Sputnik

¿Qué se hace en una situación así? Clara se lo pregunta mientras su mirada se pierde por las edificaciones de la ciudad que se extiende desde el lateral inferior de la pared de cristal del piso treinta y tres del edificio más alto de la urbe. Está sentada encima de una mesita de diseño y juguetea con el móvil entre las manos. A sus espaldas hay un recibidor decorado de manera moderna y minimalista, un pasillo aséptico, y una puerta detrás de la cual se desarrolla la reunión laboral de la que acaba de excusarse para atender la llamada que ha puesto en su conocimiento que alguien a quien quiere ha muerto. Primero se ha quedado sin respiración, luego se le han saltado las lágrimas y finalmente se ha neutralizado con el ambiente y se ha puesto a mirar al vacío.

Es una tarde gris en la que las nubes humedecen el asfalto. Aún así, la ciudad es bonita. Ha ido aprendiendo a quererla a lo largo de cuatro ásperos años, desde que se trasladó allí tras encontrar un trabajo serio que le ofrecía más oportunidades que las prácticas que tenía en España, renovables mensualmente. Pero no es su ciudad. Está a varios miles de kilómetros de donde querría estar en ese momento. Empieza a percibir las distancias como años luz de la gente a la que quiere y se identifica con la perra Laika en el interior del Sputnik.

Recuerda jugar al escondite entre las sábanas tendidas al sol y quedar atrapada en ellas cuando hacía mucho viento, inventarse fantasmas que siempre querían ser sus amigos sentada en el desván, correr mientras se metía varias onzas de chocolate a la taza en la boca al tiempo que le explicaban que eso en realidad no se ingería así, y hacer picnics debajo de la mesa en los días de lluvia. Todo de mutuo acuerdo con esa persona que se ha marchado de repente. Se lo pasaron bien juntas. Percibe una corriente de tristeza que es alterada por las ondas sonoras que emiten las cuerdas vocales de su jefe desde el fondo del pasillo. Nota que el efecto marginal de las vibraciones arrastra su cuerpo hasta depositarlo en otra órbita. Años luz.

“Clara, ¿qué estás haciendo? Llevas quince minutos fuera.” Clara le mira con grandes ojos de Laika. ¿Puede contestar honestamente a esa pregunta? Apenas tiene confianza con ese señor, que nunca le ha demostrado poseer ningún interés humano más allá de lo que rigen las normas de la superficialidad mercantil. Como no sabe qué hacer, decide dejarse llevar por la inercia de su órbita. Conoce las reglas del trabajo. Sabe desenvolverse bien en la mayoría de situaciones y ha llegado a resultarle más fácil que solucionar los desarreglos de su vida privada, para los que las largas horas en la oficina apenas le dejan tiempo. Años luz. Le dice “Disculpa, ha surgido una urgencia. Voy enseguida”. Su voz suena metálica dentro de la estancia estéril, y él contesta con un irritado “Date prisa”.

Clara intenta trotar hacia la sala de reuniones, pero en realidad flota. Le resulta extraño, porque la reunión estaba motivada por un asunto de gravedad significativa. Se acuerda entonces de la teoría de la relatividad y se dice a sí misma que eso lo explica todo. Cuando entra en la estancia, sus interlocutores son extraterrestres disfrazados de personas. A Clara no le sorprende en absoluto. El relationship manager espacial alza la mano y dice “Ah, ya estamos todos. Antes de continuar, brindemos por muchos más años de relaciones comerciales”. Luego esboza una larga sonrisa de lagarto.

Clara observa la copa de champán que han servido en su ausencia como si se tratara de veneno. Sabe que, por convención, después de las cuatro horas de reunión, habrá una cena, y después probablemente una copa. Nunca le ha gustado ese arreglo, y hoy menos. Ella solo quiere irse a casa, llamar a su familia, hablar con sus amigos e irse a dormir. Pero en su lugar está en esta sala, donde todos los asistentes la observan fijamente con los brazos en alto esperando a que se una a ellos. Su jefe y los lagartos de sonrisas largas. Seguramente todos ellos preferirían estar en otro sitio. Clara les devuelve la mirada y siente la tensión creciente. Recuerda que Laika muere. Pero, según la teoría que ella y esa persona tan cercana que se ha marchado de repente desarrollaron una vez, en realidad se transfigura en Yuri Gagarin y al final todo sale bien.

***

Foto de portada: New office (Nicholas Nova-Flickr)

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