo el máximo nivel al máximo número de alumnos posibles dentro de las limitaciones.

Pero el Ayuntamiento de Alcorcón, tradicionalmente bastión de la izquierda pero que hoy rige el PP, no parece dispuesto a pararse ahí y todo apunta a que el cierre de la escuela podría, para desgracia de muchos, estar próximo.

Educación para los más desfavorecidos

La EMA de Alcorcón, que cuenta con más de tres décadas y media de historia, ha realizado siempre una extraordinaria labor educativa y social de cara a los más desfavorecidos de su comunidad. En su seno conviven a diario gentes de todas las edades, etnias, culturas y condiciones socio-económicas, todas ellas unidas por las ganas o la necesidad de formarse:

  • Chavales próximos a los 20 años que, por distintas circunstancias, no pudieron obtener el graduado escolar en su etapa escolar y que quieren alcanzar de una vez por todas el mínimo de la educación obligatoria.
  • Personas en su edad adulta de diferentes edades que, bien por satisfacer sus inquietudes y frustraciones, o bien por haber quedado en situación de desempleo, deciden retomar su formación académica con el fin de conseguir nuevas metas en uno u otro sentido.
  • Población migrante de diferentes orígenes que ven en la EMA una buena oportunidad de intentar igualarse a sus conciudadanos en formación y también de favorecer su propia integración en la comunidad.
  • Y, por último, personas de la tercera edad que, una vez jubilados, encuentran en la EMA un lugar donde poder aprender todo aquello que antes no pudieron y para buscar nuevas formas de relación social.

Pero de todas esas, me interesan más que ningunas otras las personas más maduras, más mayores, que representan uno de los perfiles más presentes en las escuelas de adultos. Durante la breve experiencia vivida durante las últimas semanas, son los que más me han llamado la atención y por los que más temo el eventual cierre del centro.

Muchos de ellos son directamente analfabetos, aunque la composición de este grupo ha ido derivando, por efecto de la crisis, desde los mayores que en su infancia no pudieron acceder a una educación primaria hacia cada vez más una población migrante iletrada incluso en su lengua vernácula; también los hay que, aun teniendo unos mínimos escolares, apenas leen y escriben con fluidez y acuden a la escuela para reforzar su formación y cultura; y, por último, los menos, están los mayores que quieren completar su currículum y obtener el graduado para pasar después por un nivel de educación superior.

Los recortes en gasto social van siempre en perjuicio de los más débiles y el de Alcorcón es un buen ejemplo: las personas mayores son, junto a los desempleados, quienes más sufren el tijeretazo en inversión pública. Seguro que nada tiene que ver que sean los menos sensibles a la economía de consumo que sostiene el sistema capitalista, ¿verdad? ¿Realmente supone tanto esfuerzo para el Ayuntamiento de una ciudad con más de 170.000 habitantes mantener un centro que ofrece tamaño servicio público? La respuesta es tan evidente como la conclusión que extraemos: al PP de Alcorcón, como al desconsiderado partido en su conjunto, le importan bien poco las personas más desfavorecidas.

El currículo oculto

El cierre de la EMA de Alcorcón y la política de recortes en que se enmarca debe hacernos reflexionar sobre las oportunidades que este segmento de la población tendrá en el futuro. Cada vez parece más claro que los ancianos sobran para esa clase dirigente que se aferra a los principios del más duro neoliberalismo: recortan sus pensiones, les reducen la asistencia, estafan sus ahorros, se aprovechan de su generosidad y ahora, como en Alcorcón, también quieren acabar con las posibilidades de formación y socialización de una parte de la tercera edad, como también del resto de la comunidad.

Parece fácil convenir que el incalculable valor de la experiencia de los más mayores es fundamental para el desarrollo de cualquier sociedad, como acreditan tantas civilizaciones de todo el mundo. Pero se necesita poder vehicular ese conocimiento, esa experiencia, en todo momento y qué mejor forma de lograrlo que ofreciéndoles espacios de formación y compartición de conocimientos, en permanente contacto con generaciones posteriores a las que poder enseñar y de las que poder aprender.

Porque ahí radica el otro gran servicio que prestan estas escuelas para adultos: la disposición de un espacio donde poder socializar y compartir; muchos de los mayores que acuden a la EMA de Alcorcón a engrosar lo que se denomina currículo oculto, esto es, los aprendizajes que asimilan sin figurar en la programación oficial. En este sentido, la mayor parte de los ‘abuelos’ que acuden a la escuela no lo hacen tanto para aprender como, precisamente, para relacionarse y recibir la atención que necesitan y que, por distintas causas (también aquí influyen, claro, los recortes en sanidad o dependencia) no reciben fuera de estas aulas.

Otro plan alternativo para los más débiles

Por otro lado, la realidad nos habla de que vamos hacia un vertiginoso envejecimiento de la población, por lo que urge un plan que, además de encontrar el modo de garantizar el sistema público de pensiones, que a veces parece ser lo único que importa, permita también canalizar un plan de vida con garantías para una tercera edad que cada vez vivirá más tiempo y en mejor estado.

Por eso, lejos de conformarnos con evitar el cierre de esta o cualquier otra escuela de adultos, lo ideal sería que se les proporcionara más recursos y se ampliara el alcance de la educación pública a un todavía mayor rango de población, garantizando así la verdadera igualdad de oportunidades que proclama la Ley en el Estado de Derecho del que tanto presume la clase dirigente actual en España.

Sé, o al menos puedo imaginar, lo difícil que puede resultar conseguir revertir esta situación o siquiera a convencer a alguien de la necesidad del cambio, pero urge al menos empezar a advertir de los peligros que supone la privación de servicios públicos tan fundamentales para los segmentos de población más débiles que más lo sufren. Mayo está al caer y conviene tener esto muy en cuenta.

 

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Foto de portada: Flickr

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