Siempre Alice: Solo Julianne

Si un objeto tiene ruedas, manillar, sillín y pedales lo más probable es que sea una bicicleta; si una película tiene música lacrimógena, gente que llora y una terrible enfermedad que poco a poco va acabando con la identidad de una persona lo normal es que estemos ante un melodrama. Eso, un melodrama, es ni más ni menos lo que nos ofrece Siempre Alice. Uno de sufrir, llorar y reflexionar sobre nuestra corta y frágil estancia en el mundo de los vivos. Pero también tiene un as en la manga: Julianne Moore.

Los directores Richard Glatzer y Wash Westmoreland son los encargados de llevar este bestseller internacional a la pantalla, y en el traslado no se guardan nada: pequeños olvidos, conflictos de madre e hija, la paulatina muerte del yo, discursos emocionantes…Todo el repertorio de escenas parece más enfocado a emocionarte que a contar una historia. La candidatura de una historia como esta para la sobremesa sabatina de Antena 3 parece sólida, pero allí está Julianne Moore para negar la mayor y hacer de Siempre Alice algo digno de recordar. Podría hablar de los matices de su rostro, de la fragilidad que desprende, de la brutal capacidad para transmitir con la mirada o adornar la descripción con decenas de adjetivos halagadores, pero todo se resume mucho mejor en una frase: te la crees.

Aunque nuestra capacidad para empatizar con las películas siga existiendo, los que vemos muchas no podemos evitar (no sé por qué hablo en plural cuando estoy hablando de mí) manejar algo así como dos actividades mentales en paralelo. Por un lado tratamos de creernos y conectar con la historia que nos están contando, mientras que la otra parte está mirando a los actores, la luz de la imagen o dónde se va colocando la cámara. Muchas veces (aunque ni mucho menos todas) una buena crítica se debe simplemente a que la película haya sido capaz de neutralizar a ese cerebro crítico en favor del emocional. Se puede adornar con argumentos racionales, pero en el fondo es eso. Y en el caso de Siempre Alice, aunque la parte racional no deje de señalarte los múltiples fallos narrativos, el lagrimeo gratuito o las constantes excursiones a villacliché, cuando ves a Julianne Moore no puedes evitar sufrir con esa mujer tan de verdad que está perdiendo todo lo que para ella ha significado algo.

Puede que la película sea Julianne Moore y muy poco más, pero sería injusto no destacar a sus escuderos en el reparto, que también contribuyen a que lo que vemos nos resulte creíble. Alec Baldwin y, sobre todo, Kristen Stewart son un gran apoyo para la réplica de una actriz que se lo come todo. Tanto, que es posible que se lleve un Óscar con una película del montón, y eso no es algo que consiga cualquiera.

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Especial Premios Óscar 2015

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