Cómo se fabrica un enemigo

Describía hace no mucho, a propósito de los atentados de París, cómo el terrorismo empleaba el odio al común enemigo –Occidente– para aumentar el número de musulmanes a favor de sus métodos:

“Tanto los yihadistas como los políticos defensores de la vieja Europa necesitan esa división entre buenos y malos para aumentar su poder mediante la manipulación de las gentes a través de sentimientos y motivos irracionales como el miedo, la patria o el odio.”

En una entrevista reciente, el humanista y erudito Tzvetan Todorov, que dedicó un libro entero al torpemente denominado “choque de civilizaciones “, afirmaba: “Éste era el sueño de Bin Laden (…), favorecer una reacción violenta contra el Islam, de manera que todos los musulmanes del planeta se sintieran amenazados y en guerra”.

Por otro lado, los estados europeos se apresuraron a firmar hace nada una serie de leyes contra el terrorismo que afectaban principalmente a la regulación de los viajes en avión, así como a ciertas medidas de seguridad relativas a Internet (uno no entiende cómo podían haber evitado los atentados de París, sin embargo). El pasado martes firmó el presidente del gobierno con el jefe de la oposición otro pacto, más casero, “anti yihadista”; pacto que incluía una serie de cláusulas tan ambiguas, que deberían provocar sudores fríos en cualquier experto en filosofía del derecho. Valga como ejemplo lo que sigue:

1. Se considerará delito de terrorismo (…):
1.ª) Subvertir el orden constitucional, o suprimir o desestabilizar gravemente el funcionamiento de las instituciones políticas o de las estructuras económicas o sociales del Estado u obligar a los poderes públicos a realizar un acto o a abstenerse de hacerlo.
 2.ª) Alterar gravemente la paz pública.
 3.ª) Desestabilizar gravemente el funcionamiento de una organización internacional.
 4.ª) Provocar un estado de terror en la población o en una parte de ella.

(Me abstengo de interpretar semejantes frases en un contexto de política nacional o europea: ¿sentarse frente al congreso de los diputados y proferir una súplica sería terrorismo? ¿Piratear una página web lo sería? ¿Hacer huelga de hambre contra el estado también? Y, ¿por qué va a amedrentar la cadena perpetua a unos individuos capaces de explotarse literalmente por su Dios?)

Pues bien, se diría que tras estas férreas medidas, y tras las pasionales manifestaciones en favor de la libertad de expresión y en contra de la barbarie, los líderes del EI –o IS, si son ustedes afectos a las siglas en inglés– deberían haberse asustado mucho; o, al menos, de haber sentido como inútil su lucha contra un oponente tan unido, tan seguro de sí, tan defensor de sus valores.

Parece más bien lo contrario: poco después del ataque a Charlie Hebdo en Europa, secuestraron a dos japoneses en Siria. Pidieron a cambio de su liberación muchos millones. Como no les pagaron lo que exigían, decapitaron a uno de ellos. Esa muerte no causó demasiado revuelo (ya suena a cosa mil veces vista); de modo que publicaron un video en donde ejecutan a un piloto jordano quemándolo vivo.

Lo cual, mediáticamente, rezuma lógica: si con una cabeza cortada nadie se queja, ¿por qué no probamos con algo más bestia?

Veamos las reacciones de algunos lectores ante el citado video. El primero, de El Mundo; el segundo más valorado de la noticia:

“Occidente debe acabar con estos bárbaros, que parecen salidos de la Edad Media. Hay que ser implacables contra estas alimañas, y si tenemos que renunciar a ciertas comodidades (p.ej. controles de seguridad en los aeropuertos) renunciamos, pero en ello nos va la libertad y la seguridad. Bienvenido al Pacto contra el terrorismo yihadista alcanzado por los dos principales partidos españoles”.

No dudaría en calificar el estado mental de quien han escrito esto como de “terror” o de puro “pánico”. ¡Admirable defensa de los valores occidentales, como la presunción de inocencia (el comentador lo llama “comodidades”), aquella que los sacrifica todos si acaece la ocasión, con tal de sentirse algo más seguro dentro de su agitación casi paranoica, mientras escribe plácidamente en el teclado de su ordenador!

Luego, el comentario más valorado de una noticia relacionada en Menéame; web cuna, como se sabe, del racionalismo científico y humanista hispánico (admira cómo el mismísimo comentador aparca su serenidad para anunciar con prudente vehemencia una opinión tal vez no muy respetable de primeras):

“Voy a hacer un karma suicide:

Esta chusma no se va a reintegrar en la sociedad. Están quemando a gente viva. Despeñándolos, decapitándolos… O los matas o les haces una trepanación y los mantienes hasta que se mueran.

Es tan absolutamente demencial lo del IS que no veo muchos caminos aparte de reducirlos a cenizas con el fuego purificador nuclear, porque son eso, un cáncer que hay que extirpar. (Sacando antes a los pobres desgraciados que les tocó vivir en la frontera de Irak y Siria)”

En donde no sólo se descarta la integración (what? ¿Quién la pide?) de los terroristas en la sociedad, sino que se sugieren modos de exterminarlos lo bastante salvajes como para que aquí reventemos de justicia (y, ¿por qué no?, también de oscuro placer). Luego solicita el empleo de una ¿bomba nuclear? con la cual borrarlos de la faz de la tierra. Magnífica y limpia solución, sin duda hija de horas de reflexiones sobre el asunto, y muy representativa también de esos valores excelsos que la civilización occidental dice encarnar.

Otro, el más valorado de El Mundo en la noticia sobre el asesinato (la venganza de Jordania: como si esta ejecución fuera a frustrar a los terroristas) de una fallida terrorista suicida a la que tienen presa:

“Gandhi dijo “ojo por ojo y el mundo quedara ciego”. Pero ¿con esas bestias qué es lo que queda? No hay otro remedio que aplicar su ley y matarlos”

En fin, baste con esta muestra –bastante más significativa de lo que se cree, y muy paradigmática de la opinión dominante, casi absoluta, en Internet– para comprender que, si los terroristas o el EI quieren provocar el nacimiento de un enemigo supra-regional y anti musulmán, que dé pie a un mundo musulmán supra-regional y anti occidental, lo están logrando con un éxito admirable: han provocado en los espectadores occidentales el estado que todo terrorista desea para su rival: el del pánico y la cólera.

(Que el ciudadano medio occidental puede considerarse un renacuajo que se agita en la charca de los medios de comunicación, se evidencia en que mientras el EI mataba a cientos de personas, y hacía guerras en ciudades de Oriente Próximo, ello no preocupaba lo más mínimo: en cambio, basta con una veintena de muertos en París, y un asesinato en vídeo, para alcanzar la condición de enemigo prioritario. Pura y dura onfaloscopia).

Ello no excluye que, como observó un amigo hace muy poco, su “plan” no vaya de momento mucho más allá de esta necesidad de atención.

Pero asusta ver con qué poco –y con qué plena consciencia– la buena gente occidental es capaz de reclamar sangre y vísceras, y de abandonar su supuesta ejemplaridad ética, de la que tanto se enorgullece.

Deberíamos recordar, por la cuenta que nos trae, cuál es el grado máximo de soberbia que el hombre puede alcanzar en esta vida: el de creerse capaz de decidir quién merece vivir y quién no.

Les dejo con una advertencia de Kenji Goto, el periodista japonés asesinado. La puso en su twitter, en 2010. Si uno no cree en Dios, puede sustituir Su nombre por el indefinido “nadie”:

“El odio no es para los humanos. El juicio le corresponde a Dios. Es lo que he aprendido de mis hermanos árabes”.

Japan Islamic State-Twitter

***

Foto de portada: “Pelea de gallos”, de Jean-Léon Gérôme (Foto: Wikimedia)

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