Formas de reducir la cifra de paro sin crear empleo (en época electoral)

La Encuesta de Población Activa del pasado enero desató el entusiasmo del Gobierno y sus voceros, que han comenzado su bombardeo de supuestos buenos datos económicos de cara a un atiborrado año electoral. Sin embargo, algunos datos “positivos” enmascaran otra realidad bien distinta: la pérdida de población activa por el exilio juvenil o el efecto desánimo y la creación de un empleo cada vez más precario.

Las últimas cifras indican que en 2014 se crearon 433.900 empleos y el paro descendió en 477.900. Pese a la euforia de algunos de nuestros dirigentes, aún hay 5.457.700 desempleados y una tasa del 23,7%, más que al inicio de la legislatura. No obstante, estos números esconden realidades más complejas, resultado de la definición que la EPA utiliza a la hora de contabilizar a los parados.

Al igual que ocurre con las estadísticas del SEPE (antiguo INEM), existen muchas formas de maquillar la cifra de parados sin crear puestos de trabajo. Esta forma de contabilizar el trabajo oculta una pérdida de calidad, salarios y derechos en la vida real. En época electoral, éstas son las principales razones por las que Rajoy dice que creamos empleo y tú, con suerte, pones copas algún que otro fin de semana sin contrato, sin saber si irte del país o volver a estudiar:

El primero y más sencillo: un parado que logre trabajar al menos una hora a la semana es  inmediatamente considerado trabajador. Para la EPA, la delgada línea que lleva fuera de las listas del paro es fácil de cruzar, lo cual no equivale a que el trabajador vea satisfechas sus necesidades básicas asociadas al hecho de considerarse “empleado”. Se crean grandes masas de subempleo que pretenden mostrarse como brotes verdes.

De la misma forma, la encuesta de la EPA no diferencia entre trabajadores: una persona que trabaje una hora a la semana contabiliza igual que un trabajador con una jornada de 40 horas semanales. Es evidente que la firma de más contratos no significa necesariamente más empleo, quizá lo contrario. Todo parece indicar, que en lugar de crear trabajo, estamos repartiendo el poco empleo que se crea entre más personas y en jornadas más cortas con cada vez peores salarios. De este modo, durante el 2014 creció el número de trabajadores que llevan a cabo jornadas de entre una y nueve horas (en 3.000 personas), entre 10 y 19 horas (10.000 más), y entre 20 y 29 horas (unos 50.000 trabajadores).

¿Qué ocurriría si en lugar de hablar de trabajadores temporales y trabajadores a tiempo parcial, habláramos de parados temporales y parados a tiempo parcial? Si se atiende a la duración de los contratos se observa que están está lejos del empleo digno y estable necesario para hablar de “recuperación”. El paradigma del empleo precario lo representan los contratos de un solo día, que también han crecido durante 2014 (4.000 más). Considerar que una persona tiene empleo por haber trabajado solo un día en todo el mes deja claras algunas de las carencias de la encuesta. Sería más lógico considerar a este “trabajador” como un parado durante 29 días al mes.

La campaña de Navidad ha vuelto a ser el mejor ejemplo del modelo laboral al que estamos abocados. Un año más, ha generado grandes cantidades de empleo temporal. Los datos del paro de enero nos han devuelto a la realidad y han sepultado los pronósticos entusiastas con una subida del paro de casi 78.000 personas.

Otra forma sencilla de sacar gente de las listas del paro que no conlleva crear empleo es considerarlos población inactiva, es decir: ni tienen trabajo ni lo buscan. La EPA engloba bajo esta categoría un gran rango de situaciones, ya que mucha gente desiste de buscar empleo y deja de inscribirse en las oficinas de empleo por muy diversas razones.

Personas que regresan a los estudios, que emigran, que vuelven a sus países de origen o que simplemente dan por imposible encontrar un empleo se esfuman de las cifras de parados, engrosando una heterogénea lista que incluye jubilados, trabajadores del hogar o adolescentes ya en edad de trabajar, que no lo hacen porque estudian o por cualquier otra razón.  Al medir elementos cuantitativos, la encuesta excluye las motivaciones por las que los trabajadores abandonan las listas del paro. Muchas de esas razones no vienen a ser más que la consecuencia de un mercado laboral que ofrece trabajos mal pagados o que ni siquiera da la posibilidad de obtener un empleo, especialmente entre los jóvenes (40.200 ocupados menos entre personas de 25 a 29 años). Por ello, la población activa ha vuelto a disminuir en torno a 44.000 personas.

Además al tratarse de una encuesta cerrada no distingue otras situaciones de subempleo: a la pregunta “¿Ha trabajado usted al menos 1 hora en la última semana?”, es imposible precisar la respuesta que puede dar un becario o un trabajador sin contrato. Este tipo de empleo queda fuera de los registros del sondeo.

La rigidez de los métodos que utiliza la EPA muestra que quizá no son útiles para ofrecer un retrato del precario panorama laboral español. Conviene analizar con lupa los datos que nos ofrece y protegerse de las interesadas y entusiastas reacciones. Tristemente, la precariedad no se ha ido y amenaza con quedarse mucho tiempo.

***

Adrián Pascua y Eduardo Ocaña son miembros de la Oficina Precaria

Foto de portada: Mural del artista californiano Above, en el que un grupo de gente hace cola ante la oficina de empleo. Festival Asalto Zaragoza. Foto: Marta Nimeva Nimeviene-Flickr.

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