Tecnosoles: Cuando la basura se utiliza para arreglar el suelo

La cantidad total de carbono presente en nuestro planeta es prácticamente constante. Pero la cantidad presente en cada capa geoquímica (atmósfera, biosfera, hidrosfera y litosfera) no lo es. Las transferencias de carbono entre estas capas están producidas tanto por ciclos naturales como por la actividad humana.

Es este último factor el que está desequilibrando la balanza incrementando la cantidad de carbono en la atmósfera desde los comienzos de la era industrial hasta nuestros días, cuando estas emisiones siguen aumentando cada vez más. Estas emisiones que producimos los humanos provienen principalmente del uso de combustibles fósiles pero también del tratamiento de los suelos y de la gestión de residuos. Si se eliminaran todos los vertederos, Europa reduciría sus emisiones de carbono en aproximadamente un 30% para 2020.

Los gases compuestos por carbono junto a los de nitrógeno son cruciales para el efecto invernadero que, si bien es necesario para mantener la temperatura terrestre, en exceso provoca el forzamiento climático (alteración del balance energético radiativo entre la Tierra y el espacio), que es el principal responsable del cambio climático.

Afortunadamente también existe el proceso inverso: la transferencia de carbono desde la atmósfera hacia la hidrosfera y las capas terrestres. Sin embargo, estos sumideros no pueden competir con el flujo de carbono hacia la atmósfera y aun así cada vez se desequilibra más el ciclo. La deforestación, el incremento de la temperatura de los océanos y la contaminación de suelos y aguas, que provoca la alteración de los ciclos biogeoquímicos, reducen el secuestro de carbono de la atmósfera. De este modo, desde dos frentes distintos, las actividades humanas están acelerando y agravando el cambio climático, por lo que cada vez es más difícil encontrar una solución que asegure la estabilidad ambiental de nuestro planeta.

Suelos a la carta

Generamos demasiados residuos y nuestra manera habitual de gestionarlos es almacenarlos en vertederos, utilizarlos para producir compostaje o directamente incinerarlos. De esta manera, los gases de efecto invernadero son expulsados a la atmósfera o a la hidrosfera en cuestión de años, en el mejor de los casos, o incluso horas en el caso de la incineración. En vez de eso, podemos intentar aprender de la naturaleza: la biosfera reutiliza la materia orgánica a través de ciclos biogeoquímicos generando distintos tipos de suelos, donde el carbono es más estable y queda almacenado durante más tiempo sin ser expulsado a la atmósfera (en algunos casos hasta miles de años).

El único inconveniente es que estos ciclos requieren su tiempo, pero si se copian sus mecanismos se puede estabilizar la materia orgánica de los residuos durante periodos largos y aplicarlo a la gestión de residuos: producir un suelo capaz de acelerar el proceso de secuestro de carbono y de filtrar y eliminar la contaminación del ecosistema supondría un gran paso para hacer frente al cambio climático desde otra perspectiva.

Esto es lo que se ha conseguido con los tecnosoles, suelos constituidos por más de un 30% de artefacto (elementos reconociblemente hechos o extraídos por el hombre) que van desde  compuestos químicos provenientes de residuos a algo tan inesperado como conchas de mejillón.

Como estos suelos artificiales pueden obtenerse a partir de un amplio abanico de composiciones, se pueden producir tecnosoles a medida para prácticamente cada tipo de suelo integrándose perfectamente con el suelo natural, donde evolucionan según los factores de formación a los que se ven sometidos. Los tecnosoles se han aplicado durante los últimos años, sobre todo en zonas mineras abandonadas, consiguiendo contrarrestar los efectos contaminantes de dicha actividad y posibilitando el resurgimiento de la fauna y la flora, recuperando ambientes dañados y secuestrando carbono de manera eficiente y duradera. Además, soluciona el problema de la gestión de residuos, puestos son utilizados en su fabricación.

Sorprendentemente, otras culturas llevaron a cabo ideas similares mucho antes de la era industrial, dando origen a suelos que cumplen de manera más adecuada sus funciones.  Un caso característico es el de las Terras Pretas del Amazonas, producidas por civilizaciones amazónicas mucho antes de la llegada de los europeos al continente americano.

La mina de Touro

Investigadores de la Universidad de Santiago de Compostela, liderados por Felipe Macías y con la colaboración de Tratamientos Ecológicos del Noroeste, han llevado a cabo un trabajo de recuperación en la mina de Touro (Pontevedra) con tecnosoles. Este es uno de los ejemplos más significativos de su uso gracias a su éxito y a su aplicación didáctica y como campo de pruebas.

Ejemplo del uso de distintos tipos de tecnosoles según la necesidad del suelo en la mina de Touro. Fuente: Felipe Macías

Ejemplo del uso de distintos tipos de tecnosoles según la necesidad del suelo en la mina de Touro. Fuente: Felipe Macías

La mina de Touro, a unos 25 kilómetros de Santiago de Compostela, fue explotada a cielo abierto entre 1974 y 1988 para la beneficiación de cobre mediante la explotación de sulfuros. Se dejaron taludes rellenos de agua y escombreras que alteran radicalmente el ecosistema en una superficie de unas 600 hectáreas.

Estos sulfuros expuestos han provocado desde entonces que el sistema adquiera condiciones hiperácidas e hiperoxidantes que favorecen además la contaminación del agua por metales disueltos; en este ambiente sólo pueden sobrevivir microorganimos extremófilos y algas acidófilas. Además, los cortes realizados durante la explotación de la mina dejaron el suelo sin nutrientes y la falta de carbono por ausencia de biomasa, que provoca que la actividad biótica sea muy baja, impiden la colonización vegetal y autorrecuperación de la zona.

Conociendo las características del suelo, se buscan materiales con propiedades que contrarresten los agentes contaminantes del sistema para confeccionar los tecnosoles.

Propiedad deseada

Finalidad

Ejemplos

Carácter reductor
Consumir oxígeno y ralentizar la oxidación de los sulfuros
Lodos de depuradora, turbas, residuos agroalimentarios
Capacidad Encalante
Reducir la acidez del suelo y las aguas
Cenizas, concha de mejillón, lodos de depuradora
Capacidad de Adsorción de sulfatos
Retener los sulfatos y evitar que se disuelvan en el agua
Lodos rojos de extracción de bauxita, hidróxidos de aluminio producidos en metalurgia
Capacidad de Adsorción de metales pesados
Retener metales pesados y evitar que se disuelvan en el agua
Turbas, suelos humíferos, residuos de la producción de hongos
Poder fertilizante
Aportar nutrientes para plantas y microorganismos del suelo
Residuos vegetales y agroalimentarios, abonos orgánicos

Todos estos materiales no son adecuados por sí solos, por eso se usan tecnosoles diseñados a medida según el tipo de suelo, las propiedades que se desea que tenga y los elementos contaminantes presentes. Los resultados de estos procedimientos son patentes en poco tiempo, mostrando diferencias significativas incluso en el paisaje en unos pocos años. En el caso de Touro se está consiguiendo recuperar las zonas donde se utilizaron los distintos tecnosoles: se ha reducido considerablemente la acidez del suelo y el agua, eliminando las fuentes de toxinas y disminuyendo la cantidad de metales disueltos en el agua. Además, se ha recuperado la vegetación y las especies animales están volviendo al ecosistema.

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Evolución de la corta de Bama en la mina de Touro, donde se han utilizado tecnosoles desde 2005. Fuente: Felipe Macías.

 

Una solución peligrosa

Las posibilidades de los tecnosoles son increíbles, pues permiten recuperar zonas contaminadas que de otro modo tendrían poca esperanza de volver a su antiguo esplendor. Por si eso fuera poco ofrecen la perfecta salida a la gestión de residuos y secuestran el carbono de la atmósfera. Aunque no conocemos su comportamiento a largo plazo, parecen la panacea y la garantía de que ahora cualquier cosa que hagamos es remediable y por lo tanto tenemos la libertad de explotar sin reparos cualquier ecosistema.

Seamos cautos y no caigamos en la trampa fácil. Los tecnosoles deben ser utilizados para dar salida a los residuos generados y recuperar zonas que hemos contaminado y destruido; en ningún caso deben emplearse como excusa para dejar de defender la preservación del medio ambiente o poder exprimir una zona hasta que quede inutilizada para volver a intentar recuperarla después. Ese no es el camino.

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